Cierre de la fundición de Ventanas: la historia lo avala

Columna de opinión de Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram, en torno al anuncio de Codelco del cierre de la fundición de Ventanas, emplazada en la Bahía de Quintero. La medida, si bien largamente esperada por la comunidad local, ha generado la molestia entre los trabajadores de la estatal, quienes aseguran que la planta no solo cumple con las normas ambientales, sino que no genera contaminación. Sin embargo, hay que revisar la historia y recordar que parte de ella son también los hombres verdes, quienes trabajaron en la fundición y cuyos cuerpos atestiguan la contaminación con metales pesados, que para algunos selló la temprana muerte y para otros que todavía viven, significa el padecimiento de enfermedades graves. Fuente: La Mirada Semanal, 23 de junio de 2022.


La historia, sin embargo, nos muestra otra realidad. Una revisión incluso somera de los eventos de contaminación en las últimas décadas, sirven para constatar que parte del complejo problema que afecta a la Zona de Sacrificio de Punchuncaví – Quintero, está relacionada con la emisión de contaminantes que provienen de la fundición.

La descripción de hechos sobre cómo esta zona llego a denominarse “Zona de Sacrificio” es larga y compleja, aunque es importante conocer algunos antecedentes.

El Parque Industrial Ventanas (PIV) se ubica en un área que comprende parte de las comunas de Puchuncaví y Quintero. Fue inaugurado el año 1961[1]; sin embargo, previamente ya se había instalado en la zona la refinería de petróleo de ENAP. Con la inauguración del PIV se consolida la decisión del Estado de Chile de establecer un polo industrial para el desarrollo del país. Por ello, año 1964 se inauguran la fundición y refinería de cobre, de propiedad de ENAMI-la que más tarde sería traspasada a Codelco- y la termoeléctrica a carbón Ventana I, entonces propiedad de Chilgener y actualmente de AES Andes.

Con el correr de los años, a la instalación de estas industrias se fueron sumando muchas más y así, los problemas de contaminación de la Bahía se complejizaron. Sin embargo, los registros históricos indican que las denuncias por contaminación ocasionados por la fundición no se hicieron esperar, y mucho antes de que se instalara la mayoría de las empresas que hoy están emplazadas en el PIV, ya se registraban problemas para los habitantes y la agricultura local.

Hacia 1968, el Ministerio de Agricultura emite un oficio a la fundición de cobre por daños a los cultivos agrícolas y, en 1977, se aumenta la altura de la chimenea de las instalaciones como medida ambiental para que los contaminantes sean emitidos a mayor altura y se dispersen. Luego, en 1993, la zona comprendida por el PIV y sus alrededores se decreta saturada para dióxido de azufre (SO2) y MP10; el mismo año, el Ministerio de Minería, mediante decreto, establece el plan de descontaminación para material particulado y dióxido de azufre (anhídrido sulfuroso)[2] que debe ser adoptado por la refinería y fundición.

Desde entonces, han sido recurrentes las denuncias por emisiones al aire de dióxido de azufre (SO2), que es un gas originado por actividades industriales a altas temperaturas que utilizan combustibles fósiles que contienen azufre (petróleo, carbón, petcoke). Este gas contaminante, al ser emitido al aire, genera problemas en la salud de las personas y los ecosistemas. En el caso de las personas, está asociado a diversos síntomas que van desde dificultad para respirar, irritación de las vías respiratorias, asma y bronquitis crónica, hasta alteraciones psíquicas, paro cardíaco y colapso circulatorio, entre otros. En el caso de los ecosistemas, las plantas son las más afectadas, teniendo límites de tolerancia menores a los de las personas, ocasionando necrosis foliar. Al mezclarse con agua, el SO2 reacciona produciendo soluciones diluidas de ácido sulfúrico, que cuando precipita se denomina lluvia ácida. Tal como lo han señalado las autoridades, el dióxido de azufre es un contaminante que está presente en las emisiones al aire en la Bahía de Quintero y sus principales fuentes emisoras son la fundición de Codelco Ventanas y las termoeléctricas a carbón. La cantidad de emisiones anuales de fuentes contaminantes está recogida en la información que presenta el Registro de Emisión y Transferencia de Contaminantes (RETC)[3], que, aunque desactualizada, nos entrega una visión clara sobre las principales fuentes emisoras de dióxido de azufre a nivel nacional y regional.

Por otra parte, entre las emisiones sobre las que menos se ha hablado, se encuentra el arsénico (As), a pesar de la peligrosidad de este contaminante. El Instituto de Salud Pública (ISP), de hecho, indica que la exposición al arsénico en compuestos gaseosos como los que se producen en fundiciones, lo hacen el más peligroso. Pese a esta delicada situación, Chile no tiene una norma primaria de calidad para arsénico respirable y aquí también hay una historia que contar, pues hacia fines del gobierno del presidente Patricio Aylwin, se dictó la norma primaria de calidad de aire para arsénico (Decreto N°477 del Ministerio de Salud).Posteriormente, el gobierno del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle la derogó, a compromiso de elaborar una nueva norma entre el Ministerio de Salud y la entonces recién creada Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA). Sin embargo, esto nunca llegó a ocurrir. Ello motivó a que el año 2020, desde Fundación Terram[4] se presentara un recurso de protección en contra de los ministerios de Salud y el de Medio Ambiente, solicitando la dictación de la norma antes mencionada, ya que a la fecha habían transcurrido 26 años desde su derogación. La acción legal de Terram también solicitaba la actualización de la norma de fundiciones. En este contexto fue que el Ministerio de Medio Ambiente anunció, en 2021, la elaboración de la norma de arsénico y la actualización de la norma de fundiciones. Hasta ahora, el resultado de este proceso es inexistente, y no hay ningún expediente público que dé cuenta de alguna gestión al respecto.

Por si todo lo anterior fuera poco, la fundición de Ventanas nunca fue evaluada ambientalmente en lo que denominamos su operación principal, pues su instalación es anterior a la existencia de la ley ambiental en Chile. Las evaluaciones ambientales de esta industria son parciales y solo tienen que ver con mejoras o ampliaciones.

A la luz de todo lo descrito, cuando se dice que Codelco Ventanas no contamina, hay que revisar la historia y recordar, por si no bastara con lo dicho, que parte de ella son también los hombres verdes, quienes trabajaron en la fundición y cuyos cuerpos atestiguan la contaminación con metales pesados, que para algunos selló la temprana muerte y para otros que todavía viven, significa el padecimiento de enfermedades graves[5].

La decisión de Codelco, avalada por el Gobierno, es sin duda la correcta. Ahora necesitamos que los trabajadores de la estatal comprendan que iniciar un proceso de descontaminación en esta Zona de Sacrificio también los beneficiará a ellos y sus familias, al futuro de sus hijos y al de Chile.

1 Comentario

  1. ABRAHAM dice:

    YA ERA HORA QUE CERRARAN

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