¿Cuántos árboles hay que plantar para realmente contrarrestar los efectos del cambio climático?

Aunque hay un debate en cuanto a las cifras exactas, los bosques juegan un papel crucial en la regulación del clima. En un escenario de cambio climático, científicos calcularon y especificaron las áreas que debiesen ser reforestadas para contrarrestarlo. Fuente: El Definido, 19 de julio de 2019.


Imagina cuántos suelos públicos y privados existen en el mundo víctimas de la erosión, muchos de ellos incluso abandonados, convertidos en basurales o sin ningún uso productivo. ¿Qué pasaría si una campaña a nivel global lograra forestar estas zonas como medio para contrarrestar los efectos del cambio climático?

Esta idea proviene de un reciente estudio publicado por la revista Science. La investigación plantea que la reforestación masiva de áreas en donde los árboles han sido talados, podría ser una de las «estrategias más efectivas para la mitigación del cambio climático», logrando capturar, ¡hasta un tercio del CO2 que los humanos ya hemos emitido desde la Revolución Industrial!

¿Demasiado impresionante para ser verdad? Puede ser, pues el estudio tiene detractores, sin embargo, enciende una interesante discusión sobre las posibilidades que aún tenemos como humanidad para frenar este devastador fenómeno.

El problema: las consecuencias de medio grado

El problema central lo hemos discutido mucho en otros artículos, pero vale la pena refrescarlo. En resumen, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC), el año pasado puso una alertael mundo podría tener solo doce años para limitar el calentamiento de nuestro planeta en este siglo a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales. Esto, considerando que actualmente nos encontramos cerca de 1°C por sobre este horizonte. ¿Y qué nos importa que la temperatura siga subiendo?

¡Mucho! Ya que las diferencias en las condiciones de la Tierra podrían afectarnos gravemente si esto llegase a suceder. Esta infografía del World Resources Institute (en inglés) lo deja más que claro, comparando las posibles consecuencias que tendría en el mundo que la temperatura subiera 1,5 o 2°C por sobre los niveles preindustriales, para resaltar la relevancia de medio grado para el funcionamiento del planeta:

Medio grado de calentamiento hace una gran diferencia/World Resources Institute

Solo como un ejemplo de los varios expuestos en la gráfica: con 2°C más, se proyecta que el 13% de la superficie de la Tierra podría experimentar cambios en su bioma (clima, flora y fauna), mientras que con 1,5°C más, el riesgo se reduce al 7% del área terrestre (lo que no deja de ser alarmante).

Por otro lado, con 2°C más se estima que un 37% de la población estaría expuesta a calor extremo, a lo menos, una vez cada cinco años (con todas las consecuencias que esto acarrea para nuestro organismo). Por el contrario, con 1,5°C más, lo haría el 14% de la población.

El poder de los árboles

El mismo IPCC ha postulado que, junto con la urgente transición desde el uso de combustibles fósiles hacia tecnologías de energía renovable o sostenible, la reforestación y restauración de ecosistemas, también resultan vitales. ¿Por qué? ¿Qué papel en particular juegan los bosques en el mantenimiento de condiciones equilibradas en nuestro planeta?

De acuerdo a la ONG One Tree Planted:

– Protegen a comunidades costeras de inundaciones.

– Proporcionan sombra, facilitando la agricultura en el campo y reduciendo el consumo de energía en las ciudades.

– Son anclajes de biodiversidad, pues generan condiciones de suelo capaces de amparar a un sinnúmero de especies.

– Absorben carbono, el principal gas de efecto invernadero.

Y sobre este último punto queremos ahondar. Resulta que los bosques son vitales para que se lleve a cabo el ciclo del carbono, proceso que es clave para sostener la vida en la Tierra. En resumidas cuentas, todas las plantas utilizan la luz del sol, agua, nutrientes del suelo y dióxido de carbono para generar energía y crecer. Como remanente, generan oxígeno que liberan a la atmósfera. Llegado un momento, todos los vegetales mueren; parte del carbono de esa planta queda en el suelo y otra parte se libera. Sin embargo, a la larga esto conduce a una reducción neta de carbono en la atmósfera, es decir, menos gases de efecto invernadero que contribuyan al calentamiento de nuestro planeta.

Lamentablemente, la acción del ser humano ha alterado alarmantemente este ciclo, cortando el 46% de los árboles que existían en la Tierra antes de nuestra civilización, particularmente en el área de los trópicos. Paralelamente, estamos liberando un volumen récord de COproveniente de innumerables fuentes, contribuyendo al calentamiento del planeta, a que muchos bosques se sequen y aumenten las posibilidades de incendios, y a que se modifiquen los patrones de lluvia, haciendo a estos ecosistemas vulnerables a plagas.

El área de EEUU convertida en bosque

¿Cuál es la propuesta de los científicos que publicaron en Science para aminorar este drama? ¡Reforestar! Ellos identificaron 900 millones de hectáreas en el mundo (casi la superficie de Estados Unidos) que podrían convertirse en cubierta vegetal gracias a la plantación de alrededor de 1 billón de nuevos árboles, lo que serviría para almacenar hasta 205 gigatoneladas de CO2(entendiendo que una gigatonelada corresponde a 1×109 toneladas). Esto aumentaría el área forestal del mundo en un tercio y, a la larga, lograría captar dos tercios de las 300 mil millones de toneladas de carbono que los seres humanos hemos enviado a la atmósfera desde la Revolución Industrial, es decir, el 25% del CO2 de la atmósfera.

