Control de emisiones y olores en la industria nacional

A pesar de que en Chile aún no existe normativa de olores, desde la cartera de Medio Ambiente aseguran que la actividad de crianza y/o engorda de animales para el sector porcino será el primero en ser regulado. Fuente: El Mercurio, 28 de junio de 2019.


En el año 2017 se actualizó la Estrategia para la Gestión de Olores en Chile, la cual contiene dentro de sus pilares el fortalecimiento regulatorio de olores. En este documento se identifican doce sectores y/o actividades generadoras de olores como las principales fuentes, ya sea por un análisis de mayor número de denuncias, mayor número de instalaciones, o mayor número de instalaciones involucradas en conflictos socio ambientales, que a su vez se priorizan cinco de estos sectores que corresponden a las plantas de tratamiento de aguas servidas, plantas de harina de pescado, planteles porcinos, plantas de celulosa y sitios de disposición final de residuos.

En septiembre de 2018, el Ministerio del Medio ambiente (MMA) inició el estudio ‘Antecedentes técnicos para la elaboración de la norma de emisión de olores para la crianza intensiva de animales’, el cual finalizó en marzo 2019 y actualmente se avanza en la formulación de una norma de emisión focalizada en la actividad de crianza y/o engorda de animales para el sector porcino, publicándose en noviembre del 2018 la Resolución Exenta N° 1.081 que da inicio a la elaboración del anteproyecto.

CRIANZA DE ANIMALES Y NORMATIVA 

Actualmente, el Ministerio de Medio ambiente se encuentra desarrollando el estudio de ‘Antecedentes para la elaboración de análisis económico de la norma de emisión de olores para sector porcino’, el cual será un antecedente relevante para la elaboración del anteproyecto de norma de emisión de olores que debiese publicarse en noviembre de este año. A pesar de que aún no existe normativa de olores en el país, el sector porcino, que será el primero en Chile en ser regulado, ya se ha visto normado debido a exigencias existentes en el Plan de Descontaminación de la Región Metropolitana, lo que ha implicado implementar tecnologías para reducir la emisión de amoniaco asociadas al tratamiento de purines, las que también tienen efecto en la reducción de las emisiones de olores.

Asimismo, también ha participado de acuerdos voluntarios, como Acuerdos de Producción Limpia (APL) y la reciente participación en el Programa de Transformación Tecnológica, Energética y Ambiental para el segmento Pyme de la Industria Porcina con el objetivo de promover el uso de tecnologías energéticas y ambientales para el tratamiento de purines que permitan una producción sostenible en el largo plazo, mediante la reducción de GEI y NH3, y que también tienen efecto en la emisión de olores. Regular olor tiene una serie de complejidades que ha hecho que, comparativamente con otros países, nos encontremos un poco atrasados en cuanto a su regulación.

Países como Alemania, Holanda, Bélgica, Australia, Colombia, Brasil entre muchos otros, ya poseen desde hace bastantes años una normativa concreta asociada a olores molestos. Dentro de las maneras de regular, se ha encontrado en la experiencia internacional diversos instrumentos, como distancia mínima de emplazamiento de los establecimientos emisores, límites de concentración o emisión, máximo impacto, razón dilución/umbral, meta de concentración/emisión, siendo los instrumentos más frecuentes la distancia mínima y los límites de concentración o emisión. En Chile, se está trabajando en esta línea.

CRITERIOS 

También se ha visto en la experiencia internacional, que, al momento de regular, la norma establecida posee diferenciadores en términos de nivel de exigencia según diferentes criterios, entre los que se encuentran uso de suelo, características del olor (ofensividad, intensidad, etc.), establecimientos nuevos o existentes, tipo de actividad y tamaño de la actividad. Estos criterios diferenciadores se justifican en muchos casos debido a que el objetivo de regular olores es mejorar la calidad de vida de las personas, por lo que, desde una perspectiva general, si no hay receptores que puedan ser impactados negativamente por los olores ofensivos, no tiene sentido la aplicación de una normativa y la consecuente inversión en medidas para cumplir con dicho estándar. Mirándolo desde otra perspectiva, mientras más receptores afectados existan, la normativa debiese ser más exigente, lo que justifica per se la existencia de criterios diferenciadores.

Dentro de algunas de las complejidades con que nos encontramos para normar olores, destaca el problema de su medición y percepción, donde el olfato es un sentido que cada persona percibe de manera diferente como también, dependiendo de la meteorología y las condiciones geográficas de donde se emplaza la fuente emisora, la dispersión del olor puede ser muy diferente, pudiendo existir un receptor ubicado bastante lejano a la fuente que perciba el olor de manera mucho más intensa que otro que esté muy cercano a esta misma fuente. Esta complejidad se traduce en el dilema de regular la emisión de olor en la fuente o regular su concentración en el receptor.

Otra dificultad asociada a la medición es que la emisión de olor es difícil de cuantificar, por lo que muchas veces, por restricciones presupuestarias y de tiempo, se utilizan factores de emisión, que no necesariamente son representativos de la realidad nacional.

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