Terremoto y medio ambiente, una deuda pendiente

Columna de opinión de Paulina Vera, Periodista de Fundación Terram, publicada en portal Levantemosciudadania.cl en el marco de la conmemoración del Día del Medio Ambiente. Levantemos Ciudadania 07 de junio 2010.;;


Este 5 de junio se celebró en todo el planeta el Día Mundial del Medio Ambiente, ocasión en la que se recuerda la creación, hace casi 40 años, del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

En esta ocasión, la fecha encuentra a nuestro país en una difícil situación medioambiental, en proceso de recuperarse de un enorme cataclismo que, además de grandes pérdidas humanas y materiales, provocó un profundo daño a nuestro entorno natural.

Lamentablemente, se desconoce con certeza la medida de este daño, pues las autoridades han sido incapaces de realizar una evaluación independiente y fidedigna de la situación. Tanto la Ministra de Medio Ambiente como otras autoridades han entregado sólo datos parciales y preliminares sobre los daños en diversos ámbitos: infraestructura pública, áreas silvestres protegidas, estado de las instalaciones industriales en las zonas más afectadas por el terremoto. Sin embargo, especialmente respecto a este último punto, los informes de la autoridad se han construido casi exclusivamente con información proporcionada por las propias empresas afectadas, datos que el aparato público no ha tenido la capacidad de contrastar en terreno, de manera de confirmar o precisar la situación.

Esta misma incapacidad de despliegue en terreno ha impedido, además, fiscalizar el estado en que se encuentran las instalaciones productivas de cara a la reanudación de su funcionamiento. Así, resulta imposible saber si las plantas de celulosa, procesadoras de alimentos, hornos industriales, etc., se encuentran en condiciones óptimas desde el punto de vista ambiental y sanitario, y no generarán mayores daños a la salud de las personas y a los ecosistemas. Por ello, desde la sociedad civil se ha insistido en la necesidad de realizar una evaluación exhaustiva y someter a evaluación ambiental a todos las unidades productivas que resultaron con daños después del 27 de febrero. Pero, por el contrario, en la práctica se ha optado por privilegiar la recuperación económica de las zonas afectadas, olvidando consideraciones de seguridad mínimas o, peor aún, dejando este tipo de decisiones en manos de los titulares de los proyectos.

Sin duda, esta es una pésima señal de cara al proceso de reconstrucción que debe abordar el país en los próximos años, y entrega un indicio respecto a las características que puede tomar este proceso de la mano del gobierno que encabeza Sebastián Piñera. Cabe señalar que por ahora no se conoce un plan global, ni se ha explicitado de parte del Jefe de Estado el sentido que pretende imprimir a este proceso. En su lugar, se ha limitado a establecer una serie de medidas focalizadas (impulsar el inicio del año escolar en las zonas afectadas, construcción de viviendas de emergencia, entre otras), y se ha centrado principalmente en proponer mecanismos de financiamiento para las tareas de reconstrucción.

Y pese a que no se ha señalado de manera explícita, sí ha quedado plasmada en los hechos una clara tendencia a otorgar un papel relevante al sector privado, especialmente a las grandes empresas. Se espera, por lo pronto, que éstas jueguen un rol relevante en lo relativo al financiamiento, tanto a través de donaciones que se pretende acelerar con beneficios tributarios, como por mayor recaudación tributaria gracias a una reforma que discute actualmente el Parlamento. Como contrapartida, se ha otorgado un escaso espacio a la voz de la ciudadanía organizada en la toma de decisiones respecto a todo nivel. Sin duda, una reconstrucción carente de la visión de la sociedad civil corre el riesgo de constituir un proceso débil y con escaso sustento.

Esto se ver reforzado con el hecho de que, en términos generales, no se conoce una estrategia global de parte del gobierno para enfrentar el mediano y largo plazo. Para construirlo, el gobierno debiera emprender de inmediato, acciones que permitan reforzar la participación ciudadana, generando instancias tanto formales como autogestionadas, e intensificar la descentralización en la toma de decisiones. Sólo si se cumple este requisito mínimo los chilenos podremos mirar con mayor confianza el futuro, enfrentar en mejor pie la enorme tarea de reconstruir lo dañado por el terremoto, y hacerlo aún con mejores estándares, tal como ha insistido el Presidente.

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