Energía y emisiones en Chile

Las temperaturas globales alcanzarán nuevos récords en los próximos cinco años, sin embargo, en Chile, la principal preocupación sigue siendo la reducción de emisiones. Con todo, las emisiones de CO2 han seguido en aumento, mientras que la adaptación a los impactos en el clima sigue en espera. Fuente: Breves de energía, 26 de octubre de 2023.


Chile, al igual que la mayoría de los países, se ha comprometido a reducir sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). En 2015, en el marco de la COP-21 de Paris, las autoridades de la época tomaron el compromiso de reducir en un 30% el índice de emisiones por unidad de PIB del país al 2030, respecto de la línea base de 2007. Las últimas administraciones han impulsado el retiro anticipado de las centrales a carbón en el curso de esta década, la entrada de generación fuentes de cero-emisión – centrales solares en el norte del país– y ahora último, lograr la carbono neutralidad al 2050, es decir, que las emisiones netas del país, descontando la captura natural, sean nulas.

En esta Breve reviso cómo ha resultado en la realidad la transición de energía a fuentes de cero-emisión, y la esperada reducción de emisiones.

Energía primaria

En la oferta de energía primaria, vale decir, el aprovisionamiento energético del país antes de ser procesado para su uso final1, continua por largo, la predominancia de los combustibles fósiles. Según se muestra en la figura, en 2021, la energía fósil alcanzó el 65% del total de la energía primaria, aumentando un 13% respecto de 2007. Respecto de ese año, en 2021 la oferta de energía primaria basada en carbón aumentó en un 84%, la biomasa en 73%, el gas natural en 35% y el petróleo se redujo en 28%; mientras tanto, la hidroelectricidad disminuyó en 28% y la suma de la energía eólica y solar llegó a un modesto 5%. Por su parte, el índice de emisiones por unidad de energía, se ha mantenido prácticamente constante en 0,06 GTCO2eq/exajoules.

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Emisiones de Gases de Efecto Invernadero

Las emisiones de GEI, en valores positivos en la gráfica siguiente, siguen aumentando sostenidamente. En 2020, las emisiones equivalentes de carbono – medidas como CO2eq–, aumentaron un 17% respecto de 2007. El 76% de las emisiones provino de la quema de combustibles fósiles para energía: generación 28%, transporte 25%, industria 15% y el uso de combustibles en otros sectores 8%2; mientras que el restante 24% proviene de procesos industriales, agricultura y residuos. La buena noticia es que el índice de emisiones por unidad de dólar del PIB del país cayó en un 12%, desde 0,27 a 0,24 kgCO2/USD-PIB; sin embargo, esto todavía está por encima del índice de 0,19 kgCO2/USD-PIB, comprometido en la COP-21.

Por su parte, la captura natural de GEI3, mostrados en valores negativos en la misma gráfica, bajó un 6,5% respecto de 2007, y un 24% respecto de 1990. Sorprende el año 2017, en donde no hubo captura neta e incluso se emitieron GEI a consecuencia de los grandes incendios forestales de ese año; durante enero y febrero se quemaron alrededor de 600.000 hectáreas de bosques en el centro y sur de Chile, 7 u 8 veces la superficie urbanizada de Santiago, poco menos del 3,5% de la superficie cubierta por bosques en Chile4.

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Conclusiones

Desde la década pasada, las autoridades se han enfocado en reducir las emisiones de CO2 en la generación de electricidad, que representa sólo el 23% del consumo total de energía y no más del 28% del total de las emisiones del país. De lado han quedado la quema de combustibles en el transporte, en la gran industria y en el sector residencial, en donde no hay gravámenes a las emisiones, ni tampoco metas concretas de reducción. Con todo, las emisiones han seguido aumentando.

El comportamiento de Chile no es una excepción, pues el resto de los países muestra la misma tendencia en las emisiones. En 2022, las emisiones mundiales provenientes del uso de combustibles y de la industria llegaron a 39 GtCO2, 16% más que 2007 y un 6% mayor a las emisiones de 2020. China, los Estados Unidos, Europa e India sumaron el 61% del total de las emisiones, mientras que Chile representó un irrelevante 0.2%.

