La ruta para descarbonizar

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO.

A pesar de los avances concretados, hay expertos que apuntan con el dedo al Plan de Descarbonización. Gary González, economista de Fundación Terram, comenta al respecto: "Hemos sido muy críticos con este plan, no tan solo por lo que su nombre indica. Es decir; al ser voluntario por parte de las empresas para apagar sus centrales, sino que justamente porque no menciona un cierre real ni desmantelamiento de éstas". Fuente: Induambiente, 24 de junio de 2020


Revisamos los avances y planes de los operadores termoeléctricos para cumplir con el cierre programado de sus centrales a carbón y sumar energía renovable.

Chile camina hacia la meta de ser carbono neutral al año 2050. Y en ese tránsito debe impulsar cambios estructurales respecto de la generación de energía, ya que es el sector con mayor responsabilidad en la descarga de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera.

Por lo tanto, corresponde que esta industria se desarrolle «no solo velando por la seguridad del suministro, sino también por la seguridad climática», comenta Gary González, economista de Fundación Terram.

En junio de 2019, el Ministerio de Energía anunció el Plan de Des-carbonización del Sistema Eléctrico Nacional, consistente en el cierre voluntario, programado y gradual de las 28 centrales a carbón hasta ese momento existentes en Chile. A esta iniciativa, enmarcada en la Política Energética 2050, adhirieron las cuatro empresas que operan este tipo de instalaciones: AES Gener, Engie, Colbún y Enel.

Como resultado de un trabajo conjunto entre las generadoras y el gobierno, se estableció el año 2040 como plazo final para el cese de operaciones y desconexión de todas esas unidades.

También se definió una primera fase de cierre al año 2024, para las ocho termoeléctricas más antiguas del país, que se ubican en Iquique, Tocopilla, Puchuncaví y Coronel. Entre todas suman 1.731 MW de potencia, correspondientes al 35% de la capacidad instalada total de generación a carbón en el país.

AVANCES EN EL NORTE

Engie Energía Chile fue la primera empresa en cesar operaciones de centrales a carbón en el marco del acuerdo, al cerrar en junio de 2019 las unidades Tocopilla U12 (85 MW) y Tocopilla U13 (86 MW), emplazadas en dicha comuna del norte del país.

Seis meses más tarde, fue una de las dos compañías que durante la COP25 anunció que anticiparía la salida de más termoeléctricas, comprometiendo la desconexión de las plantas Tocopilla U14 (136 MW) y Tocopilla U15 (132 MW). «Esto ya fue visado por la Comisión Nacional de Energía y se ejecutará a fines de 2021», precisa la compañía.

Adicionalmente, la firma de capitales franceses comunicó el cierre de CTM1 (162 MW) y CTM2 (172 MW), ambas ubicadas en Mejillones, para 2024. Todo lo anterior, sumará en total la salida de casi 800 MW de sus unidades generadoras a carbón.

«El cierre de las plantas en Chile equivale a una reducción global de 3 millones de toneladas de CO2 o bien sacar de circulación el 20% de parque automotor», destacan desde la empresa.

Asimismo, comentan que se encuentran analizando alternativas de cierre o reconversión de otras de sus unidades a carbón que aún operan en Mejillones.

RECAMBIO LIMPIO

Junto con el cierre de centrales, a fines de 2019, Engie también anunció un plan de desarrollo renovable en Chile, que considera la construcción de alrededor de 1.000 MW de proyectos eólicos y solares en los próximos años, con una inversión cercana a los 1.000 millones de dólares.

«En la actualidad, ya están en construcción los dos primeros proyectos, la planta solar Capricornio y parque eólico Calama, mientras que un tercero, la central fotovoltaica Tamaya, comenzará a implementarse en el segundo semestre de 2020, totalizan-do así los primeros 370 MW del plan», explican.

Asimismo, Engie suscribió una carta de intención con el Inter-American Development Bank Group, para gestionar un préstamo de largo plazo por hasta 125 millones de dólares: «Su objetivo es financiar las inversiones en plantas de generación a base de energías renovables, todo en línea con el propósito de la compañía de avanzar de manera decidida hacia la salida del carbón».

EN ZONA VULNERABLE

Otro actor relevante es AES Gener, que opera un complejo termoeléctrico en la localidad de Ventanas, dentro del parque industrial Quintero-Puchuncaví. En pleno territorio que ha sido calificado como «zona de sacrificio», la firma mantiene una central conformada por cuatro unidades que suman 867 MW: Ventanas 1, 2, 3 y 4.

