La puerta giratoria en el Ministerio de Energía

Columna de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva Fundación Terram, publicada en El blog de la Tercera el 23 de julio de 2011.
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En los últimos años, gracias en buena medida a una serie de protestas masivas en contra de proyectos emblemáticos –HidroAysén, Isla Riesco, termoeléctricas en Punta Choros, Campiche, Patache, Los Robles Castilla y  tantos otros- la ciudadanía ha tomado cada vez más conciencia de la importancia de debatir en torno al problema energético y particularmente sobre la matriz eléctrica que se desea y requiere para Chile. Por una parte el presidente Piñera, desde que era candidato, se comprometió públicamente con las Energías Renovables No Convencionales (ERNC), rechazando las termoeléctricas a carbón, pero  manteniendo un signo de interrogación respecto a HydroAysén, diciendo que le preocupaba de sobremanera el tendido eléctrico. Luego en su programa de gobierno incluyó ciertas promesas como llegar a tener un 20 % de ERNC el año 2020, fomentar el net metering o medición neta y otras alternativas que fomentan la desconcentración de la generación, todo esto en un marco de una política basada en la diversificación y seguridad energética de mediano plazo.

En base a los compromisos adquiridos en el programa de gobierno, a la creciente conflictividad de los proyectos de generación eléctrica, y las movilizaciones ciudadanas se produjeron los anuncios del Presidente el 21 de mayo en el Congreso Nacional, cuando nos sorprendió con la carretera publica eléctrica. Pero además de ello, el Presidente a comienzos de mayo anunció la creación de una comisión de especialistas, denominada Comisión Asesora Eléctrica que se abocaría a estudiar y elaborar propuestas al respecto, con el propósito de contar con una política eléctrica de mediano plazo.

Sin embargo, la intención declarada del Ejecutivo y particularmente del Presidente de la República, quien tiene como compromiso histórico fomentar las Energías Renovables No Convencionales, para establecer un cierto ordenamiento en el sector eléctrico, se ha topado con un problema práctico, y es que por primera vez desde que se tenga memoria, en menos de un año y medio de gobierno tres personas distintas han ocupado el cargo de mayor nivel en materia de energía. En calidad de Ministro de Energía, ahora deberá asumir Rodrigo Álvarez (UDI) como el cuarto titular de la cartera, tras la abrupta salida de Fernando Echeverría.

Se podrá decir que cada cambio obedeció a situaciones específicas y puede haber sido, hasta cierto punto, inevitable, pero lo cierto es que por un lado, este hecho refleja la inexperiencia del gobierno de Piñera, el primero de derecha elegido democráticamente en el país en más de medio siglo, y por otro, ha tenido el efecto práctico de dejar al país en una situación compleja, sin una conducción clara en un área que cobra cada vez más importancia en el debate público y que es el motor de la economía del país. La manera en que se tomen las decisiones en relación a energía y el rumbo u orientaciones en esta materia, serán decisivas para el futuro del país, pues marcará tanto su crecimiento económico, como la manera en que enfrentará los desafíos más importantes de este siglo: la mitigación y adaptación al cambio climático, el derecho de los ciudadanos a vivir en una ambiente libre de contaminación, el derecho a la salud de las personas, el resguardo de actividades económicas locales y la protección de ecosistemas críticos. En general, una adecuada conducción debería implicar el mejoramiento de la calidad de vida y la convivencia en el país.

Tras la renuncia de Echeverría y el rápido nombramiento de Álvarez, la ciudadanía tiene el derecho a preguntarse ¿Qué pasara ahora?, pues tanto la trayectoria como el perfil del ministro Echeverría recientemente renunciado, como el de Álvarez que asume, están distantes de temas energéticos. Este último tiene un perfil político y por tanto, la conducción de un ministerio con crecientes problemas asociados a conflictos ambientales en materia energética eléctrica, es su desafió. Pero finalmente resulta evidente que desarrollar e implementar una política energética eléctrica con una matriz más limpia y sustentable, no le ha resultado fácil al Presidente Sebastián Piñera.

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