Hasta 75% disminuirá el aporte de caudales glaciares al Río Maipo que abastece a la RM

Según el estudio realizado por el centro de investigación Cetaqua, se confirma que los aportes glaciares no podrán cumplir el rol que hoy tienen en los períodos estivales, lo que deja a la cuenca en una situación de compleja vulnerabilidad ante la escasez hídrica. Fuente: El Mostrador, 19 de agosto de 2020


Modelando distintos escenarios de cambio climático, los caudales del río Maipo, la principal fuente de agua para la Región Metropolitana, se verán disminuidos en meses de verano y primavera hacia mediados y fines de este siglo. Ello, por los aportes glaciales cada vez menores que podrían descender hasta en 75%, respecto de los volúmenes actuales para la época estival.

Lo anterior, dado que los glaciares de la cuenca experimentarán un fuerte descenso en área y volumen, según confirma un estudio desarrollado por el centro de investigación Cetaqua y encargado por la Junta de Vigilancia del Río Maipo, Aguas Andinas y la Sociedad de Canalistas del Maipo. Ante ello, las entidades llaman a tomar conciencia sobre los impactos del cambio climático y a impulsar el trabajo colaborativo para buscar soluciones de largo plazo que permitan enfrentar la escasez hídrica.

Este trabajo evaluó los aportes de caudal de origen glacial para el período 2020 al 2100 en la cuenca del Río Maipo en el Manzano, en virtud de su importancia como fuente hídrica para la temporada primavera verano. En tanto, utilizó modelos hidrológicos de alta complejidad y escenarios de cambio climático diversos para este período.

“Es importante entender que el aporte de los glaciares es crucial para el caudal de algunos ríos como en el caso del Maipo, que es el proveedor de gran parte del agua para consumo de la Región Metropolitana. En este caso, si no tomamos conciencia de la importancia de su cuidado, las problemáticas ligadas a la escasez hídrica serán aún más graves de lo que ya son en la actualidad. Por ello, hoy uno de los objetivos que tenemos desde el centro de investigación es realizar un trabajo anticipado que sirva para que se vayan tomando mejores decisiones y acciones para enfrentar el cambio climático”, señala Carmen Lacoma, gerente general de Cetaqua Chile.

Por su parte, Natalia Dasencich, encargada de Asuntos Legales de la Junta de Vigilancia del Río Maipo, explicó que “esta evidencia científica confirma que estamos en una transición de régimen hidrológico de nivo-glacial a nivo-pluvial, a concretarse en los próximos 30 años, lo que implica una gestión del recurso diferente. En efecto, la cuenca será mucho más dependiente de la lluvia, la que ya no quedará almacenada en forma de hielo en la cordillera por lo que tendremos que contar con obras y medios para poder acumular y regular las excedencias, las que ya no se producirán en las épocas de deshielo. En el corto plazo dejaremos de contar con estos grandes embalses naturales que son los glaciares por lo que debemos abordar urgentemente la forma para suplir, al menos en parte, su función. De ello depende el riego y abastecimiento de agua potable de la Región Metropolitana. El plazo es muy corto”.

En tanto, desde Aguas Andinas valoraron los resultados del estudio, “pues ratifica una vez más que los efectos del cambio climático tendrán un impacto en el largo plazo, por lo que son necesarias acciones con una visión global y colaborativa que nos permitan enfrentar de mejor manera este problema. Más allá de tomar conciencia en este sentido, con estos estudios buscamos contar con herramientas que nos permitan tomar decisiones anticipadas y compartidas con el resto de usuarios de la cuenca”, explicó Jonás De Miguel, director de Estrategia.

Detalles del estudio
En un eventual escenario en que no se reduzcan las emisiones contaminantes de aquí a 80 años, los glaciares de la zona central de Chile perderán parte importante de su volumen, provocando que los caudales del río Maipo vean disminuidos sus peaks tanto de verano como de primavera y dejando a la ciudad de Santiago en una situación de vulnerabilidad extrema frente a la escasez hídrica.

En relación con el comportamiento de los glaciares, el estudio da cuenta de reducciones significativas en los glaciares Yeso, Bello, Pirámide y D073, tanto en volumen como en área para los distintos escenarios, dado el incremento en las temperaturas y descenso de pluviometría. Esto explica también el adelanto de los derretimientos.

Ante esto se requería entender la importancia y cuantificar el aporte de estos gigantes de hielo a las fuentes hídricas de la zona, así como el impacto que está teniendo en ellos el cambio climático. Para ello, se simularon dos escenarios futuros: uno optimista en términos de que se conseguirá controlar las emisiones de gases de efecto invernadero con leves aumentos desde hoy hasta el año 2100; y otro más pesimista que considera un alto incremento de las emisiones al mismo año horizonte. En ambos casos se vislumbra una reducción del aporte glacial del orden de 75% de los volúmenes de escurrimiento actuales para la cuenca durante la época estival (diciembre a marzo).

Actualmente, en enero, el aporte del caudal glacial es del orden de 15% del caudal total del río, mientras que en el futuro sería sólo de 4%, disminución que es aún más marcada en febrero y marzo, cuando los glaciares contribuyen con un 40% del total del agua del río, con una proyección futura cercana a 15%. Se espera que esta reducción sea aún más marcada en años secos, donde el aporte glacial es proporcionalmente mayor.

En el escenario más favorable, en un futuro cercano, entre 2020 y 2060, se observa una disminución de 40% del volumen de los glaciares, mientras que en el escenario pesimista se pasa a una disminución de volumen glacial cercana a 60%. Ambos escenarios llegan a estabilizarse para la segunda mitad del siglo en torno a 4 km3 de volumen.

“Junto a la cuantificación en la disminución del aporte de los glaciares al caudal total del río, otra conclusión relevante del estudio es el adelantamiento en el tiempo de los peaks de caudal, los que históricamente se producen en diciembre pero que en el futuro se desplazarán de 1 a 2 meses para tener lugar en el entorno de noviembre debido al derretimiento más temprano y a la disminución del volumen glacial. Ello implica la necesidad de que se lleve a cabo una adaptación del actual modelo de gestión de la cuenca” concluye Carmen Lacoma.

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