En virtud del acuerdo, la firma «se comprometió a la puesta en Estado de Reserva Estratégica (ERE) de las unidades 1 y 2 para los años 2022 y 2024, respectivamente. Estamos trabajando junto a las autoridades para poder acelerar esos plazos en dos años», sostiene Juan Carlos Monckeberg, Director de Medio Ambiente de AES Gener.

Además de las plantas de generación en Ventanas, la compañía de capitales estadounidenses cuenta con el complejo Guacolda, en Huasco, conformado por cinco unidades (764 MW); Cochrane, en Mejillones, con dos plantas (550 MW); Angamos, en Mejillones, con dos unidades (558 MW); y Nueva Tocopilla, en Tocopilla, con dos plantas (276 MW).

Según Monckeberg, desde el inicio se ha trabajado de forma conjunta con las autoridades, con el fin de desarrollar un plan de descarbonización responsable y seguro para el sistema eléctrico: «Actualmente, estamos a la espera de la normativa técnica sectorial que viabiliza esta iniciativa, la cual gestiona el Ministerio de Energía».

Y agrega: «También son importantes otras instancias reglamentarias que viabilizan nuevas tecnologías en el sistema eléctrico chileno, porque son claves para la descarbonización, como los sistemas de almacenamiento de energía, dado que permiten aumentar la presencia de energías renovables más allá de las horas donde el recurso esté disponible».

Paralelamente, añade Monckeberg, AES Gener avanza en la construcción de nuevas centrales 100% renovables, «de manera de ir reemplazando nuestro parque térmico existente, mantener la seguridad de suministro del sistema y aportar con la diversificación de nuestra matriz».

CORONEL EN RETIRADA

Otra zona golpeada por los efectos de la actividad industrial sobre el entorno y calidad de vida de la población ha sido Coronel, ubicada en el litoral de la región del Biobío. En esa comuna operan dos instalaciones termoeléctricas a carbón, pertenecientes a Enel Generación Chile y a Colbún.

Michele Siciliano, Gerente General de Enel, resalta que la única central a carbón que hoy la empresa opera en todo el territorio nacional es Bocamina, ya que a fines de 2019 cerró la planta Tarapacá (158 MW), ubicada al sur de Iquique.

Bocamina tiene dos unidades: Bocamina 1, con una potencia instalada de 128 MW, y Bocamina II, de 350 MW. «La primera tiene fecha de cierre al 31 de diciembre de este año y la segunda, al 31 de mayo de 2022. Estamos esperando la autorización de la CNE (Comisión Nacional de Energía) para concretarlo en esas fechas», sostiene Michele Siciliano, gerente general de Enel.

El profesional señala que «el cierre de las operaciones tal como ya se ha demostrado en el cese de Tarapacá, involucra el mantenimiento de altos estándares de seguridad y aplicación de nuestros compromisos ambientales, conservando un alto desempeño operativo de servicio eléctrico al Sistema Interconectado Central». Sobre este punto, el ejecutivo subraya que «luego del cese de las operaciones, existen compromisos ambientales que llevaremos a cabo con la debida coordinación con las autoridades». No obstante, ¿qué pasará después con las instalaciones de la central Bocamina?

Según Siciliano, la respuesta se encuentra en el proyecto «FUTUR-E». Al respecto, comenta que «la compañía quiere realizar una transición energética justa. Esto significa no solo cumplir con todas las obligaciones vigentes, señaladas por ley o en las resoluciones de calificación ambiental sino también identificar la mejor solución para el destino final del sitio, en un esquema de economía circular aún por evaluar con los actores locales y analizando diferentes opciones».

También en Coronel, aún mantiene operaciones la central Santa María, propiedad de Colbún. Se trata de la única unidad de generación a carbón de esta firma.

Consultados sobre pormenores en torno a su proceso de cierre, desde la firma señalaron que «según lo que comunicamos oportunamente cuando suscribimos el plan (de descarbonización), consideramos como meta el cierre para el año 2040». Y añadieron: «Porque somos los que menos carbón tenemos y también operamos una de las centrales más nuevas».

