Doce de los principales ríos del país exhiben caudales por debajo de sus mínimos históricos

Foto: CHV.

Estudio abarca cursos más importantes para el consumo humano y la agricultura. Entre los afectados están el Alicahue (Petorca), Sobrante (La Ligua) y Choapa (Coquimbo). Fuente: El Mercurio, 13 de febrero de 2020.


El boletín hidrológico mensual que elabora la Dirección General de Aguas (DGA) del Ministerio de Obras Públicas da cuenta de que 12 de los ríos más importantes para el abastecimiento de agua potable para el consumo humano y la agricultura a lo largo de Chile presentan —en enero— caudales que están bajo sus niveles históricos para este mes.

Aunque algunos volúmenes mejoraron en relación con diciembre pasado, debido a los deshielos cordilleranos, la tendencia se agravó, pues entonces eran solo ocho los cursos fluviales que presentaban niveles inferiores a los mínimos que la DGA ha registrado para igual mes desde el año 1981, cuando parten las mediciones sistemáticas.

Aunque Chile cuenta con 101 cuencas hidrográficas, el informe reporta las 19 más importantes del territorio.

Los déficits se extienden entre las regiones de Atacama y Ñuble y van desde el 97% para el río Sobrante, afluente del La Ligua (Región de Valparaíso), hasta el 53% en el río Claro (Maule), región de igual nombre. La mayoría de los cursos fluviales, en todo caso, presentan volúmenes cercanos a sus mínimos.

Entre los afectados están el Mapocho (Metropolitana), el Aconcagua (Valparaíso), el Cachapoal (O’Higgins) y el Maule.

El jefe de la división de Hidrología de la DGA, Luis Moreno, aclaró que para esta temporada no está en riesgo la disponibilidad de agua potable en las zonas urbanas. ‘Los registros no son buenos, pero todo dependerá de lo que ocurra entre abril y agosto. Si llueve en esos meses y la acumulación de nieve es suficiente en cada cuenca, podremos respirar aliviados’, dijo.

La presidenta de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Sanitarios (Andess), Jessica López, señaló que el sector prevé inversiones por US$ 10.160 millones en los próximos 20 años para enfrentar el cambio climático y la falta de agua. La mitad se destinará a asegurar el suministro para el consumo humano dotando a los sistemas de mayor resiliencia para enfrentar la severa sequía que ya se extiende por 10 años.

Entre las obras a construir, explicó Jessica López, están las ’19 nuevas plantas de agua potable y ampliación de otras 161 plantas de agua potable existentes, nueve plantas desalinizadoras de mar y ampliación de otras cuatro, además de 505 nuevos pozos’ de captación.

Desde Aguas Andinas, que distribuye el agua potable en Santiago, comentaron que ‘esperamos que no sea necesario llegar al punto de aplicar restricciones al suministro, y por eso estamos trabajando con decisión para evitarlo’. También se destacó la habilitación y profundización de pozos que compensen la menor disponibilidad de fuentes superficiales y que tradicionalmente aportaban el 80% de la extracción destinada a abastecer las ciudades.

José Murillo, gerente de Esval, abastecedora del Gran Valparaíso, comentó que ‘estas cifras no hacen más que reflejar lo crítico de la situación actual (…). Sin las obras que hemos realizado y que han significado inversiones por más de $50 mil millones ya tendríamos racionamiento’. Desde Essbío (que cubre las regiones de O’Higgins, Ñuble y Biobío) y Nuevo Sur (Maule) indicaron que el crecimiento del 20% anual en sus tasas de inversiones les ha permitido operar hasta hoy con normalidad.

En tanto, la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) no tiene estimaciones globales sobre bajas productivas o económicas en el sector. Juan Pablo Matte, secretario general de la entidad, comentó que el derretimiento de algunos glaciares debido al calor alivió la situación en algunas cuencas, pero que en otras ‘hay situaciones dramáticas que no han permitido el cultivo de algunas especies, o bien, los agricultores están regando solo para mantener vivos sus huertos frutícolas’.

Una encuesta a inicios de temporada de Fedefruta entre 375 productores de Coquimbo a Maule arrojó que el 60% dejaría de regar el 20% de su superficie cultivada.

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