{"id":4093,"date":"2015-04-08T11:10:17","date_gmt":"2015-04-08T15:10:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.conservacionybiodiversidad.cl\/?p=4093"},"modified":"2015-04-08T11:10:17","modified_gmt":"2015-04-08T15:10:17","slug":"pensando-como-las-araucarias-desarrollo-y-conservacion-en-otras-escalas-de-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.terram.cl\/biodiversidad\/2015\/04\/08\/pensando-como-las-araucarias-desarrollo-y-conservacion-en-otras-escalas-de-tiempo\/","title":{"rendered":"Pensando como las araucarias: Desarrollo y conservaci\u00f3n en otras escalas de tiempo"},"content":{"rendered":"<div><a href=\"http:\/\/www.conservacionybiodiversidad.cl\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/Araucan\u00eda-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-2593\" alt=\"Araucan\u00eda-1\" src=\"http:\/\/www.conservacionybiodiversidad.cl\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/Araucan\u00eda-1-150x150.jpg\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>La p\u00e9rdida de bosques nativos exige que se implantan tareas de restauraci\u00f3n ambiental que deber\u00edan medirse en siglos, e incluso alcanzar un mileno. Esto significa la necesidad de acciones y medidas, tanto en los gobiernos como en la sociedad, apuntando al a\u00f1o 3015. El Desconcierto, 29 de marzo de 2015.<\/div>\n<div><!--more--><\/div>\n<div>\nLos incendios de grandes extensiones de bosques en el sur de Chile y Argentina, que est\u00e1n ocurriendo en marzo de 2015, han causado justificada alarma. En el caso chileno se han quemado m\u00e1s de 6 mil hect\u00e1reas en la Reserva Natural China Muerta y el Parque Nacional Conguill\u00edo, mientras que en Argentina ardieron m\u00e1s de 1 600 has en el parque Los Alerces.<br \/>\nBajo esta dolorosa p\u00e9rdida en el patrimonio natural austral, hay un aspecto que apenas asoma y no es sencillo de abordar, pero es de vital importancia. Me refiero a las escalas de tiempo que manejamos nosotros, como seres humanos, frente a los ritmos temporales de la Naturaleza, que son muy distintos.<br \/>\nLas araucarias que est\u00e1n ardiendo en el sur chileno o los alerces en la Patagonia argentina (tambi\u00e9n llamados lahu\u00e1n), pueden tener edades centenarias, y algunos de ellos alcanzan o superan el milenio. Como bien dice el ingeniero forestal Sergio Donoso,\u00a0<a href=\"http:\/\/eldesconcierto.cl\/experto-en-araucarias-en-muchas-generaciones-mas-veran-algo-similar-lo-que-se-esta-quemando\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">en una entrevista en El Desconcierto<\/a>, muchos de esos \u00e1rboles est\u00e1n all\u00ed antes de la creaci\u00f3n del estado chileno, e incluso preceden el arribo de los conquistadores espa\u00f1oles. Advierte que estamos frente a \u201cuna dimensi\u00f3n en tiempo que escapa a nuestra comprensi\u00f3n. Desaparecen bosques que cargan con historias centenarias, en escalas de tiempo mucho m\u00e1s extendidas que las que tenemos cada uno de nosotros\u201d. Las araucarias pueden tener mil a\u00f1os, habr\u00eda lengas y coihues con 400 a\u00f1os de edad, mientras que los alerces patag\u00f3nicos pueden superar los 3 mil a\u00f1os (algunos indican que ser\u00eda la segunda especie de \u00e1rbol m\u00e1s longeva).<br \/>\nPor lo tanto, la p\u00e9rdida de esos bosques exige que se implantan tareas de restauraci\u00f3n ambiental que deber\u00edan medirse en siglos, e incluso alcanzar un mileno. Esto significa la necesidad de acciones y medidas, tanto en los gobiernos como en la sociedad, apuntando al a\u00f1o 3015.<br \/>\n<strong>Tiempos fracturados<\/strong><br \/>\nComprometernos para el a\u00f1o 3015: \u00bfhabla usted en serio?, se preguntar\u00e1n muchos. Estamos frente a un problema fenomenal, ya que nuestros ritmos de vida prestan atenci\u00f3n a las horas, los minutos e incluso los segundos, las actividades personales y familiares se planean en escalas de semanas o meses, y los gobiernos casi nunca planifican, y cuando lo hacen, a duras penas pueden pensar en los pr\u00f3ximos 4 o 5 a\u00f1os. No existe una institucionalidad que piense las pol\u00edticas futuras para las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas, y postular un plan de desarrollo para el pr\u00f3ximo siglo resultar\u00eda un desprop\u00f3sito para unos cuantos pol\u00edticos y acad\u00e9micos. Nuestra pol\u00edtica y mitolog\u00edas del desarrollo no piensan como araucarias o alerces.