A favor de la corriente

Enfrentando los efectos de la pandemia, la industria salmonera busca avanzar hacia un modelo de economía circular y mejorar su respuesta ante el cambio climático. Desde Fundación Terram, destacan la importancia de endurecer las regulaciones de la industria. Fuente: Induambiente, 24 de junio de 2020.


Las botas no se botan. Ese juego de palabras cobra sentido en cada vez más empresas recicladoras, que están aprovechando el calzado dado de baja por los trabajadores salmoneros para fabricar, por ejemplo, productos de polietileno y paneles de revestimiento para la construcción.

Es una muestra del interés de esta industria por integrarse a un modelo de economía circular. Más aún considerando que solo cerca de un 25% de sus residuos sólidos se reciclan, según un reporte publicado en 2018 por la Subsecretaría de Pesca.

Estos últimos meses, eso sí, la actividad del sector se ha contraído por efecto de la pandemia por Covid-19. No obstante, las empresas agrupadas en SalmonChile han impulsado una serie de medidas para prevenir el contagio de sus miles de colaboradores y también una campaña, «Comprometidos con el Sur», para apoyar a las comunidades y autoridades de las regiones de la Araucanía, Los Lagos y Aysén en el fortalecimiento de los servicios de salud comunales, principalmente.

ACUERDO EN LA MIRA

En 2019, el gremio comenzó a gestar las bases de un Acuerdo de Sustentabilidad y Economía Circular para reducir las brechas ambientales de la industria, y aumentar la productividad y competitividad de sus empresas.

Esteban Ramírez, Gerente General del Instituto Tecnológico del Salmon (Intesal), de propiedad de SalmonChile, plantea que la iniciativa busca «identificar y abordar las oportunidades existentes en materia de sustentabilidad climática y economía circular, mediante la definición de metas y medidas individuales y sectoriales, de manera tal de reducir los impactos socio-ambientales de la actividad, fomentar el encadenamiento productivo regional e incrementar la competitividad de las empresas participantes».

La primera etapa del acuerdo ha implicado la elaboración de un diagnóstico sectorial, identificándose las deudas de la industria en esos temas. «Existen distintas brechas asociadas, como no tener determinada la huella de carbono del sector y tampoco la caracterización y medición de los residuos que genera, lo que es fundamental para estandarizar y mejorar su gestión», asegura el ejecutivo.

Añade que con los datos obtenidos se podrán evaluar oportunidades generales, como avanzar hacia una matriz de abastecimiento de energía más limpia, y en la valorización de residuos incorporando conceptos de economía circular. Para eso se plantea el desafío regional de articular una industria local que lo haga posible, entre otros objetivos.

La planificación original tenía previsto concretar en abril pasado la suscripción del acuerdo entre todos los actores públicos y privados. Sin embargo, el arribo de la pandemia cambió los planes y la etapa de validación de objetivos y metas, así como la firma, se postergaron hasta que la realidad país lo permita.

Sin perjuicio de lo anterior, Ramírez sintetiza los lineamentos base que tendrá el convenio:

• Aportar sectorialmente al cumplimiento de las metas país sobre cambio climático.
• Mejorar la eficiencia en el uso del agua.
• Mejorar la comunicación sobre la sustentabilidad del producto, partiendo por la huella de carbono.
• Aumentar la tasa de valorización de los residuos sólidos inorgánicos, propiciando el desarrollo de gestores locales.
• Avanzar en el manejo y trazabilidad de los residuos para evitar la contaminación del borde costero.
• Aportar a la sustentabilidad de los territorios donde opera la industria tanto en eficiencia energética como hídrica, y también en gestión de residuos.

Una vez firmado el acuerdo, las empresas participantes tendrán dos años para cumplir las metas acordadas.

¿PRODUCCIÓN RESPONSABLE?

Si bien Chile es el segundo productor mundial de salmón, el rubro ha debido acostumbrarse a los cuestionamientos constantes de organizaciones de la sociedad civil por su desempeño sanitario y ambiental.

De hecho, en su última columna sobre la salmonicultura nacional, Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, señaló que los impactos de esta industria «son evidentes en materia ambiental y sanitaria, pero lo más preocupante es que la autoridad competente, ya sea Ministerio de Medio Ambiente o Ministerio de Economía a través del Servicio Nacional de Pesca, ha permitido que se desarrolle sin establecer regulaciones y capacidades de fiscalización adecuadas a las que una industria de esta envergadura requiere, dejando así que siga creciendo en producción sin importar los impactos ambientales que genera en el entorno».