2030 Y NO 2040

A pesar de los avances concretados, hay expertos que apuntan con el dedo al Plan de Descarbonización. Gary González, economista de Fundación Terram, comenta al respecto: «Hemos sido muy críticos con este plan, no tan solo por lo que su nombre indica. Es decir; al ser voluntario por parte de las empresas para apagar sus centrales, sino que justamente porque no menciona un cierre real ni desmantelamiento de éstas. De hecho, los plazos se revisarán cada cinco años y, si a eso sumamos el Estado de Reserva Estratégica, perfectamente podemos tener centrales a carbón aún funcionando más allá de 2040».

Si bien reconoce como un avance el cierre de algunas unidades durante el primer año del acuerdo, «esto no es más que el reflejo de la razón que teníamos al mencionar que el plan podía ser mucho más ambicioso desde el principio y, de esa forma, presentar un cronograma de cierre total de las centrales a 2030».

Asimismo, advierte González, el plan no se condice con las recomendaciones del Informe de Climate Analytics, publicado en septiembre de 2019, que señala que los países OCDE —como Chile— «debiesen eliminar completamente el uso del carbón en la generación de electricidad al 2030 y no al 2040 como este cronograma pretende hacerlo».

Según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés), en los próximos años el mundo necesitará llevar a cabo transiciones rápidas y de gran alcance en materia de energía y electricidad.

«Esto implica acelerar la descarbonización de la matriz y en especial, de la generación eléctrica, ya que considerando que cerca de un 40% de la generación bruta en Chile hoy proviene de las termoeléctricas a carbón, el aporte de un cierre de esas centrales no es importante solo por el hecho de que efectivamente eso ocurra, sino además porque sea cuanto antes», puntualiza González.

IMPACTOS QUE REMEDIAR

Por otro lado, el economista advierte sobre los impactos ambientales que las termoeléctricas a carbón causan sobre el medio ambiente: el 91% de las emisiones totales de dióxido de carbono (CO2) del Sistema Eléctrico Nacional (SEN); el 88% del material particulado (MP); el 97% de las emisiones de dióxido de azufre (SO2), y el 91% de las emisiones totales de óxidos de nitrógeno (N0x). «Estas emisiones no solo han impactado enormemente los ecosistemas circundantes, sino también han afectado gravemente la salud de la población, tal como sucede en las denominadas zonas de sacrificio», precisa.

A su juicio, a esto contribuye que la normativa ambiental chilena es laxa y, en muchos casos, inexistente. «Por lo mismo, casi todas las zonas de sacrificio tienen niveles de contaminación que superan los limites establecidos en la normativa nacional, que ya es bastante permisiva con estándares ambientales inferiores a lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud y a lo adoptado por los países de donde provienen las empresas que operan termoeléctricas en Chile, como es EE. UU. (AES Gener), Italia (Enel) y Francia (Engie)».

Por lo anterior, añade Gary González, lo mejor es que la totalidad de las centrales se cierren lo más pronto posible: «No sabemos cuántos años o quizás décadas más demoren en revertirse los altos niveles de contaminación en el aire, suelos y aguas».

¿ADELANTO POR LEY?

En paralelo, otros actores también están impulsando iniciativas que buscan acelerar la descarbonización de nuestra matriz de generación eléctrica. Así, por ejemplo, en mayo, la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados aprobó en general un proyecto de ley que prohíbe la instalación en todo el país de centrales termoeléctricas a carbón y establece el 31 de diciembre de 2025 como fecha límite para el funcionamiento de aquellas que tengan menos de 30 años de antigüedad.

Si esta iniciativa legal prospera, se tendría que adelantar el proceso voluntario de cierre de estas centrales que tiene como horizonte final el año 2040.

El proyecto considera que la crítica situación global de aumento sostenido de las descargas y concentraciones de GEI, establecida de forma fehaciente en los informes emitidos por el IPCC y ratificada en el Acuerdo de París, exige que los Estados reduzcan dichas emisiones y avancen hacia economías carbono neutrales.

Para consolidar pasos en esa dirección y, tal como ya lo han hecho algunas generadoras, se recomienda fomentar las fuentes renovables.

Claudio Seebach, Presidente Ejecutivo de Generadoras de Chile, sostiene que «la penetración masiva y creciente de la electricidad renovable es clave para la descarbonización de la demanda energética». Y asegura que, de acuerdo a proyecciones de un estudio reciente patrocinado por esa entidad gremial, en el período 2020-2030 el sector generación aportará con más del 60% de la reducción de emisiones de GEI de Chile.

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