El Día del Medio Ambiente se tiñó de negro

Editorial de Fundación Terram sobre el Día Mundial del Medio Ambiente.


El anuncio del acuerdo sobre descarbonización realizado a fines del Gobierno de Michelle Bachelet, generó gran revuelo y alegría ciudadana en su momento, ya que llegaría  a solucionar algunas de las deudas pendientes que Chile tiene con sus problemáticas socioambientales. El Gobierno había acordado con las empresas miembros de la Asociación de Generadoras de Chile (AES Gener, Colbún, Enel y Engie) no construir nuevas plantas a carbón en el país y la creación de la Mesa de Descarbonización, instancia en la que participaron instituciones gubernamentales, empresas generadoras y algunas organizaciones de la sociedad civil, que en conjunto buscaron llegar a acuerdos voluntarios y  no vinculantes que empujaran al proceso de descarbonización de la matriz eléctrica nacional, mediante la entrega de un cronograma de cierre.

Si bien se esperaba el Cronograma de Descarbonización para el mes de marzo, éste fue presentado ayer. Para sorpresa nuestra, hecho a la medida de algunos participantes de dicha Mesa, postergando una vez más  las urgencias que atañen a las comunidades que viven en las “Zonas de Sacrificio” y que han sufrido por años los estragos del uso del hidrocarburo para producir energía. El plan de cierre de las centrales se materializará  este año, comenzando por el cierre de dos unidades (12 y 13 en Tocopilla) de la empresa Engie, siendo un caso particular, porque esto ya estaba comprometido desde el año 2018 (como consecuencia de una venta fallida por parte de la empresa). Si bien este retiro significará la disminución de 170 MW, la misma empresa inyectará 375 MW de potencia instalada al sistema, debido a la entrada en funcionamiento de una nueva y más grande central a carbón denominada  “Infraestructura Energética Mejillones” (IEM).

Este plan, retirará al 2024 unos 1.000 MW de carbón es decir,  solo ocho de las 28 termoeléctricas  saldrán del sistema, para descarbonizarlo completamente al 2040. Este plazo no dialoga con las metas que sugiere  el Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de 2018, el cual hizo un llamado global a reducir en dos tercios el consumo total de carbón y bajar a la mitad las emisiones globales al 2030. Según este nuevo estándar, no estaríamos aportando a lo que la ciencia nos está pidiendo: es la hora de hacer cambios en nuestro modelo de desarrollo.

Observamos que, lamentablemente, este cronograma no descarboniza nuestra matriz eléctrica, ni siquiera en un 50% para los plazos que pide el IPCC, ya que deja un vacío para los plazos de cierre del  resto de centrales (20) entre el 2024 y el 2040.

Sumado a  esto, durante el 2019 por la entrada de IEM de Engie, paradójicamente partiremos “descarbonizando” con una mayor CARBONIZACIÓN en la matriz; luego, se irán cerrando centrales que hoy ya no se usan o que están prácticamente apagadas; y recién el 2022 y vislumbraremos leves cambios en las Zonas de Sacrificio, ya que desde ese año se comenzará por cerrar una central en Puchuncaví, para seguir en 2023 con una en Coronel y en 2024 con dos termoeléctricas en Tocopilla y una Puchuncaví.

En este Día del Medio Ambiente recordamos que las termoeléctricas a carbón son una de las principales causantes del cáncer al pulmón, enfermedades respiratorias y problemas cardiovasculares, efectos que se cruzan con los impactos sinérgicos de otras actividades industriales en las Zonas de Sacrificio. El tema de este año según las Organización de las Naciones Unidas (ONU) para este 5 de junio es la concientización sobre la contaminación del aire, pero, viendo los esfuerzos del Gobierno por acabar con esta energía sucia, comprendemos que a ciertos sectores les falta tomar conciencia de las consecuencias que esta actividad está teniendo para la población, es por ello, que para Fundación Terram, este es un día negro, teñido por la influencia económica de las empresas que siguen impulsando el carbón.

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