Estudio mundial sobre los océanos anticipa mas sequías para Chile

La emisión de gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera tiene serias y graves consecuencias en el estado de los océanos y en la criosfera. El último informe del IPCC detalla los impactos que implican el no enfrentar ahora -y con urgencia- el calentamiento global. Fuente: La Tercera, 25 de septiembre de 2019.


“Los océanos del mundo y la criosfera han estado tomando el calor del cambio climático por décadas. Las consecuencias para la naturaleza y la humanidad son severas”, afirma la estadounidense Ko Barret, vicepresidenta del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el organismo nacido de Naciones Unidos y cuya principal función es elaborar informes que aborden los distintos efectos del calentamiento global en la tierra.

El IPCC acaba de cerrar hoy, con acuerdo de los 195 países que lo componen, su “Informe Especial sobre Océanos y la Criosfera en un Clima en Cambio”, después de cuatro días de debate en Mónaco. El reporte evaluó más de siete mil artículos científicos, compuestos por 104 autores de más de 36 países. Se trata del último de una serie de tres Informes Especiales. Los anteriores fueron sobre la importancia de mantener el calentamiento en 1,5°C desde niveles preindustriales y de los efectos del cambio climático en los ecosistemas terrestres. Cada uno evidencia los profundos impactos que tiene la crisis climática.

Y ahora no fue la excepción. Los ecosistemas marítimos no se han salvado de los efectos que ha producido la emisión a destajo de gases de efecto invernadero en la atmósfera. “El mar abierto, el ártico, la antártica y las altas montañas pueden parecer lejanas para muchas personas. Pero dependemos de ellos y somos influenciados por ellos directa e indirectamente, para el tiempo, el clima, la comida, el agua, la energía, transporte, recreación, turismo, salud y bienestar, en cultura e identidad”, dijo hoy en Mónaco el surcoreano Hoesung Lee, presidente del IPCC.

El reporte establece seis grandes conclusiones y para cada una entrega una extensa serie de datos científicos que las sustentan.

La primera es que los océanos, hielos y nieve de la tierra están siendo seriamente transformados por el calentamiento global. El calor provoca el derretimiento de capas de hielo en Groenlandia y Antártida, lo que libera más de 400 millones de toneladas de agua al año. A esto se suma el hecho de que, a través del calentamiento de los océanos, las aguas pierdan oxígeno y se vuelvan más ácidas.

Esto, a su vez, repercute en la segunda gran conclusión: un aumento del nivel de mar cada vez más acelerado. Si hoy aumenta a una tasa de 3,6 milímetros al año, la proyección científica estima que la tasa crecería cuatro veces para fin de siglo, a 15 milímetros por año. Para ese año, los mares habrían crecido un total de 84 centímetros. El dato no es menor, ya que hace cinco años, el mismo IPCC calculaba que para fin de siglo sería 10 centímetros menor que la proyección actual. Pero si el mundo redujera inmediatamente las emisiones de gases de efecto invernadero, los científicos estiman que el aumento de nivel del mar se podría limitar a 43 centímetros.

El reporte también dice que fenómenos como alturas extremas del mar en ciertos lugares serán cada vez ocurrentes. Esto puede provocar que algunos países insulares se vuelvan inhabitables.

La tercera conclusión tiene que ver con los glaciares, que perderán más de un tercio de su masa producto de las emisiones de gases efecto invernadero, reduciendo el suministro de agua para las personas que dependen de ello. Glaciares en Europa, en el este de África, en la cordillera de Los Andes y en Indonesia pueden perder más del 80% de su masa para fin de siglo.

La vida marina también es una de las grandes afectadas por el cambio climático. La cuarta conclusión es que entre el 84% y el 90% de las olas de calor marinas -áreas de la superficie del mar extremadamente cálidas durante días e incluso meses- son directamente atribuibles al calentamiento global.

Esto, combinado con una excesiva sobrepesca, ha reducido el número de peces en el mar. Las criaturas marinas se están moviendo y buscando nuevas áreas, a un ritmo de 5 kilómetros al año. La masa total de animales en los océanos está en descenso y esto afecta el potencial de pesca.

El calor también provoca un descenso en el pH del agua, lo que también aumenta la acidez del océano. Para mediados de siglos, hasta el 80% de la superficie superior del océano perderá oxígeno. Incluso en un escenario optimista, donde se cumpla la meta del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5°C, casi todos los arrecifes de coral -estructuras subacuáticas que alojan una gran cantidad de especies marinas y proporcionan importantes servicios al ecosistema marítimo- estarían en riesgo de extinción.

Todos estos cambios en los océanos tienen efectos en eventos climáticos extremos, los que aumentarán en intensidad si no se reducen las emisiones globales. Ciclones, lluvias intensas, vientos fuertes, todo es esperable que aumente. Esta es la quinta conclusión.

