Preocupación de Fundación Terram ante la mortalidad masiva de salmones en Los Lagos y Aysén

Foto: Aqua.

Hasta el martes 6 de abril, 24 centros de cultivos habían activado sus planes de contingencia por la mortalidad masiva de al menos 2.900 toneladas de salmones, según ha informado Sernapesca, lo cual habría sido causado por floraciones algales nocivas (FAN) en zonas aledañas a diversas áreas protegidas de las regiones de Los Lagos y Aysén.


Hasta el martes 6 de abril, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) había informado la mortalidad masiva de 1.300 toneladas de salmones desde 12 centros de cultivos ubicados en el Fiordo Comau, emplazados en la Agrupación de Concesiones de Salmónidos (ACS) 17A en la región de Los Lagos, producto de floraciones algales nocivas (FAN) ocasionadas por el alga del plancton Heterosigma akashiwo, la cual provoca la muerte por asfixia de los peces. Según la autoridad, en esta agrupación de concesiones había una biomasa de 24.701 toneladas al inicio de esta crisis y sobre la cual no se sabe a ciencia cierta cuántas toneladas de peces han muerto producto de la marea café ocasionada por el alga.

Por otra parte, en la región de Aysén se han reportado otras 1.600 toneladas de salmones muertos, también desde 12 centros de cultivo, de los cuales 7 se ubican en los canales Puyuguapi y Jacaf, asociadas a la presencia de las microalgas Leptocylindrus danicus Leptocylindrus minimus, mientras que de los 5 centros restantes, ubicados en las ACS 21A, 23C, 25, 27 y 28B, solo se precisa que las mortalidades estarían siendo causadas por “bajas de oxígeno”.

Desde Fundación Terram manifestamos nuestra preocupación ante estos acontecimientos y los impactos ecológicos y sociales que provocan. Además, nos preocupa y alarma la ausencia de información clara y oportuna que debería entregar la autoridad sectorial en estos escenarios, en vista de los antecedentes históricos que existen sobre ellos. Se debe tener presente que, según la propia autoridad, estos eventos comenzaron a ocurrir el 27 de marzo y transcurridos casi 10 días no hay información pública que detalle de forma completa el número de centros afectados, la cantidad de salmones muertos en cada uno de ellos, los planes de contingencia para su retiro y el destino de las mortalidades de peces.

Cabe recordar que en 2016, también producto de floraciones algales nocivas, en solo dos semanas aparecieron 40 mil toneladas de salmones muertos en Chiloé, tras lo cual la Dirección General del Territorio Marítimo y Marina Mercante (Directemar), así como el Sernapesca, autorizaron el vertimiento de 9 mil toneladas de esta especie exótica en el mar “por razones de fuerza mayor”, sin tener claridad sobre los impactos que ello provocaría en el ecosistema marino.

A partir de estos antecedentes, nos queda la incertidumbre de la real capacidad de respuesta de la industria frente a la disposición biosegura de la mortalidad en plantas reductoras certificadas para esos efectos, en vista del potencial impacto ecosistémico sobre las diversas áreas protegidas aledañas a todos estos centros de cultivo, como ocurre con el Área Marina Costera Protegida Fiordo Comau-San Ignacio de Huinay en Los Lagos, y con el Parque Nacional Isla Magdalena, la Reserva Forestal Las Guaitecas y el Santuario de la Naturaleza Estero de Quitralco en Aysén.

Por todo esto, es necesario que la autoridad esclarezca lo antes posible el destino de los salmones en descomposición, como también las vías y medios dispuestos para ello de acuerdo con los planes de contingencia presentados por las empresas, sin dejar de tener presente que todo ello debe realizarse bajo el procedimiento, con las condiciones y dentro de plazos establecidos por la normativa sectorial para su retiro y disposición final.

Estos eventos contribuyen a reafirmar la idea de que los fiordos no son zonas aptas para el desarrollo de la salmonicultura, en tanto ecosistemas únicos especialmente vulnerables a la variabilidad climática pero respecto de los cuales no se han realizado estudios de capacidad de carga, a lo que se suma el hecho de que la aprobación de proyectos de cultivo de salmones o el aumento de su biomasa se ha realizado prácticamente en su totalidad sin siquiera contar con Estudios de Impacto Ambiental (EIA), con las consecuencias que ello implica.

Lo anterior releva, una vez más, la urgente necesidad de que las autoridades políticas con competencias regulatorias y fiscalizatorias atiendan al escenario de cambio climático que atravesamos al momento de adoptar decisiones públicas, pues todo indica que este tipo de eventos tendrá cada vez mayor alcance y recurrencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *