Estudio revela grave pérdida de bosque nativo desde Puerto Montt al sur

Foto: Rewilding Chile

Científicos de la UFRO calculan que la reducción del bosque natural alcanzó a 206 mil 142 hectáreas desde Valparaíso a Aysén, en 17 años. El problema se concentra especialmente en las provincias de Llanquihue, Palena y la Región de Aysén. Expertos proponen sus posibles factores que explican el fenómeno y las soluciones. Fuente: El Llanquihue, 23 de octubre de 2022.


La situación de emergencia climática en el mundo tiene a científicos, académicos ya la población en general en alta preocupación.
Escasez de precipitaciones e incendios forestales son, entre otras materias, focos de alarma permanente en nuestro país, sobre todo cuando se aproxima la época estival.

En este contexto, un estudio realizado por la Universidad de la Frontera, y que consideró el cambio de situación durante 17 años -debido a diferentes factores- desde Valparaíso hasta Aysén se han perdido más de 200 mil hectáreas (h) de bosque nativo: un promedio de 12 mil 884 h por año. En total, casi cuatro veces la dimensión del gran Santiago.

Se trata de una investigación multidisciplinaria internacional, publicado a fines de 2020 en la revista Envirnnmental Research Letters y que en la actualidad avanza con un nuevo trabajo de campo en Chile, Brasil y Argentina liderado por el Laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Medioambiente de la Universidad de La Frontera. Su autor principal es el doctor en Ciencias Forestales y decano de esa unidad, Adison Altamirano.

La investigación combinó el empleo de una base de datos global de cambios en la cubierta arbórea, imágenes satelitales de alta resolución Landsat y de Google Earth, como también el conocimiento de expertos locales. Así, el análisis permitió diferenciar los bosques naturales de las plantaciones forestales de especies exóticas con una exactitud general del 99% a través de una extensión de 40 millones de hectáreas entre Valparaíso y Aysén.

Según determinó el estudio, la mayoría de los bosques naturales que se perdieron (75%) se convirtieron en matorrales, tierras desnudas o pastizales. Una proporción importante de estos eventualmente ha terminado como terrenos agrícolas o plantaciones, sustitución que puede socavar los objetivos de un mayor almacenamiento de carbono y protección de la biodiversidad, indicó Altamirano.

El profesor Altamirano agrega que «a nivel general, los bosques son uno de los mayores reservorios de carbono en el mundo. Por lo tanto, su pérdida tiene consecuencias críticas para la lucha que tenemos contra el cambio climático. La presencia de los bosques incluso en sistemas agrícolas es beneficioso para la propia agricultura, por ejemplo, para el control de plagas».

Coral Herencia, directora de contenidos de la Fundación Cuidemos Paraísos, considera que «es tiempo de escuchar el grito silencioso del bosque. Es a través de estas estadísticas que podemos dimensionar la problemática a la que nos estamos enfrentando, porque sabemos que se pierden bosques, pero no sabemos las cantidades. Y el hecho que en este estudio se hable de más de 200 mil hectáreas perdidas, que es cuatro veces el gran Santiago, nos permite dimensionar y visibilizarlo».

Raffaele Di Biase, encargado de la Comisión de Biodiversidad del Comité Ambiental Comunal de Puerto Varas y director de Fundación Legado Chile, asegura que no le sorprenden las cifras: «Creo que la pérdida de ecosistemas y biodiversidad (es evidente). Se acaba de publicar además el informe de World Wildlife Fund, donde resulta que América Latina es la región con mayor pérdida de biodiversidad en los últimos 50 años, casi un 80% de pérdida de población de vertebrados… entonces no me sorprende porque pese a la emergencia climática y a lo urgente de implementar políticas no solo públicas, sino desde el mundo privado, para no seguir trabajando con el mismo modelo extractivo, esos cambios no se han visto reflejados de forma patente en la actualidad. Por su parte, Ingrid Espinoza, directora de conservación de Rewilding Chile, legado de Tompkins Conservation hace hincapié en que hay que mirar con detención las cifras, y tratar de interpretar las razones de esta pérdida.

«Siempre son buenos los análisis. Es bueno que se trabaje como un estudio multidisciplinario internacional, pero hay algunas cosas que nos llaman la atención, y tiene que ver con una mirada más general de todo este estudio, porque de Valparaíso a Aysén es súper grande el territorio. Nos llama la atención que sea un aumento de pérdida de bosque y quizás en algún caso puede que tenga que ver con la erupción de los volcanes, porque la pérdida de bosques que señalan… se habla de reconversión de bosques a forestales, también de tierras desnudas o que se han ido generando terrenos agrícolas a través de la sustitución de bosque nativo, pero no se nombra a las erupciones, como las ocurridas en este último tiempo, como las del Chaitén, del Caulle y del Calbuco; y nosotros hicimos un estudio con la Universidad de Chile en el caso del volcán Chaitén y solamente el impacto de erupción fueron alrededor de 27 mil hectáreas, y un alto porcentaje de eso debe ser bosque nativo, por lo tanto, si hablamos de 200 mil hectáreas, y se señala que hay un gran porcentaje de la provincia de Palena, habría que incluir en el estudio el análisis de aquel bosque nativo que más que perderse, tiene transformaciones naturales propias del lugar, y yo creo que ese análisis es interesante y tiene que tener una bajada».

Agrega que «también hay diversos aluviones aquí en esta zona en la provincia de Palena, como el que hubo en Villa Santa Lucía, porque también hubo una pérdida de bosque entre comillas, aunque aquí en estos casos se ha dado la regeneración, pero probablemente no está analizada. En el caso del Chaitén, a 14 años se ha ido regenerando, a través de vástagos y semillas que van llegando, y ya tenemos un bosque más establecido en varios sectores».