Anualmente, los seres humanos emitimos 40 gigatoneladas de CO2, pero solo la mitad de ellas son absorbidas por los océanos o los bosques, por lo tanto, una acción como esta podría realmente significar un cambio.

A través de imágenes satelitales, estos científicos lograron detectar qué áreas del planeta son potencialmente susceptibles de ser reforestadas (plantar árboles donde alguna vez los hubo), descubriendo estas 900 millones de hectáreas que no corresponden a áreas urbanas ni de cultivo, aunque desconocen qué porción de ellas son de uso público o privado, de acuerdo a lo que señala El País. Y el número no es azaroso, pues son precisamente 1.000 millones de hectáreas las que en el Acuerdo de París fueron consideradas que debían ser reforestadas para cumplir los objetivos.

Potencial de restauración forestal en el planeta. Sciece.

Eso sí, el 50% de esta potencial restauración forestal, se concentraría en solo seis países: Rusia (151 millones de hectáreas), EE UU (103), Canadá (78,4), Australia (58), Brasil (49,7) y China (40,2). Así que habría un largo camino de negociaciones que no estarían exentas de negativas.

«Esto es, por lejos, miles de veces, la solución más barata para el cambio climático», dijo el coautor del estudio, Thomas Crowther —ecólogo del cambio climático en el Instituto Federal de Tecnología de Suiza en Zurich- a The Associated Press. Y agregó, «es ciertamente un desafío monumental, y esa es exactamente la magnitud del problema del cambio climático».

Como triste epílogo, la investigación concluye que la acción humana, hasta ahora, va en la dirección contraria: es probable que en 2050 las áreas de bosques en el mundo se contraigan en 223 millones de hectáreas, muy lejos de la ganancia a la que aspiran los científicos que publicaron en Science. La oportunidad para la acción es urgente.

Escépticos: ¿realmente serían tantos los beneficios?

Pero como en todo, principalmente en temas controvertidos como el cambio climático, hay estudios previos y modelos climáticos que no concuerdan con este estudio, y sus cifras revelan que la diferencia que haría una reforestación a tal magnitud, no sería la señalada.

Según científicos contactados por The Conversationlos autores del estudio pasaron por alto el carbono que ya está almacenado en el suelo que se pretende reforestar, pues «la cantidad de carbono que la reforestación podría bloquear, es la diferencia entre los dos», indican. Si bien dicen que es cierto que los bosques son capaces de almacenar enormes cantidades de CO2, solo lo hacen cuando han alcanzado su madurez y no en la etapa inicial de forestación, ¡y los árboles tardan en crecer!

Por otra parte, un estudio complementario publicado en la revista Science Advances, indica que efectivamente los bosques cumplen un rol fundamental en la mitigación del cambio climático, sin embargo, postula que las zonas que deberían plantarse son aquellas en donde la restauración produciría los mayores beneficios: las selvas tropicales (Brasil, Indonesia, Colombia, India y Madagascar).

Pero, al igual como sucede con la propuesta de Crowther, las áreas que pretenden reforestarse fueron alguna vez taladas para generar agricultura o pastoreo de ganado, por lo tanto, la negociación con las comunidades y el gobierno sería compleja, pues el modelo tendría que mostrar que los beneficios de la reforestación son mayores a las ganancias de estas actividades, además de recompensar a las personas que se vieran perjudicadas, de acuerdo a lo señalado en Vox.

«Para que este tipo de trabajo realmente funcione económicamente, requiere un cambio de marco en la forma en que generamos economías«, dijo Robin Chazdon, autor de este segundo estudio, ecologista forestal y profesor emérito de la Universidad de Connecticut. «El enfoque de negocios, como de costumbre, es lo que nos metió en este problema, por lo que para salir, se requerirán algunos mecanismos innovadores».

Entre los científicos no hay consenso respecto a cómo se comportarían los bosques sí superamos el límite de los 1,5°C: ¿el cambio de temperatura afectaría su proceso de fotosíntesis y captarían menos volumen de CO2 que el esperado?, ¿serían menos hospitalarios para algunas especies?, ¿habría zonas que se beneficiarían del cambio climático llevando a los bosques a captar más CO2 que antes?

Sin embargo, en lo que sí hay acuerdo es en que efectivamente los bosques son vitales en la regulación del clima de nuestro planeta, y en que existen zonas erosionadas y deforestadas, que podrían generar enormes beneficios en el ecosistema si fuesen nuevamente plantadas con flora nativa.

Si bien una propuesta tan radical como esta requiere de magnánimos esfuerzos públicos a nivel internacional, cada uno de nosotros puede convertirse en un pequeño agente de cambio dentro de su propio metro cuadrado. ¿Tienes un jardín? ¡Plántalo con flora endémica y árboles nativos! Y aunque sea solo un balcón urbano, la Tierra agradecerá ese metro cuadrado extra de fotosíntesis.

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