Flavia Liberona: «La desertificación del país es más grave que los gases de efecto invernadero»

Analista medioambiental, que por estos días participa en la COP25 en Madrid, advierte sobre el grave problema de la erosión. También plantea que el sector silvoagropecuario podría reducir sus emisiones mejorando la gestión. Fuente: El Mercurio-Revista del Campo, 9 de diciembre de 2019.


Flavia Liberona está por estos días en Madrid, participando en las reuniones de la COP 25. La directora ejecutiva de la Fundación Terram ha sido una de las analistas y activistas medioambientales de mayor figuración en los últimos años, en los temas más candentes como en su momento fue Hidroaysén, las muy vigentes zonas de sacrificio, la a su juicio deficiente institucionalidad ambiental, el poco presupuesto destinado a estos temas en todos los gobiernos o la firma del tratado de Escazú. Pero no solo dando su mirada sobre ellos, sino haciendo propuestas.

A la COP viajó con la esperanza de conocer allá nuevos compromisos de políticas públicas, ya que como ha señalado, las acciones individuales no son suficientes dado el momento crucial en que se encuentra el planeta. Esto por la necesidad de concretar planes realistas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y equilibrarlas con la captura de carbono.

Liberona es miembro del Consejo Asesor Presidencial para la COP25, y la fundación que dirige tiene una extensa agenda y eventos en desarrollo en la reunión de Madrid, con temas como industrias extractivas, territorios y zonas de sacrificio; estrategias basadas en la naturaleza; conservación efectiva y cambio climático y la Patagonia como refugio de cambio climático y laboratorio natural para la ciencia.

Antes de viajar a participar en la Convención dejó algunas reflexiones respecto de la realidad del sector silvoagropecuario como emisor de gases de efecto invernadero, y especialmente sobre la posibilidad que tiene de mejorar algunas políticas y costumbres para disminuirlos.

—¿Concuerda con que hay una cierta mirada tranquilizadora en el sector silvoagropecuario por su aporte en la captura de carbono?

—Chile entregó su informe bienal de actualización sobre cambio climático en 2018, que fue elaborado con información hasta 2016. En el balance —emisiones y absorciones— de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se señala a la agricultura como el segundo sector que contribuye con GEI. Las cifras para el sector indican que ha disminuido sus emisiones en 10,6% en el período 1990-2016. Por otra parte, en este balance, el sector que aparece como el capturador neto de emisiones está asociado a uso de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura —sector UTCUTS—, el cual es el responsable de la absorción de emisiones de gases de efecto invernadero, con un incremento en 30,8% entre 1990 y 2016.

Pero las cifras oficiales tienen varios problemas. En el sector UTCUTS no dan cuenta de las emisiones producidas por el incremento de incendios forestales en los últimos años, particularmente los ocurridos en 2017, además por ser un balance —emisiones menos la absorción— el sector aparece como capturador mientras las cifras indican que en el país aumenta significativamente la erosión y la desertificación. La superficie afectada por desertificación en Chile asciende a 47 millones de hectáreas —cerca del 62% del territorio nacional— y el 49% del territorio nacional experimenta algún grado de erosión, es decir, unos 37 millones de hectáreas. Este es un problema muy grave, más allá de las emisiones o captura de GEI.

En todo caso, las absorciones de emisiones GEI están dadas por el sector forestal, pero no solo plantaciones forestales, también contribuyen de forma importante las áreas protegidas y los renovales.

—¿Qué debiera hacer el sector agropecuario para mejorar, ya que es un emisor de GEI?

—En la agricultura, las mayores emisiones se asocian a fermentación entérica, uso de químicos en los suelos y gestión del estiércol. Las emisiones de estos subsectores son fundamentalmente metano y óxido nitroso.

En definitiva, el sector silvoagropecuario podría reducir sus emisiones mejorando sistemas de gestión en la agricultura y aumentando la captura de dióxido de carbono, por la vía de restaurar, reforestar y forestar con especies nativas superficies que actualmente presentan procesos de desertificación y/o erosión. En este sentido, es particularmente importante la protección y conservación de los ecosistemas mediterráneos que presentan una importante barrera para el avance de la desertificación.

—¿Qué debió haber presentado el país como avances o compromisos en lo silvoagropecuario en la COP 25?