<br \/>\nEn efecto, nuestro sentido del tiempo es incompatible con los ritmos de esos \u00e1rboles centenarios o milenarios. La pol\u00edtica de los humanos marcha a un ritmo de v\u00e9rtigo y es fugaz desde el punto de vista de la \u201cpol\u00edtica\u201d de las araucarias. Estamos frente a una fractura en c\u00f3mo discurre el tiempo para la Naturaleza y como corre para nosotros.<br \/>\nLas implicancias de esa divergencia temporal son enormes. Lo que nosotros vemos como un lento devenir en los \u00e1rboles no es una amenaza para la humanidad, sino que, por el contrario, los necesitamos para asegurar funciones ecol\u00f3gicas indispensables planetarias para nuestra sobrevida, como reducir los gases con efecto invernadero. Pero, a la inversa, la vertiginosa marcha de los humanos s\u00ed es un peligro para los \u00e1rboles, ya que sus acciones desembocan, por ejemplo, en estos incendios. Desde el sentido del tiempo de los \u00e1rboles de la Araucan\u00eda o la Patagonia, nuestra presencia apenas acaba de ocurrir, es como un destello fugaz, pero que puede acabar con todos ellos. Nuestra capacidad de destrucci\u00f3n ambiental es casi instant\u00e1nea medida en esos ritmos ecol\u00f3gicos. Por lo tanto, no s\u00f3lo estamos frente a dos ritmos en el tiempo casi opuestos, sino que sus consecuencias y peligros tambi\u00e9n son casi opuestos.<br \/>\nEs que los desarrollos no s\u00f3lo act\u00faan modificando los territorios, lo que es muy evidente por ejemplo por la imposici\u00f3n de concesiones mineras o la repartici\u00f3n mercantil de las cuencas hidrogr\u00e1ficas, sino que tambi\u00e9n alteran, deforman y recortan nuestros entendimientos sobre el tiempo. Son concepciones con una cadencia temporal que siempre est\u00e1 corriendo, y que cuando se enlentece, es cuestionada pol\u00edtica y socialmente. Por ejemplo, en Chile, esa cultura est\u00e1 detr\u00e1s de los reclamos por lograr la mayor tasa de extracci\u00f3n minera, forestal o pesquera.<br \/>\nLas concepciones del desarrollo no s\u00f3lo se mueven muy r\u00e1pidamente, sino que deseo llamar la atenci\u00f3n que toda su institucionalidad y bases conceptuales est\u00e1n organizadas para impedir que abordemos los problemas que eso acarrea. Aprovechamos cada vez m\u00e1s recursos naturales, a ritmos m\u00e1s vertiginosos, y somos incapaces de reconocerlo. Las advertencias sobre el pr\u00f3ximo agotamiento de recursos no renovables o sobre el desplome de poblaciones animales o vegetales por sobreconsumo, son sistem\u00e1ticamente ignoradas. Los humanos no s\u00f3lo est\u00e1n acelerados, sino que producen una cultura del desarrollo que activamente les impide comprender que est\u00e1n en una carrera desbocada.<br \/>\nDicho de otra manera, las variedades de capitalismo, desde la m\u00e1s convencional en Europa o aquella en manos del Partido Comunista de China, encogen el tiempo, hasta casi anular algunas de sus dimensiones, y el futuro se lo restringe a expectativas de crecimientos y consumo. La bolsa de valores hace transacciones en fracciones de segundo, y los precios internacionales cambian de hora en hora, mientras los consumidores esperan satisfacciones inmediatas y son incapaces de sopesar las implicancias de sus comportamientos sobre las opciones de vida de sus nietos o bisnietos.<br \/>\n<strong>Minimizando el tiempo ecol\u00f3gico<\/strong><br \/>\nLa minimizaci\u00f3n de las implicancias temporales de los incendios forestales es muy evidente. No faltan los ejemplos que los presentan como \u201caccidentes\u201d, lo que de alguna manera implicar\u00eda que son ajenos a las intervenciones humanas o escapan a sus controles. Esta es una posici\u00f3n que no resiste un examen serio, ya que es frecuente que los incendios comiencen por acciones humanas, intencionales o no, o bien son posibles por el deterioro de los bosques, la presencia de residuos, productos inflamables, etc., todos ellos factores originados en intervenciones humanas. A todo esto se suman las ineficiencias e incapacidades gubernamentales para controlarlos y apagarlos.<br \/>\nTambi\u00e9n existe una minimizaci\u00f3n a partir de torcer la evidencia cient\u00edfica que muestra que ciertos bosques requieren de incendios de tiempo en tiempo para asegurar su regeneraci\u00f3n y recomposici\u00f3n, e incluso para permitir la liberaci\u00f3n de semillas. Este hecho, se\u00f1alado inicialmente para Am\u00e9rica del Norte, ocurr\u00eda en grandes superficies boscosas, bajo condiciones muy distintas a la de los bosques fragmentados actuales. Decir que habr\u00eda unos incendios m\u00e1s \u201cnaturales\u201d que otros olvidan esas particularidades ecol\u00f3gicas, y sirve para ocultar las responsabilidades humanas.