Celulosa: la nueva alternativa energética

Según Odepa, superficie forestal está subutilizada. ¿Utilizar la producción de bosques para producir papel o biocombustibles? Esa es la decisión que deberá tomar el país en el mediano plazo, dado el potencial energético que tiene Chile en el sector forestal. Para los empresarios del rubro, los costos aún no permiten desarrollar esta última opción. La Nación 09 de abril de 2007.


Giancarlo Daziano

Ante la incertidumbre energética del último tiempo, la búsqueda de la opción más adecuada para diversificar la matriz energética es una meta fundamental para autoridades y empresarios. El nuevo titular de la cartera de Energía, Marcelo Tokman, confirmó la preocupación del Ejecutivo por asegurar y diversificar las fuentes energéticas para el país en el largo plazo.

Una de las alternativas que manejan los distintos ministerios relacionados con el tema es la producción de biocombustibles, que además de plantearse como un camino rentable por la diversidad de materias primas que se pueden utilizar en su elaboración, aparecen como menos contaminantes que el petróleo.

Ya hace algunas semanas el Ministerio de Agricultura confirmó los proyectos de fomentar la producción de biodiésel a partir de granos -maíz, remolacha, trigo y raps- pero en pequeña escala y mezclado con diésel convencional. Más que una acción rentable económicamente, los expertos creen que es el camino más viable en el corto plazo para insertarnos como país en el mercado de los combustibles ecológicos.

Sin embargo, en el largo plazo, la alternativa es otra. Para el director de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa), Reinaldo Ruiz, la elaboración de combustibles sintéticos a partir de la biomasa forestal aparece como la respuesta más segura para brindar estabilidad al suministro a través del tiempo. “Al país le interesa sobremanera esta tecnología, porque es la única que nos permitirá tener una mayor independencia energética efectiva, en el sentido de que será posible abastecer hasta el 20% de nuestra demanda de combustibles líquidos de transporte, sin afectar la seguridad alimentaria”, afirmó a La Nación.

Según el personero, la posibilidad de producir combustibles sintéticos, similares al etanol o al biodiésel, a partir de biomasa forestal (ligno-celulosa) depende del avance de la denominada “tecnología de segunda generación”. Esta innovación aún está en etapa de desarrollo y, de tener éxito, podría estar disponible comercialmente en 5 a 10 años.

“La pregunta es si estamos dispuestos a apostar por esta opción y comenzar a fomentar las plantaciones forestales para fines dendroenergéticos -utilización de bosques para producir energía- y no para uso maderero, ya que tendríamos que empezar a plantar ahora para tener la materia prima disponible en 10 años”, recalcó el director de Odepa.

Disponibilidad de mercado

De acuerdo con cálculos de Odepa, la demanda proyectada de gasolina para el 2010 es de 3,2 millones de metros cúbicos (m3), mientras que la de diésel para transporte llegará a 4,8 millones de metros cúbicos.

Los estudios de la entidad oficial además indican para generar combustibles líquidos sintéticos a partir de biomasa forestal se requieren aproximadamente 5 m3 de madera para producir 1 m3 de combustibles. Por consiguiente, para producir el 20% de la demanda, es decir, 1,6 millones de m3 de combustibles, se consumirían 8 millones de m3 de madera. Si se asume un crecimiento promedio de 8 a 10 m3 por hectárea al año, se necesitarían cerca de 800 mil a 1 millón hectáreas de nuevas plantaciones forestales.

Ante estas cifras, el director de Odepa explicó que en principio, con la superficie forestal existente en Chile, se podría abastecer una industria de combustibles de segunda generación, “en la medida que el precio a pagar por la biomasa utilizada como materia prima sea suficientemente atractivo como para reasignar la madera que actualmente se exporta a un consumo interno. No obstante, hay que considerar que ya se plantaron los mejores sitios, quedando disponibles sólo terrenos de menor productividad”, comentó.

Ruiz agregó que “lo más conveniente” para el país es continuar plantando los abundantes terrenos forestales todavía disponibles, “pero con nuevas especies especialmente seleccionadas para uso energético, y de ese modo evitar una competencia entre los dos tipos de uso de la materia prima”.

Odepa calcula que si se utilizara bosque nativo en la producción de biocombustibles, que crece entre 4 y 5 m3 por hectárea al año, se necesitaría manejar en forma sustentable entre 1,6 y 2 millones de hectáreas, superficie que -a juicio de Ruiz- ya existe en el país y está bastante subutilizada.

Otra alternativa es utilizar como materia prima parte de la madera destinada a pulpa que hoy se utiliza en las plantas de celulosa, que tiene un menor valor en el mercado. La producción de actual de celulosa consume, a grandes rasgos, 12 millones de m3, por lo que se necesitaría reasignar del orden de un 15% del volumen. “Para que esta reasignación se materialice deben existir incentivos económicos para los productores que les permitan asegurar una adecuada rentabilidad. Esto podría generar presiones en los precios puesto que se produciría una competencia entre las plantas de celulosa y las procesadoras de biocombustibles”, puntualizó.

La necesidad de fomento

Para el vicepresidente de la Corporación Chilena de la Madera (Corma), José Campino, la producción de combustibles ecológicos a través de esta tecnología no es comercialmente factible en las condiciones que actualmente posee el mercado maderero. En su opinión, existe un problema de competitividad de costos, entre el proceso de obtener la materia prima forestal, versus el valor que puede alcanzar en el mercado como fuente de energía. Incluso utilizando los desechos forestales como materia prima, donde sólo es necesario pagar el transporte y recolección, la biomasa es muy poco competitiva frente a los otros usos de la madera”, comentó el ejecutivo.

En este escenario, Campino considera necesario que el Gobierno siga el ejemplo de la Unión Europea -donde este mercado está más desarrollado- y elabore buenas políticas públicas para incentivar la producción forestal destinada a uso energético y, especialmente el uso de desechos para producir la biomasa necesaria. A eso se debe agregar el raleo del bosque nativo “para sacar todo lo que está podrido y utilizarlo como materia prima”, concluyó.

 

 

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