Salmonicultura: una industria con grandes debilidades

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram publicada en diario La Nación el 01 de septiembre de 2008.


Durante años, la industria acuícola nacional, y en específico la salmonicultura, ha tenido un crecimiento constante y un permanente incremento de la producción y las exportaciones, lo que la ha llevado a ocupar lugares destacados en el contexto mundial, junto con Noruega, pese a que los salmones no son especies originarias de Chile. Este acelerado crecimiento ha tenido como efecto que la salmonicultura sea una de las áreas más relevantes de la economía chilena. Hoy, es el tercer sector exportador y genera empleo para miles de trabajadores en la zona sur del país.

Sin embargo, hechos recientes han venido a demostrar que ese crecimiento explosivo genera enormes impactos negativos al medio ambiente y en el ámbito sociolaboral. La industria presenta enormes deficiencias en aspectos considerados fundamentales para el desarrollo responsable de una actividad productiva. Tras casi 20 años de crecimiento acelerado, es evidente que no ha operado con el adecuado resguardo de las condiciones laborales, ambientales y sanitarias.

En la protección del medio ambiente, la acelerada expansión de la industria se ha dado a costa de un uso muy desordenado del borde costero, que ha generado su sobrepoblación en la Décima Región, así como la contaminación de algunas zonas por la carga de residuos sólidos y líquidos en los ecosistemas marinos. Existe una sobre utilización de antibióticos y productos químicos usados para el control sanitario.

Probablemente, el problema que más consecuencias negativas visibles ha generado hasta ahora ha sido la irrupción de los brotes epidémicos de virus ISA, que desde 2007 han afectado a más de 70 centros de cultivo, según información de Sernapesca, y que se siguen propagando en las regiones de Los Lagos y de Aysén. De acuerdo con recientes declaraciones de la industria y el Gobierno, se espera que este problema se agudice aún más en 2009. La epidemia que afecta a los salmones tiene consecuencias en el plano laboral y social, porque la crisis sanitaria ha sido la causa del cierre de plantas de proceso y centros de cultivo, causando el despido de más de 2 mil trabajadores.

La situación resulta en especial significativa si se considera que la generación de empleo es precisamente una de las razones esgrimidas por la industria para justificar su comportamiento en materia ambiental, lo que ahora claramente queda en entredicho. Hoy, es imprescindible establecer el vínculo que existe entre lo laboral y lo ambiental, porque la problemática debe ser abordada de modo integral. La solución a la crisis sanitaria no pasa sólo por la erradicación de la epidemia que afecta a los salmones; es necesario establecer efectivamente cuántos puestos de trabajo se han cerrado por la crisis, qué pasa con las familias y quién se hará cargo de su situación. Es preciso saber cómo y cuánto ha afectado la disminución de la producción de salmones a las remuneraciones de los/as trabajadores y trabajadoras por concepto de bono de producción. Es el momento de revisar las prácticas ambientales y laborales de la industria.

También es importante develar las responsabilidades de los distintos actores involucrados. Primero, los empresarios del sector, muchos de los cuales han actuado de manera tardía y débil ante la gravedad de los hechos. Aun más, en el mediano plazo, la mejor "estrategia" que han encontrado para enfrentar la epidemia de ISA es trasladar la producción a zonas no infectadas, es decir, trasladar el problema en vez de modificar sus prácticas de cultivo y cosecha.

Sin embargo, no se debe dejar de lado el papel que debiera y debe tener la autoridad gubernamental en este plano, en términos tanto de regulación como de fiscalización de la actividad. La crisis nos ha mostrado la incapacidad de esta industria para regularse y tener buenos comportamientos ambientales y sanitarios, y al mismo tiempo ha demostrado que la actual ausencia del Estado se refleja en una débil normativa, escasa fiscalización y una total ausencia de planificación de la actividad, con las consecuencias ya conocidas.

La crisis por la que atraviesa la salmonicultura debería servir para marcar un punto de inflexión en el desarrollo de la industria. Es necesario mejorar la normativa ambiental y las condiciones laborales antes de pensar en el desarrollo y/o expansión de esta industria, de manera de valorar y respetar cada uno de estos componentes. Es urgente observar y analizar lo que ha ocurrido y sacar lecciones de ello, antes de seguir promoviendo un crecimiento acelerado. El futuro de esta industria debe ser discutido y analizado mediante un diálogo honesto, transparente, informado y participativo, con la presencia de todos los actores involucrados: empresarios, entidades gubernamentales, trabajadores y sociedad civil. La comunidad nacional no puede seguir esperado.

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