A cuatro años del impuesto verde en Chile: recauda pero no descontamina

Opinión de Gary González, economista de Fundación Terram, sobre el impacto de este mecanismo en Chile. "Desde Fundación Terram nos preocupa que este gravamen no esté dando las señales correctas en cuanto a incentivar de manera eficiente a las empresas a contaminar menos, pues hoy sigue siendo más barato contaminar y pagar, que hacer correcciones en el sistema de emisiones de una empresa para contaminar menos". Revista Electricidad, 23 de agosto de 2021.


Los impuestos para las emisiones fijas (industrias) y para fuentes móviles (vehículos) que forman parte del denominado impuesto verde, tuvieron su origen en 2014 como parte de la reforma tributaria de la entonces presidenta Michelle Bachelet. Aunque la aplicación efectiva del gravamen a las fuentes fijas comenzó recién en 2017, en abril de 2021 se cumplieron cuatro años de recaudación, lo que nos permite evaluar y preguntarnos por el real impacto que ha tenido este cobro y saber qué tan cerca o lejos está de lo que se espera de él y, en general, de este tipo de instrumentos.

En abril de este año, ingresaron a las arcas fiscales un total de US$ 175 millones provenientes de este impuesto a las fuentes fijas -ya que la recaudación para fuentes móviles se contabiliza en forma separada-, cifra que representa un retroceso de casi 6% comparado con el año anterior y que, a su vez, es el menor monto registrado en los cuatro años de vigencia de este gravamen. Si bien esta disminución de recaudación podría ser positiva si es que fuese reflejo de que las empresas estuvieran contaminando menos, en realidad se debe a la menor demanda en el sistema eléctrico como consecuencia de la desaceleración de la actividad económica a raíz de la pandemia.

Por otro lado, un 63% del monto total fue pagado por instalaciones de generación eléctrica, de las cuales el 95% provino de centrales termoeléctricas, donde el carbón sustenta el 60% de la recaudación anual, reflejando entonces lo importante que sigue siendo este tipo de generación para nuestra matriz eléctrica. Si bien el cumplimiento del retiro de las dos unidades a carbón en el año 2020 -en el marco del acuerdo de descarbonización voluntario- podría haber influido en la disminución de la recaudación, ambas unidades fueron apagadas durante los días 29 y 31 de diciembre de 2020, por lo que operaron prácticamente todo el año, sin considerar que recientemente el Coordinador Eléctrico Nacional (CEN) ha mencionado la posibilidad de volver a encender una de ellas durante el presente año.

Es importante recordar que el impuesto verde es un instrumento económico que debería contribuir a la reducción de la contaminación local y global. La escala local, refiere a contaminantes que están presentes en una zona específica, para lo cual se utilizan ponderadores según la realidad de cada zona donde se generan las emisiones con el propósito de identificar y/o reconocer el daño que producen en cada territorio producto de los procesos industriales. A pesar de que esto podría ser un importante parámetro para intentar cambiar la realidad de diversas comunidades en nuestro país afectadas por la contaminación atmosférica, solo un 9% de la recaudación correspondió a contaminantes locales como el Material Particulado (MP), Óxido de Nitrógeno (NOx) y Dióxido de Azufre (SO2), siendo el 91% restante explicado por un contaminante global como es el CO2, que en Chile además sigue teniendo un valor de 5 dólares por tonelada, muy por lejos del rango de 40-80 dólares que en la actualidad se recomienda a nivel internacional.

Dado que un gravamen como el impuesto verde debiese cumplir con dos objetivos, que es el de recaudación, como todo impuesto, y también el de corregir una externalidad negativa como la contaminación generada por los que están afectos a él dada su condición de “verde”, lo más importante no debiese ser la recaudación que genera, sino el incentivo a no contaminar. Por ello, desde Fundación Terram nos preocupa que este gravamen no esté dando las señales correctas en cuanto a incentivar de manera eficiente a las empresas a contaminar menos, pues hoy sigue siendo más barato contaminar y pagar, que hacer correcciones en el sistema de emisiones de una empresa para contaminar menos.

Por otro lado, dadas las modificaciones que experimentará el impuesto verde en los próximos años, ya que aumentarán las industrias que estarán afectas pero a su vez las empresas tendrán la posibilidad de compensar sus emisiones mediante el desarrollo de proyectos en las zonas donde están emplazadas las fuentes contaminantes y así no pagar el impuesto, tendremos que esperar varios años más para conocer qué tanto aportará a la transición que es urgente en vista de una disminución real de las emisiones y contaminantes que hoy contribuyen al calentamiento global e impactan en la salud de la población y de los ecosistemas.

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