W. Nordhaus afirma que estabilizar la anomalía en la temperatura en 2°C, la meta recomendada por el IPCC, ya no podría lograrse. Las mitigaciones de CO2 debieron empezar hace un par de décadas atrás y hoy, la tasa de mitigación tendría que estar en un 15% anual, respecto de una línea base. De haberse seguido esta ruta de mitigación, el costo social del carbono estaría hoy en torno a los US$14/tCO25; por el contrario, el descontrolado aumento de las emisiones ha llevado a que el costo social del carbono supere los US$40/tCO26.

El mismo Nordhaus sostiene que aún podría estabilizarse la anomalía en la temperatura en 2,5°C, pero requeriría de reemplazar toda la energía fósil, por energía cero-emisión en no más de 30 a 50 años7, y además, de la captura de parte del CO2 presente en la atmósfera con tecnología que aún no existe – el carbono en la forma de CO2 puede permanecer en la atmósfera por más de 100 años–.

Combatir al cambio en el clima consiste en mitigar emisiones con el fin de estabilizar el incremento en la temperatura promedio del planeta. De este modo, fuera de un contexto global, las políticas locales de mitigación, no son efectivas y, más bien, lamentablemente, desvían la atención de la verdadera envergadura del problema que enfrentamos y de la necesaria adaptación al cambio en el clima, que es donde deben enfocar sus recursos los pequeños países como Chile. Lo anterior, considerando que la anomalía en la temperatura ya bordea en promedio 1°C y con alta probabilidad alcanzará a 1,5°C en esta década8

El uso de suelos, la flora y los bosques permiten la captura de casi el 50% del total de las emisiones del país. El cuidado de estos recursos, es probablemente la mayor contribución de Chile en cualquier meta de mitigación. Sin embargo, estos sumideros naturales de CO2, están descuidados y cada vez más expuestos a incendios intencionales o provocados por el mismo cambio en el clima.

También se debe asegurar la oferta de agua, como por ejemplo, aumentando la capacidad de embalsar agua para consumo, lo que también permitirá controlar la crecida y desborde de ríos, inundaciones y de paso, reducir emisiones en generación. Los últimos grandes embalses se construyeron hace más de veinte años, lo que explica que, a pesar de las intensas lluvias del segundo semestre, los actuales embalses hayan aumentado su energía almacenada sólo desde 15 a 35% del total de su capacidad, en palabras simples la mayor parte del agua precipitada se perdió y el próximo año nuevamente estaremos dependiendo de la llegada de las lluvias.

En definitiva, las medidas simples y costo eficientes de adaptación deben ser la prioridad del país, sin embargo, inexcusablemente continúan esperando.

Notas

    1. Considera la producción de recursos propios y los flujos de importación y exportación del país.
    2. Se refiere a las emisiones de GEI generadas por la quema de combustibles fósiles en edificios comerciales e institucionales, en los hogares y en actividades relacionadas con la agricultura, la silvicultura, la pesca y la industria pesquera.
    3. El sector uso de la tierra, cambios en el uso de la tierra y silvicultura (UTCUTS) incluye las emisiones
      y absorciones de GEI generadas como resultado del uso, gestión y cambio de uso de la tierra gestionada.
    4. C. Muñoz y A. Galetovic, Chile: un país de bosques, disponible en Breves de Energía , marzo de 2017.
    5. W. Nordhaus, A Question of Balance: Weighing the Options on Global Warming Policies, Yale University, 2008.
    6. R. Tol, Social cost of carbon estimates have increased over time, Nature, mayo de 2023.
    7. W. Nordhaus, Devastating global warming is inevitable due to inaction of international community, Independent, enero de 2017.
    8. Global temperatures set to reach new records in next five years, the World Meteorological Organization (WMO), mayo de 2023.

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