—El sector silvoagropecuario puede cumplir una doble función; por una parte, puede contribuir a la reducción de emisiones GEI, pero, por otra, juega un rol muy importante en los procesos de adaptación, o lo que se denomina soluciones basadas en naturaleza, que combinan medidas de mitigación y adaptación. Este sector, particularmente en lo que tiene relación con el ciclo hidrológico, esto es en el mantenimiento del mismo, contribuyendo a realizar una mejor gestión del agua y generar acciones que permitan recuperar la cubierta vegetal. En este sentido, es muy importante que Chile asuma un compromiso específico e incondicional de protección y/o recuperación de la vegetación nativa en las cabeceras y márgenes de cuencas, como también de prohibir la sustitución de cubierta vegetal nativa para usos agrícolas en zonas de pendiente, particularmente en la zona central. La meta propuesta en mitigación para el sector UTCUTS consideramos que debe estar focalizada en zonas y ecosistemas vegetacionales específicos, teniendo la mayor importancia la conservación y recuperación del bosque esclerófilo y las formaciones xerofíticas.

—¿El sector forestal sería el único que supera la prueba de la blancura?

—Se debería establecer un compromiso mayor de reducir las emisiones del sector forestal por degradación y deforestación del bosque nativo. En reducción de emisiones deben ser incorporadas de forma explícita las áreas protegidas, pues tienen un rol importante en la captura de emisiones.

—¿Qué opciones tiene el productor individual para contribuir al secuestro de carbono?

—Eso va depender de qué produzca, del tamaño del predio y/o su producción, y de la zona en que este se encuentre. Es muy distinto lo que puede hacer un productor a gran escala que un campesino; por tanto, no hay una receta aplicable a todo el sector. Lo que sí se puede hacer es establecer algunos criterios para elaborar normativas y compromisos básicos para la reducción de emisiones, pero también para disminuir la contribución a la erosión y desertificación. Un tema muy relevante a nivel de predio tiene que ver con la prevención de incendios forestales, donde se debería avanzar en normativa actualizada que establezca distancias mínimas a centros poblados e instalaciones estratégicas como estanques de agua, rellenos sanitarios o vertederos, tendidos eléctricos, etc.

—¿Faltaría un compromiso mayor de las organizaciones de agricultores o de programas nacionales que busquen mejorar prácticas, plantar y cuidar más, o dejar sectores sin producir?

—Evidentemente que sí. Las plantaciones forestales de especies exóticas, por una parte, contribuyen a la captura de emisiones, pero una vez que se talan esta captura se pierde, por lo cual es importante generar planes nacionales, regionales o provinciales que permitan mantener un equilibrio en la captura. Esto implica planificar el territorio. También se deben reducir las emisiones del sector forestal regulando la extensión de las superficies que pueden ser cortadas mediante tala rasa y la superficie de suelo que puede quedar al descubierto.

Además, deberíamos tender a disminuir la superficie forestal de especies exóticas en algunas regiones e incrementar la superficie de bosques nativos; esto se puede hacer con un plan de mediano plazo que por una parte fomente las plantaciones nativas y, por otra, implemente sistemas de transición como pueden ser las plantaciones mixtas (exótico-nativo). También es importante adoptar medidas para la recuperación de ecosistemas nativos, los cuales en la mayoría de los casos no necesitan de gran inversión y solo implementar medidas que eliminen la actividad antrópica que está generando la pérdida de la cubierta vegetal. Esto es particularmente importante en la zona central donde las plantaciones de frutales —paltos y otros— están sustituyendo la cubierta forestal nativa por plantaciones en pendiente que contribuyen a la erosión.

También las turberas

Otro tema relevante en la reducción de emisiones tiene que ver con las turberas, ya que la extracción de sphagnum y turba genera emisiones y altera el ciclo hidrológico. Esto no ha sido cuantificado y la propuesta de NDC —contribuciones determinadas a nivel nacional, por su sigla en inglés, para reducir emisiones en el Acuerdo de París—, actualmente en consulta pública, no lo aborda, ni siquiera se compromete a cuantificarlo.

Es muy importante que Chile asuma un compromiso específico e incondicional de protección y/o recuperación de la vegetación nativa en las cabeceras y márgenes de cuencas’.

47 millones de hectáreas están afectadas por la desertificación. Cerca del 62% del territorio nacional.

10,6% ha disminuido sus emisiones GEI la agricultura entre 1990 y 2016, según el último informe bienal de actualización.

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