Las turberas son el arma secreta, junto con el bosque nativo, para capturar carbono

Este tipo de humedal es capaz de retener casi cinco veces más CO2 que todos los árboles del país. Aún así, no están protegidos y se los puede explotar comercialmente. Fuente: El Mercurio, 13 de julio de 2021.


Para lograr la carbono neutralidad en 2050, Chile no solo tiene que dejar de emitir carbono, sino que también tiene que capturarlo. Al igual que en el resto del mundo, el bosque nativo es un gran aliado en esta tarea, pero ahora se sabe de uno nuevo: las turberas.

Aunque aún se desconoce bastante de estos ecosistemas, se calcula que las turberas que hay en Chile son capaces de capturar mucho más carbono que los bosques del país. Por eso estudiarlas y protegerlas, para conocer su máximo potencial y poder aprovecharlo, es urgente.

Cambio de enfoque

Una vez que se cierren las plantas generadoras eléctricas a carbón y se termine la transición hacia la electromovilidad, entre otras medidas, Chile va a tener un remanente de emisiones por lo que tiene que encontrar soluciones para capturarlo, dice Jorge Hoyos, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, del Network for Extreme Environment Research (NEXER) y de la U. de Nottingham, Reino Unido.

Hasta hace un tiempo, parte de las soluciones basadas en la naturaleza para capturar CO2 de Chile contemplaban a las plantaciones forestales. Pero las alertas de los científicos y los megaincendios de 2017 entregaron la evidencia suficiente de que ellas no son una buena herramienta. ‘Por el contrario, la mayor parte de lo que se quemó fueron plantaciones, lo que liberó mucho carbono’, dice el investigador, quien es coautor de un trabajo que hace un llamado justamente a sacar a las plantaciones forestales de la estrategia climática.

La razón de ello es que tanto pinos como eucaliptos son más proclives a los incendios por la estructura de sus campos de monocultivo y la gran cantidad de biomasa que concentran, pero también porque son especies mucho más inflamables, agrega.

Por el contrario, las especies nativas son menos inflamables y poseen otros beneficios. ‘Ellas sostienen buena parte de la biodiversidad, pero también proveen servicios ecosistémicos, regulan el ciclo hidrológico y el microclima, además de ser fuente de alimento y capturar carbono en el largo plazo’, dice Alejandro Miranda, investigador del (CR)2 y del Laboratorio de Ecología del Paisaje Forestal de la U. de La Frontera, y coautor del trabajo publicado en Environmental Science and Policy.

Aunque los científicos valoran el cambio en la estrategia climática que ahora se enfoca más en el bosque nativo, advierten que aún falta por trabajar en los planes de manejo, entre otros detalles. Pero, además, aseguran que no sería el único recurso al que se debería apostar.

Esto porque aún considerando todos los beneficios del bosque nativo antes mencionados, este tampoco es infalible. Con la megasequía que está viviendo parte importante de Chile, se comenzó a observar un pardeamiento del bosque. En principio se pensó que estaba dañado definitivamente, pero en 2020 esas zonas comenzaron a reverdecer por el leve aumento de las lluvias. ‘Pero se proyecta que las sequías sean cada vez más severas y ese estrés hídrico podría disminuir la capacidad de captura de carbono del bosque nativo. Algo que debe ser considerado en la estrategia climática’, dice Jorge Hoyos.

Y el plan de refuerzo parece ser más que promisorio. Las turberas, un tipo de humedal pantanoso donde la falta de oxígeno hace que la descomposición del material orgánico sea extremadamente lenta, serían la respuesta.

Aunque aún falta mucho por estudiarlas, se estima que por sus características, las turberas del país (el 90% de ellas concentradas en Magallanes) son capaces de capturar cinco veces más carbono que todo el bosque de Chile, dice Alejandro Miranda.

El problema, además de la falta de estudios de estos ecosistemas, es que no hay una regulación que los proteja. ‘Existe un proyecto que se está discutiendo hace años, pero hoy, básicamente, se las puede explotar’, advierte Jorge Hoyos.

‘Chile ha sido pionero en incluir estos ecosistemas en sus NDC (Contribuciones determinadas a nivel nacional) y ha explicitado que necesita estudiarlos, pero también debe trabajar en protegerlos’, opina.

Los investigadores coinciden en que mientras más se pueda ampliar el abanico de soluciones basadas en la naturaleza para capturar carbono, más seguridad de lograr la meta de reducción de emisiones de Chile para mediados de siglo.

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