Frente a ese tipo de crítica permanente, Esteban Ramírez sostiene que SalmonChile «ha sido muy transparente en reconocer errores del pasado, muchos derivados de la falta de conocimiento como ha ocurrido en prácticamente todas las industrias al momento de iniciar su vida productiva. En casos puntuales, la asociación ha hecho ver su pensamiento cuando lo sucedido en algunas empresas se aleja de los valores que la sustentan. Hemos cometido errores, pero nuestro rol es promover comportamientos y no podemos obligar a ningún socio a cumplirlos. Si siguen ocurriendo eventos indeseados es porque todavía nos falta llegar con nuestro mensaje a cada persona que trabaja asociada a este sector, y para eso debemos seguir trabajando».

LOGROS AMBIENTALES

El representante del gremio comenta que el rubro exhibe progresos significativos en materias ambientales y de sustentabilidad, los cuales viene comunicando hace años. «Tenemos un reporte de sustentabilidad con casi 5 años de historia y muchas empresas actualmente entregan sus propios informes con gran detalle», asegura en ese sentido.

Entre los logros más recientes, destaca el aumento de las certificaciones en producción responsable: «Hoy, más del 80 % de la producción de salmón tiene alguna certificación reconocida internacionalmente y esto sigue creciendo, junto con continuar avanzando hacia el cumplimiento de requisitos más exigentes. Son estándares que ciertamente movilizan cambios, lo que se demuestra con la reducción permanente en el empleo de insumos químicos veterinarios, particularmente de antibióticos. También se ha optimizado la dieta alimenticia de los peces, cuya composición tiene ahora menos del 20% de harina o aceite de pescado y sigue bajando. Así estamos dando pasos para que la salmonicultura sea una industria más sustentable y generadora neta de proteína sana y segura para las personas».

Sobre la matriz energética, resalta la utilización de gas en vez de combustibles líquidos en un gran número de lanchas de la industria, además de la penetración al alza de energías renovables en las plantas de proceso.

En materia de gestión de residuos, el experto valora que prácticamente el 100% de los desechos orgánicos del salmón se ocupen en la fabricación de harinas, aceites y derivados para otras industrias. «El desafío ahora es la valorización de residuos inorgánicos como plásticos, plumavit, cabos y otros», afirma.

A su juicio, positivos indicadores como peso en cosecha y reducción de mortalidad revelan que el impacto ambiental de la industria salmonera «se mantiene controlado, estando hoy en día mejor preparada para enfrentar las contingencias y así preservar este tremendo regalo que es poder producir salmón en el sur del mundo».

Avanzan los días, con el Covid-19 aún acechando a la población, y las empresas del rubro «siguen concentradas en mantener una operación segura en lo ambiental, sanitario y productivo, priorizando la salud de los colaboradores y comunidades donde operan. El no hacerlo tendría consecuencias desastrosas para la vida de todos nosotros en el sur», concluye Esteban Ramírez.

-Salmonicultura en Áreas de Conservación

«¿Conservando o cultivando? Régimen jurídico del desarrollo de salmonicultura en áreas protegidas» es el título del análisis publicado por Fundación Terram que estudia la aplicación de normativas nacionales que regulan el desarrollo de la actividad acuícola y, especialmente la salmonera, al interior de los sitios destinados a la conservación.

El documento analiza desde una perspectiva técnica y jurídica cómo se han aplicado estas regulaciones. Parte por especificar la definición general que rige el emplazamiento de concesiones acuícolas en este tipo de áreas, para proseguir detallando la aplicación de normativas en las diferentes categorías de conservación: Parques Nacionales, Reservas Nacionales y Forestales, y Áreas Marinas Protegidas.

Detalla, asimismo, las interpretaciones realizadas por la Contraloría General de la República para aclarar cómo debe funcionar la industria en concordancia con la conservación; y estudia cómo se ha aplicado la legislación vigente en las áreas donde sí se permite el cultivo de peces y en cuáles aspectos está al debe. Para ejemplificar, expone los casos del Parque Nacional Alberto D’Agostini, donde, a enero de 2020, habían 19 concesiones salmoneras otorgadas; y el de la Reserva Nacional Kawésqar, que presentaba 57 otorgadas, 2 con proyecto técnico aprobado y 130 en trámite.

El texto concluye dando una serie de recomendaciones a los distintos órganos públicos con competencia en la materia «para que logren armonizar los objetivos de conservación y las actividades productivas que se desarrollan en el territorio nacional, de acuerdo al principio precautorio y el enfoque ecosistémico que define la regulación».

Revisa el documento ACÁ.

-DATOS

2012 Año en que la ONU validó internacionalmente los Acuerdos de Sustentabilidad y Economía Circular como la primera acción de mitigación nacionalmente apropiada.

3.745 Hectáreas requiere la industria salmonera para cultivar 800 mil toneladas de producto, lo que incide en su baja huella de carbono. En cambio, el sector ganadero necesita más de 400.000 hectáreas para lograr igual producción.

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