<br \/>\nLos grandes incendios tienen adem\u00e1s unos impactos acumulativos. Aunque en nuestra escala de tiempo sean ocasionales, pongamos por caso uno cada diez a\u00f1os, para los ritmos de las araucarias eso sucede rapid\u00edsimo, y se acumulan las p\u00e9rdidas antes que nuevos \u00e1rboles puedan completar sus ciclos de vida.<br \/>\nQueda en claro que las medidas de control y conservaci\u00f3n ambiental disponibles en la actualidad no est\u00e1n pensadas desde las necesidades de las araucarias y alerces, sino que est\u00e1n acotadas al ritmo vertiginoso de los desarrollos contempor\u00e1neos. Lo que se hace en cuestiones ambientales en Argentina, Chile y el resto de Am\u00e9rica Latina, sigue siendo paliativo, y est\u00e1 cada vez m\u00e1s rezagado en poder frenar la p\u00e9rdida de biodiversidad o destrucci\u00f3n de ambientes naturales.<br \/>\n<strong>Las razones de una pol\u00edtica ambiental pensando como araucarias<\/strong><br \/>\nSi asumimos una pol\u00edtica ambiental en serio, en el sentido que realmente asegure la sobrevida de las especies animales o vegetales, son necesarios unos cambios radicales. Debemos pensar (y sentir) como alerces o araucarias, y colocar los objetivos en futuros mucho m\u00e1s distantes, en escalas de siglos o milenios. Es por este tipo de razones que necesitamos una pol\u00edtica de conservaci\u00f3n desplegada hasta llegar al 3015. Hay dos grandes tipos de razones y justificativos para este reclamo. Unos se basan en los conocimientos actuales de la ecolog\u00eda y la biolog\u00eda de la conservaci\u00f3n, y los otros en la necesidad de una nueva sensibilidad y \u00e9tica para salvar al planeta, y a nosotros mismos.<br \/>\nEn el primer caso, la base cient\u00edfica en ciencias ambientales muestra que un problema cada vez m\u00e1s grave es que la fragmentaci\u00f3n de ambientes naturales, o el paulatino encogimiento de las poblaciones de plantas o animales, hacen que sus riesgos de extinci\u00f3n en el largo plazo cada vez sean m\u00e1s altos. Apelando a un ejemplo, si el n\u00famero de jaguares que vive en una selva tropical es peque\u00f1o, y a su vez est\u00e1n atrapados en distintos fragmentos de bosques, separados uno de otros, la posibilidad que se extingan puede ser peque\u00f1a en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas, pero si se la eval\u00faa para los pr\u00f3ximos siglos se vuelve casi una certeza. Algunos estudios predicen un grave encadenamiento de extinciones en los pr\u00f3ximos siglos por la fragmentaci\u00f3n de los bosques y la reducci\u00f3n de su superficie total.<br \/>\nPor lo tanto, una verdadera y efectiva conservaci\u00f3n es la que asegura la permanencia de un ambiente o una especie en el largo plazo, y una buena medida es ubicar esa meta en un milenio. Esta no es una cuesti\u00f3n de romanticismos desubicados, sino de la m\u00e1s reciente y rigurosa ciencia de la conservaci\u00f3n.<br \/>\nEl segundo tipo de razones avanza desde otro flanco muy distinto. Apunta a las necesarias transformaciones en las ideas sobre el desarrollo, ya que all\u00ed est\u00e1n las bases que explican la depredaci\u00f3n de la Naturaleza, el encogimiento capitalista de algunas escalas temporales, y la aceptaci\u00f3n de una cierta crueldad. Es que hay un componente de crueldad en tolerar que se mate, porque eso es lo que est\u00e1 ocurriendo: la muerte de seres vivos que han estado en nuestros territorios desde lo que nuestra mirada entender\u00eda como una eternidad.<br \/>\nDebemos buscar una alternativa al desarrollo que por un lado recupere nuestra capacidad de indignaci\u00f3n y repulsi\u00f3n ante la destrucci\u00f3n ambiental, y que permita recuperar el control sobre nuestros sentidos del tiempo. Necesitamos enlentecernos para una mejor calidad de vida, y para evitar el colapso ecol\u00f3gico. Debemos despojarnos de los mitos y prejuicios de los desarrollos, para pensar y sentir un poco m\u00e1s como los alerces y las araucarias.<br \/>\n*Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latino Americano de Ecolog\u00eda Social (CLAES), en Montevideo. Twitter: @EGudynas y blog en: www.accionyreaccion.com\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La p\u00e9rdida de bosques nativos exige que se implantan tareas de restauraci\u00f3n ambiental que deber\u00edan medirse en siglos, e incluso alcanzar un mileno. 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