¿Y qué pasó con SalmonChile?

Columna de Opinión de Giuliana Furci, Coordinadora del Programa de Salmonicultura de Fundación Terram, publicada en El Mostrador el 24 de agosto de 2009.


SIGES, Acuerdo de Producción Limpia (APL), Playas Limpias, todo bajo control, todo perfecto, todo limpio. Esta era la situación según SalmonChile al año 2007, hasta que finalmente se demostró que las organizaciones ciudadanas que pedían mayores resguardos ambientales y sanitarios traían algo de verdad en su discurso catalogado por el gremio como "anti-salmonicultura".

La asociación gremial, que hacía de filtro y escudo para las empresas productoras de salmón y trucha, parece haberse desmoronado, dando lugar a otra asociación de productores, a que se desmarquen las grandes empresas ante la prensa y a una fuerte reestructuración interna, incluido cambio de oficinas y de gerente general.

Actualmente, el vocero de la asociación es su presidente César Barros, quién descansa en que la industria salmonera no es diferente de las demás industrias del país y que no hay nada que cambiar en la forma de producir, sino que es el Estado quien debe regularlos y fiscalizarlos. Por otro lado, el nuevo gerente general, Carlos Odebret, reconoce incluso en televisión que se debe cambiar la forma de producir, atendiendo a las variables ambientales y priorizando el tema sanitario. Posiciones opuestas dentro de la misma asociación.

Empresarios angustiados y agobiados por las millonarias deudas que mantienen con los bancos y sus proveedores, y que están despojados de sus acciones y patrimonios, reconocen errores en la conducción del crecimiento de este sector. Un quiebre evidente dentro del gremio, y la evidencia de que el "discurso anti-salmonicultura" provenía de la misma asociación gremial, ya que ésta no supo resguardar el capital de sus afiliados ni promover regulaciones eficaces, y declaraba que todo estaba bajo control, todo perfecto, todo limpio. Ante demandas ciudadanas, se respondía con porcentajes de cumplimiento de los APL, de cumplimiento con el SIGES, con números de jardines infantiles y cantidades de limpiezas de playas. Pero todo eso de nada sirvió para mantener limpio el medio ambiente en el cual desarrollaban su actividad.

Luego de tantos años vociferando las maravillas de la autorregulación, nos encontramos con una asociación gremial dividida, que osa culpar al débil marco regulatorio de la crisis por la que atraviesan sus afiliados y que sigue sin reconocer sus evidentes errores, luego de muchos años clamándose de los más regulados.

Comments are closed.