Divorcio entre agricultura y biodiversidad

Otro fenómeno en la crisis alimentaria global. La humanidad ha consumido más de 7 mil especies vegetales en su historia. Pero hoy depende de apenas tres -trigo, maíz y arroz- para satisfacer casi el 70% de sus necesidades calóricas. La Nación, 09 de junio de 2008.


La inmensa diversidad biológica de América Latina ha aportado poco a la agricultura comercial de la región, pese a ser lugar de origen de dos de las cuatro especies más consumidas en el mundo: el maíz y la papa.

La carestía de los alimentos recalentó el debate sobre la producción y el comercio agrícola, incluyendo la fuerte caída de la diversidad en la agricultura comercial.

La humanidad ha consumido más de 7 mil especies vegetales en su historia. Pero en los últimos 100 años ha dejado de cultivar más de tres cuartos, y depende de apenas tres -trigo, maíz y arroz- para satisfacer casi el 70% de sus necesidades calóricas, indican datos de las Naciones Unidas.

Muchos cultivos antiguos, como el amaranto (del género Amaranthus) y la quinoa (Chenopodium quinoa), prometedoras especies latinoamericanas, son hoy poco explotadas ante la expansión de cereales como el arroz y el trigo.

Junto con esos cultivos se pierden también conocimientos asociados a ellos, empobreciendo la agricultura y la nutrición, señalan expertos.

El amaranto fue declarado "el mejor alimento de origen vegetal para el consumo humano" en 1979 por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, por sus proteínas y aminoácidos singulares y por no requerir cuidados especiales, mucha agua ni tierras muy fértiles.

Muy plantado por mayas, aztecas e incas, estuvo olvidado hasta la década de 1960, pero hoy se limita a tan sólo 2.000 hectáreas sembradas.

"Hay una cultura que hace que se prefieran otros productos con menos propiedades alimenticias", lamenta Alberto Martínez, secretario de la cooperativa Sistema Producto Amaranto, de 250 productores de escasos recursos al sur de la capital de México. En 2007, vendieron 300 toneladas de amaranto, cuyo precio actual, 1.000 dólares la tonelada, era el doble en 2006.

Hay plantaciones de amaranto en Estados Unidos, China e India, todas en pequeña escala.

"Al depender de no más de seis cultivos, la población es más vulnerable a las crisis de stock, oferta o demanda", en especial la más pobre, señala Juan Izquierdo, oficial principal de Producción Vegetal de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en América Latina.

Es lo que pasa ahora, con las enormes alzas de los precios de los alimentos en todo el mundo, que amenazan con ampliar en 100 millones de personas el contingente de 850 millones de hambrientos, según el Programa Mundial de Alimentos.

violentas protestas

Este cuadro es resultado de procesos que hicieron a más de 100 países muy dependientes de los alimentos importados, empezando por la ayuda alimentaria, como la de Estados Unidos.

Desde los años 50 se "transfieren patrones alimentarios" a naciones pobres, recuerda Jean Marc von der Weid, coordinador de la ONG Asesoría y Servicios a Proyectos de Agricultura Alternativa de Brasil.

Luego, la apertura comercial "desigual" de las últimas décadas permitió a Europa y a Estados Unidos -muy proteccionistas- "inundar el mundo con alimentos baratos", bienvenidos por un tiempo, hasta que la crisis reveló la trampa, comenta Von der Weid.

La pérdida de diversidad es otra consecuencia. El fonio (del género Digitaria) es un nutritivo y sabroso cereal de África occidental, que acabó confinado al área rural. En Brasil, el trigo sustituyó buena parte del consumo de mandioca (Manihot esculenta), maíz (Zea mays) y fríjoles (Phaseolus).

El problema afecta a especies y a variedades, causando una erosión genética que hace más vulnerables las siembras. Sólo dos tipos de frijoles negros dominan el mercado brasileño, destaca Von der Weid.

Agroecología o agronegocio

Recuperar la diversidad depende de la agricultura familiar y requiere prácticas de agroecología y reforma agraria, opina Von der Weid.

