Dudas y pesimismo se cuelan en la batalla contra cambio climático

Después del Protocolo de Kyoto, ¿qué? Tras el fracaso de Copenhague, recomponer la confianza fue la consigna de las negociaciones que se llevaron a cabo en Bonn hasta el viernes, pero sin muy buen resultado. El;Mercurio, 14 de junio 2010.;


Cientos de personas de todos los colores imaginables, con distintos acentos y atuendos y con el firme propósito de mejorar el mundo, no bastan para frenar el calentamiento global.

Así fue el ambiente que se vivió en Bonn, ciudad alemana que hasta el viernes recién pasado fue la sede de una ronda de negociaciones entre los países que buscan generar un nuevo acuerdo internacional que releve al Protocolo de Kyoto cuando éste llegue a su fin en 2012.

Los ánimos, dado el fracaso de esta misma idea en la convención COP15 de Copenhague el año pasado, a poco de comenzar las reuniones ya estaban bajos. La incertidumbre y el pesimismo se instalaron por la extrema lentitud de las negociaciones que, a juicio del saliente secretario de la ONU para Cambio Climático, Yvo de Boer, no necesariamente terminarían en acciones claras y contundentes. "No veo al proceso entregando objetivos de mitigación suficientes en la próxima década", dijo para referirse a la ausencia de metas concretas en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Y no se equivocó, por lo menos en lo que a esta reunión se refiere. La conferencia climática de Naciones Unidas (ONU) en Bonn finalizó el viernes sin que se pudiera lograr ningún avance significativo para alcanzar un nuevo acuerdo que ayude a frenar el cambio climático.

Los cerca de 4.500 negociadores de todo el mundo que se dieron cita en esa ciudad alemana en las dos últimas semanas no mostraron señales de cambio ni fueron capaces de determinar nuevos objetivos medioambientales vinculantes.

Al término de las negociaciones se presentó un nuevo borrador, pero, además de que es muy controvertido, no ha sido aprobado. En el nuevo boceto que se mostró el viernes sólo se dice que las emisiones globales se tienen que reducir del 50 al 85% hasta 2050 en comparación con los niveles de 1990. Los países industrializados han de garantizar una reducción de entre el 80 y el 95%, y hasta 2020 tienen que llegar del 25 al 40%, aunque la base desde la que se mide aún está abierta.

Sin China ni EE.UU.

El mayor problema para que surja un nuevo acuerdo como el de Kyoto (con compromisos de reducción de las emisiones contaminantes) es que algunos países como Estados Unidos y China, que son los más grandes emisores de gases en el mundo, no están disponibles para hacer un compromiso de esas características.

De hecho, y según fuentes de la delegación chilena, la postura de China en Bonn no se ha movido ni medio centímetro desde Copenhague. Y sobre un posible compromiso en la reducción de sus emisiones de CO {-2} , este país lo resolverá por la vía de la formulación de una ley que se discutirá internamente y que no promete ver la luz pronto.

Por esta y otras razones, Estados Unidos, China, India, Brasil y Sudáfrica hicieron un acuerdo paralelo en Copenhague a puertas cerradas. Eso fue lo que gatilló la gran decepción tras esa cumbre de 2009. Pero ahora, y tal como se ha visto este proceso desde la delegación chilena, ese acuerdo originalmente paralelo ya se está legitimando y se introdujo al texto que se negoció en Bonn.

Hoy los puntos cardinales en el debate son la mitigación del daño ecológico ya hecho, la transferencia tecnológica para producir un desarrollo sustentable y el financiamiento de este cambio para los países en desarrollo que no tienen estos recursos, para que se adapten al modelo verde.

De ellos, el financiamiento ofrecido en Copenhague (30 mil millones de dólares de aquí a 2012 y 100 mil millones al 2020) y la manera como se hará llegar a quienes lo necesitan han sido motivo de fuerte controversia en Bonn. No hay confianza entre las partes.

Tal como dijo De Boer, una cosa son los compromisos, y otra que el dinero llegue a destino. Y, por otro lado, los países desarrollados conminados a dar estos recursos quieren que lleguen a destino y a proyectos que, en efecto, signifiquen progreso sin contaminación.

Otra gran piedra de tope que genera enorme pesimismo es la cada vez más lejana posibilidad de lograr en la cumbre de México, en noviembre próximo, un acuerdo "jurídicamente vinculante" sobre cambio climático. Es decir, un acuerdo que implicaría la adopción de normas para frenar el calentamiento global en todo el mundo.

Pero la semana pasada (ver recuadro), el embajador de México para Cambio Climático, Luis Alfonso de Alba, criticó a los pesimistas extremos y sugirió darle una oportunidad a la cumbre de México antes de desahuciarla.  
 
Próxima estación: Cancún

El pesimismo de los últimos días de Yvo de Boer en su cargo y la consecuente desazón de las ONG ambientalistas marcaron las negociaciones en Bonn. Por eso, el embajador de México para Cambio Climático, Luis Alfonso de Alba, llamó ayer a no declarar el fracaso anticipado de la cumbre de Cancún.

De Alba, si bien prefiere bajar las expectativas y sugiere una posición más realista, cree que en México no se logrará un solo acuerdo, sino dos o tres. Y aunque éstos no sean sobre el tema que divide hoy (un acuerdo que genere obligaciones legales en todo el mundo con compromisos de reducción de emisiones de gases), De Alba sí cree que pavimentarán el camino a esa misma meta en el futuro, en una próxima convención.

En lo que fue clarísimo es que no quiere repetir lo de Copenhague, en el sentido de generar enormes expectativas sobre algún acuerdo poco realista, como pasó en esa oportunidad.


 

Comments are closed.