El sacrificio de Quintero y Puchuncaví

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en portal El Dinamo el 15 de septiembre de 2011. Vea Blog de El Dinamo AQUÍ.


La semana pasada conocimos del tercer episodio de intoxicación masiva en la bahía de Quintero en lo que va del año, que han afectado a localidades aledañas como Puchuncaví, Campiche, Ventanas y La Greda, entre otras. Se ha tratado en todos los casos de eventos masivos, que han involucrado a varias decenas de personas, la mayoría de ellos niños que se encontraban en las escuelas locales, y que se vieron afectados junto a sus profesores: mareos, vómitos, desmayos. Todos síntomas a los que esta comunidad se ha comenzado lamentablemente a acostumbrar.

Desde hace varias décadas, en un marco de nula planificación y fiscalización, se comenzaron a instalar en la zona una tras otra una serie de industrias contaminantes, incluyendo plantas químicas, fundiciones y varias termoeléctricas, que siguieron a la refinería Ventanas que comenzó a funcionar en 1964. Así, se ha configurado un polo de “desarrollo industrial”, que ha sido calificado por las autoridades como una “zona de sacrificio”, es decir, un área en la que se entiende que está autorizado contaminar, dañando irreparablemente los ecosistemas y lo que es peor aún, afectando significativamente la salud, calidad y forma de vida de las personas.

Peor aún, pese a que la ley ambiental existe desde el año 1994, la inmensa mayoría de las unidades productivas nunca fueron evaluadas ambientalmente y por lo tanto no cuentan con Resolución de Calificación Ambiental. Así, la contaminación que generan no ha sido pesquisada y las sucesivas autoridades ambientales han tenido poca o ninguna preocupación por lo que ocurre en esta zona, salvo cuando se producen “eventos” como los que hemos conocido este año. Pero lo cierto es que esta historia tiene larga data y son muchos y diversos los episodios de contaminación que se han vivido en la zona y que han quedado en el olvido colectivo.

Dada la frecuencia e intensidad de los últimos eventos, algunos parlamentarios y autoridades locales han comenzado a pedir con insistencia que se evalúe el daño y que se elaboren y apliquen planes de limpieza de la zona, de manera de disminuir y/o mitigar el efecto que genera este polo industrial en el ambiente y los habitantes locales. Sin embargo, si no se introducen modificaciones profundas en la manera de funcionar de las instalaciones, así como en la fiscalización y planificación desde el Estado, es decir, si las instituciones públicas no asumen su rol y no se restringe de manera efectiva las fuentes de la contaminación, toda acción encaminada a limpiar la región será en vano.

Especialmente porque a pesar de lo sobrecargada de la bahía, con evidentes signos de contaminación de sus aguas, suelo y aire y fuertes repercusiones en su población, lejos de poner un freno, los privados han propuesto intensificar la actividad industrial, y actualmente se contabilizan más de diez proyectos de diversa índole que se encuentran en distintas etapas del proceso de calificación ambiental o que ya están aprobados y se encuentran en fases de implementación. El más polémico de ellos es la termoeléctrica Campiche, fuertemente resistido por la comunidad, pero que ha superado todas las etapas del proceso ambiental, mediante procedimientos administrativos altamente cuestionables.

Resulta indignante la histórica desidia de las autoridades, a todo nivel, en un caso como éste, especialmente al contrastarla con la preocupación que han mostrado varios gobiernos para apurar la aprobación de proyectos de alto impacto. La situación de la Bahía de Quintero es dramática y un ejemplo de lo que no debemos hacer como país: condenar al sacrificio a personas y ecosistemas.

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