Varamientos de carbón: la perpetua y negligente realidad de la Bahía de Quintero

Editorial del equipo de Fundación Terram respecto a los reiterativos varamientos de carbón en la Bahía de Quintero.


En octubre de 2018, en medio de la crisis sanitaria que afectó a los habitantes de la Bahía de Quintero -cuando miles de habitantes presentaron diversos síntomas de intoxicación asociados a la exposición de sustancias peligrosas en la zona-, Fundación Terram publicó el documento “La negligente realidad de la Bahía de Quintero”, un análisis recopilatorio que reflejó la histórica contaminación que aqueja a los habitantes de esta Zona de Sacrificio: desde 1954, cuando se instaló ENAP, antecedente que abrió las puertas de la comuna de Puchuncaví para el ingreso de más de una decena de iniciativas industriales que sepultaron la vocación pesquera, agrícola y turística de este territorio.

Una de las actividades más contaminantes que se ha perpetuado en la zona, es la generación de energía en base a las termoeléctricas a carbón. Actualmente, cuatro centrales de estas características operan en el sector, todas ellas pertenecientes a la empresa AES Gener: Ventanas I (desde 1964), Ventanas II (desde 1977), Nueva Ventanas (desde 2010) y Campiche (desde 2013), las que en conjunto quemaron en 2016 más de 2,3 millones de toneladas de carbón. Así también, con la relevancia que este tipo de energía tiene en la matriz energética nacional, el tonelaje de descarga de carbón en el Puerto Ventanas se ha triplicado, aumentando con ello los varamientos de carbón desde el 2014.

Los “varamientos de carbón” se pueden identificar a simple vista, ya que un manto de negro -negro, por el carbón-, llega hasta la playa desde las profundidades del mar, cubriendo por completo el borde costero. Con el paso de los años, estos episodios se han vuelto reiterativos en la Bahía de Quintero y específicamente en la playa de Las Ventanas, en la comuna de Puchuncaví. Según datos obtenidos por Fundación Terram, en 2014 se registraron 46 eventos de varamientos, en 2015 estos eventos aumentaron a 70, cifra que en 2016 se disparó a 82; para seguir con el registro de 131 en 2017 y 146 en 2018. En lo que respecta al este año, entre enero y abril ya van 102 varamientos.

Es común que ocurran varamientos en la Bahía, ya sea con el mar calmo o con marejadas. Además, considerando que casi 200 mil toneladas de carbón son descargadas mensualmente en el Puerto Ventanas, no nos extraña que este martes se registrara un tercer día de varamientos continuos de carbón cubriendo la playa Las Ventanas. Tampoco nos extraña la inacción –histórica- del Estado frente a esta situación.

Desde Fundación Terram hemos sido especialmente críticos al observar las medidas que se han dictado para resguardar la zona. Por una parte, hemos sido enfáticos que se han tomado acciones en la “medida de lo posible”, ya que hasta el día de hoy no vemos una voluntad política real por cambiar el paradigma regulatorio que ha perpetuado la zona a constantes tipos de contaminación: atmosférica,  de suelos y de agua. En Chile contamos con normas para determinar un ordenamiento territorial, pero su aplicación es insuficiente ya que sigue considerando 650 hectáreas para la instalación de nuevas  empresas peligrosas en la Bahia; hasta el día de hoy, contamos con estándares de calidad ambiental y con normas de calidad nacionales que no igualan los establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS); no tenemos ningún tipo de regulación que permita fiscalizar la contaminación de suelos o de aguas; es decir, finalmente, la situación de abandono se sigue perpetuando a pesar de las promesas del Ejecutivo, los fallos de la Corte Suprema o las conclusiones de comisiones parlamentarias organizadas en 2011 y 2018, que han reconocido la responsabilidad del Estado frente a la “negligente realidad de la Bahía de Quintero”. Ante esto, nos seguimos preguntando ¿qué tiene que pasar para que finalmente conozcamos acciones concretas?

 

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