Los ciclos conocidos como el “Niño” y la “Niña”, que marcan la variabilidad climática del océano Pacífico y afectan a Chile, por ejemplo, se volverán más extremos, incidiendo en la sequía y fenómenos de lluvias torrenciales.

La sexta y última conclusión tiene que ver con el descongelamiento del permafrost, capas del suelo que están congeladas, pero no siempre cubiertas de hielo o nieve. El deshielo es un fenómeno que libera grandes cantidades de dióxido de carbono y metano a la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global.

Hoy en día, el hielo del ártico se reduce un 13% cada década y se espera que desaparezca por competo durante algunos veranos si el calentamiento global llega a los 2°C desde niveles preindustriales.

Para el académico de la Universidad Austral Humberto González, coordinador de la Mesa de Criosfera del Comité Científico de la COP25, el informe demuestra “de forma inequívoca que el hombre sí ha causado un deterioro en el planeta y que, por lo tanto, es hora de tomar decisiones y compromisos de mitigación, adaptación y gobernanza que permitan reducir los efectos del cambio climático”.

Ministro Ribera: “Hemos apostado nuestro capital político en hacer la Blue COP”

El reporte informa de un total de 670 millones de personas que viven en zonas de altas montañas y 680 millones que viven en zonas bajas que dependen directamente de ese sistema. A su vez, cuatro millones de personas viven en el Ártico y las pequeñas islas en desarrollo son hogar para 65 millones de personas.

Según Hoesung Lee, todavía estamos a tiempo de evitar gran parte de las proyecciones, pero es urgente reducir la emisión de gases de efecto invernadero. “Si lo hacemos, las consecuencias para las personas y comunidades aún serán demandantes, pero serán más manejables”, afirma.

Para el ministro de Ciencia, Andrés Couve, quien estuvo la semana pasada en Mónaco para la inauguración de la asamblea plenaria que discutió el informe, el documento “entrega evidencia contundente sobre el impacto del cambio climático en los ecosistemas marinos y en los hielos, aportando los datos concretos sobre el incremento de la temperatura de los océanos y los procesos de acidificación, el aumento preocupante del nivel del mar, los problemas de oxigenación, la pérdida de corales y el derretimiento de hielos a nivel global”.

Este martes en Nueva York, en medio de la Asamblea General de Naciones Unidas, Chile lideró un evento sobre el rol de océanos y cambio climático, a propósito del anuncio de la “Blue COP”, la estrategia del gobierno para introducir el tema océanos en la reunión de negociación por el cambio climático que se desarrollará en Santiago en diciembre.

En Chile el 25% de la población vive en comunas aledañas a la costa, por lo que son sensibles a las variaciones en los océanos. En la reunión en Nueva York, el ministro de Relaciones Exteriores, Teodoro Ribera, aseguró que “el presidente Piñera quiere que la COP se preocupe principalmente de los océanos. Queremos generar conciencia ciudadana, poner en conocimiento los riesgos y desafíos que nos depara a todos el no cuidado del mar”.

“Hemos invertido nuestro capital político en hacer realidad la relevancia de los océanos y la Blue COP”, agregó el canciller.

En el mismo evento, Peter Thomson, enviado especial para Océanos de Naciones Unidas, dijo que “Chile ya se anotó una gran victoria al nombrar esta Blue COP”.

Las Conferencias de las Partes están reguladas por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que las divide en distintos “cuerpos” de negociación y los océanos no es uno de ellos. Eso significa que, formalmente, el tema no será parte de las negociaciones. Lo que hará el gobierno -en su rol de presidencia de la COP25- es generar eventos especiales sobre océanos y darles visibilidad a través de un pabellón especial dentro del recinto.

El lunes, en la Cumbre de Acción Climática convocada por el secretario general de Naciones Unidas, la coalición de países de islas del Pacífico (Fiji, Islas Marshall, Samoa, Vanuatu y Tuvalu) anunciaron acciones conjuntas para juntar financiamiento y lograr que todo el transporte marítimo sea limpio, es decir, sin emisiones de gases de efecto invernadero. Esto es clave para dichos Estados, dependiente de los viajes marítimos para medicinas y conexión con el resto del mundo.

Estos países apenas emiten el 0,03% de las emisiones globales (Chile, por ejemplo, es responsable del 0,26%) y son las naciones más afectadas por el cambio climático, precisamente por su vulnerabilidad oceánica. Peter Nuttall, científico del Centro para la Sustentabilidad en Transporte de la Universidad del Pacífico Sur, dijo a The Guardian que “el Pacífico no puede esperar al resto del mundo. Tenemos que diseñar una solución para el Pacífico que, si funciona, no nos deje caer”.

Los comentarios están cerrados.