Aysén: ¿Reserva de vida o cambio de vocación productiva?

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en diario El Divisadero el 22 de junio de 2009.


En los últimos dos años la salmonicultura ha registrado una de las debacles más rápidas y acentuadas que haya afectado nunca a una industria nacional, originada en sus malas prácticas ambientales y sanitarias, las que han desembocado en una aguda crisis laboral, social, económica y financiera.

Las deficientes condiciones de funcionamiento de la salmonicultura nacional, producto en gran medida del rápido crecimiento y de la falta de regulaciones en el sector, favoreció la aparición y rápida expansión de enfermedades como el virus ISA y el piojo de mar o cáligus, entre otras.

Hoy, el sector intenta a duras penas sobrevivir a esta crisis, que ha mermado la producción en más de un 30 por ciento si se consideran las tres principales especies de salmones que se cultivan en Chile, y en cerca de un 60 % si se considera sólo el Salmón del Atlántico (la especie más cultivada) y que hoy tiene sus activos en un mínimo nivel. Debido a esto, los industriales enfrentan una difícil negociación con la banca, a la cual adeudan un total cercano a los US$ 2.000 millones, mientras en el Congreso el gobierno impulsa la promulgación de una reforma a la Ley de Pesca que establecería una serie de facilidades y nuevas condiciones de funcionamiento para la industria.

En el mediano plazo, entre las opciones que se pretende implementar se cuenta desplazar buena parte de los centros de cultivo hacia el sur, específicamente a Aysén y Magallanes.

Pero para apoyar un rescate a la industria salmonera de esta magnitud es imprescindible evaluar el impacto que un proceso de esta naturaleza puede significar. Lo primero es saber a ciencia cierta cuánto ha invertido el estado, es decir todos los chilenos, en esta industria a través de bonificaciones a la mano de obra y fondos para la investigación. También se deben analizar las consecuencias que ha sufrido la Región de Los Lagos, hasta ahora epicentro de la producción salmonera. Es necesario consignar que esta industria modificó profundamente la fisonomía social y productiva de esta zona, que ha visto cómo se ha transformado el estilo de vida de una parte importante de su población. Su derrumbe significa que cada día crece el número de personas que ven desaparecer su fuente laboral, pues la industria ha despedido unos 17.000 trabajadores, de un total de 50.000 con los que contaba antes del inicio de la crisis.

La Región de Aysén, en tanto, cuenta con una identidad fuerte y bien definida. En los últimos años, los ayseninos se han involucrado en procesos de debate público en el que han elaborado propuestas concretas en cuanto a su vocación económica y productiva, la que en gran medida está vinculada al turismo de intereses especiales. Como parte de este proceso, además, se definió la frase “Aysén, Reserva de Vida” como una idea fuerza que contiene y es capaz de proyectar esta vocación, y que implica que la región pretende priorizar el cuidado y conservación de sus valiosos ecosistemas naturales, de características únicas a nivel planetario.

En esta misma línea, el gobierno regional lideró un proceso participativo en el que se definió una zonificación del borde costero de la región, el primero de Chile, a través del cual se definieron los usos preferentes y una compatibilización entre las distintas actividades económicas existentes (turismo, pesca artesanal, cultivo de choritos, investigación científica, etc.).

Este proceso de definiciones debe reforzarse y respetarse si se pretende insertar un nuevo tipo de actividad como la salmonicultura, que conlleva fuertes impactos sanitarios, ambientales y sociales.

Algunos empresarios del sector han reconocido que cometieron errores en el pasado, y que para que la industria salga a flote, será necesario modificar algunos usos y prácticas. La ley actualmente en discusión facilita la desconcentración territorial de la industria y por ende la expansión en forma intensiva de la actividad hacia el sur, lo que puede considerarse una prueba de fuego en relación a estas declaradas intenciones de ser Reserva de Vida. La manera en que la industria diseñe y materialice su llegada a Aysén y Magallanes será una señal para saber si están dispuestos a asumir cambios profundos y significativos, de manera de evitar el oscuro panorama que han dejado en la Décima Región.

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