En el caso de la Fundación Cuidemos Paraísos, con asiento en Pucón, su mirada tiene más relación con el fuego. «Creo que uno de los temas que se tienen que abordar para poder visibilizar la pérdida de los bosques, tiene que ver con los incendios forestales, que en un 70% son causados por acciones humanas. Entonces desarrollamos ese material que se puede encontrar en nuestros medios, donde también hay cifras, por ejemplo, que se considera que más de 26 mil hectáreas de bosque nativo se queman al año, datos que no convencionalmente estamos teniendo cercanía a comprender, no se dimensiona; por eso queremos divulgar esta información de forma dinámica, con recomendaciones, porque la idea no es decirle a las personas que son las culpables, sino que darles las pautas para prevenir».

¿QUÉ HACER?

Pese a la gravedad de la situación, los distintos expertos aseguran que siempre estamos a tiempo de poder revertir efectos o tomar mayor conciencia y, al parecer, el terreno social en estos momentos es fecundo para una nueva mirada.

El estudio de la UFRO se desarrolló entre los años 2000 y 2016 y, según Altamirano, pese a que durante los últimos años la tendencia a punta a una leve disminución, el problema continúa. Por lo tanto, si no se toman medidas debería continuar la pérdida, con todas sus consecuencias.

Agrega que hay varias estrategias de posible recuperación. «Una de ellas es la restauración ecológica. Yo en particular soy bastante partidario de estrategias de diseño de paisajes multifuncionales, donde haya espacio para actividades productivas y de conservación, es decir donde puedan convivir la apicultura, ganadería, sector forestal, turismo, áreas de conservación, turismo, etcétera».

Señala que, de todas formas, es clave la educación, y a través de ella educar a toda la población respecto a los beneficios de conservar los bosques para las actividades productivas. Es decir, demostrar racionalmente porqué la conservación no es enemiga de las actividades productivas.

En este mismo aspecto, Ingrid Espinoza cree que «hay muchos espacios protegidos, pero en el resto de la tierra, por ejemplo, el floreo intensivo te va generando una disminución en la estructura del bosque porque nos va quitando los mejores individuos para la producción de madera, eso sí ocurre y ahí desde las políticas públicas hay que ver cómo están funcionando los incentivos por parte del Estado o los planes de manejo. Hay que estimular los planes de manejo u ordenamientos prediales; si tú eres dueña de un bosque, debiera apuntarse con política públicas más específicas, para que los propietarios hagan ordenamiento predial, poder tener una proyección del bosque para hacer un manejo silvicultural que te pueda entregar madera hoy día, pero también ten asegure bosque a mediano y largo plazo y que va a permitir, a medida que tú conservas, también te va a permitir a largo plazo tener productos. Ahí hay que apuntar al manejo, pensando con una mirada de conservación y protección, que además está relacionado con la economía».

Di Biase complementa con que «urge un compromiso muy grande que no debe venir solo desde el lado público, sino privado también, sobre todo ahí, donde nos comprometamos a no seguir desarrollando modelos que lo único que provocan es pérdida de ecosistema o biodiversidad, agudizando aún más los problemas que enfrenta el planeta y la región en cuanto a la emergencia climática. Hay sectores productivos que lamentablemente no han entendido esto y siguen en una trinchera y posición que les permita seguir con proyectos que a esta altura no son viables por la salud de las comunidades y nuestro planeta».

En tanto, Herencia cree que, por una parte, hay muchas organizaciones, como universidades, que tienen el rol de divulgar y fortalecer iniciativas de educación ambiental que llegue a los habitantes y quienes quieran participar. Por otra parte, aduce que debe haber una labor clave de regeneración de terrenos, porque «no se está teniendo visiones de los bosques como ecosistemas vivos, entonces hoy se puede mirar los bosques de una mirada más completa».

Para todo esto, asegura que estamos en un buen momento social, porque «ahora el tema medioambiental está muy dispuesto a ser recepcionado por la juventud. Hay un gran llamado de los jóvenes de colaborar en la restauración de los ecosistemas. Hay un público objetivo muy dispuesto a escuchar y tenemos que aprovechar este interés para proponer acciones conjuntas».

En la mirada de Puerto Mona al sur, Espinoza asegura que «hay una fortaleza en esta zona, que en muchos sectores hay buena regeneración del bosque, lo que yo creo que hay que hacer es la protección y cuidado de los bosques más adultos, los más viejos, resguardar ese patrimonio natural. Hemos adelantado con la creación de los parques naturales y ahora hay que complementarlos con prácticas y políticas públicas que tienen que ver con el cuidado del bosque nativo. Estoy esperanzada de eso, es posible con un plan bien fuerte».

En este sentido, desde las políticas públicas, explica que «hay un trabajo bien importante que se está haciendo en la reserva nacional Futaleufú, que es una restauración con plantaciones de bosque, lo que te da un indicio de acciones bastante concretas, trabajando también las amenazas, que en su caso son especies exóticas invasoras. En la zona también está el tema del chacay, en Chiloé incluso se están haciendo planes de manejo para la eliminación de esta especie que le quita espacio al bosque nativo. Lo mismo con la rosa mosqueta en algunos sectores».

Desde Conaf en la Región de Los Lagos, su director, Miguel Ángel Leiva, aseguran que hay varios factores que hay que considerar, sobre todo de los últimos años, y para aquello en las próximas semanas se dará a conocer el Catastro de Bosque Nativo del organismo que consigna datos hasta el 2020. «En los últimos 4 o 5 años la explosión demográfica que hemos tenido por parcelaciones ha sido enorme», explica, por lo que cree que con ese material se podría hacer una comparativa con lo expresado por la UFRO.

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