También es indispensable la educación culinaria, porque los hábitos impiden diversificar los alimentos, como han comprobado intentos fallidos de difundir hortalizas en Brasil, apunta.

En cambio, un proyecto chileno de huertos urbanos, con educación nutricional y especies de varias cosechas por año, sí tuvo éxito.

La agroecología, que descarta los productos químicos, es "una propuesta interesante", pero sólo atiende "nichos de mercado y no sustituye" a la gran agricultura comercial, sostiene Ariovaldo Luchiari Junior, jefe adjunto del centro de Medio Ambiente de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria.

Luchiari reconoce una tendencia ascendente, por la mayor demanda de productos inocuos, la caída de fertilizantes no renovables y los buenos resultados de combinaciones agrosilvopastoriles y hortícolas.

Las exigencias del mercado de hoy marcan preferencias por productos de mayor calidad, seguridad, trazabilidad y valor agregado, desde obtener la zanahoria ya rallada hasta una soja con más contenido de isoflavona, sustancia que atenúa los síntomas de la menopausia, apunta.

Mientras, las especies comerciales tienen usos cada vez más diversos: el maíz es alimento humano y animal, y materia prima de muchos productos y de un combustible, el etanol. La caña hace mucho dejó de ser sólo "de azúcar", es fertilizante y origen de plásticos, mientras el trigo no es ya apenas pan, sino galletas, fideos y dulces.

La biodiversidad de nuestra región puede generar nuevos productos de consumo masivo, pero es "un proceso largo", con inversión e investigación para responder a exigencias nutricionales y ambientales. "No es un camino fácil", advierte Luchiari.

"Productividad, uniformidad y procesamiento" son principios necesarios para un cultivo "útil", explica Izquierdo, de la FAO.

La "conciencia" para aprovechar oportunidades es otro factor, acota: Estados Unidos es el mayor productor mundial de quinoa, porque en un condado del estado de Nebraska se le dedican 25 mil hectáreas. La cosecha se destina a un alimento infantil de la corporación Nestlé.

"Los cultivos que han sido objeto de intenso mejoramiento genético, como el maíz, el arroz y el trigo, rinden mucho más por unidad de superficie", afirma Edmundo Acevedo, experto en producción agrícola de la Universidad de Chile. Sin mejoras similares es difícil que especies nativas, como el amaranto y la quinoa, puedan competir en el mercado, añade.

En México, pese a la carestía, la tortilla de maíz no pierde el liderazgo en el consumo. "Si el precio del maíz sube aún más, eso pegará en los bolsillos de todos, pero es imposible imaginar que se deje de consumir, una cultura milenaria sostiene esta dieta", afirma Marcelino Vela, economista y asesor de empresas de alimentos. ln

El rol de la gente
 
Las mujeres ejercen papeles opuestos en la caída de diversidad alimentaria. Como consumidoras, abrumadas por la doble o triple jornada de trabajo, “contribuyen a la homogeneización”, pues buscan alimentos rápidos y fáciles de cocinar, observa Emma Siliprandi, agrónoma y socióloga que investiga las relaciones entre género y comida.

Pero en la agricultura, las mujeres son “depositarias de la biodiversidad, de semillas y de conocimientos” sobre numerosos alimentos, infusiones y hortalizas sembradas en torno de las casas, mientras los hombres tienden a seguir la lógica del mercado, descartando las “menudencias”, dice.

Son mujeres las que iniciaron, en la red internacional Vía Campesina, el movimiento en defensa de las semillas como patrimonio de la humanidad, acota.

En cambio, la preocupación de los indígenas va más allá.

“No sólo hay que rescatar los mal llamados ‘viejos cultivos con alto poder nutritivo’, sino reafirmar nuestra concepción de la Madre Tierra”, afirma el senador Ramiro Estacio, del Movimiento de Autoridades Indígenas del Suroccidente Colombiano (AICO).

Eso significa “rescatar todo un sistema que implique fortalecer los conocimientos, la cultura, la variedad productiva y nutritiva, y permita la reafirmación de los saberes milenarios”, explica.

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