La Bicicleta

Columna de opinión de Pedro Serrano, Presidente de Fundación Terran, publicada en portal Chasquis.cl el 13 de septiembre 2011.


El esquema es simple, casi fome, la bicicleta, gran creación de la dictadura, se sostiene también gracias a algunos trucos llamados “de amarre”. A continuación explicaré formas y significados.

Tenemos un Estado rico, singularmente rico, la riqueza es tan connatural al país que ni siquiera nos damos plena cuenta, la riqueza está allí hace millones de años, es parte de nuestro ambiente, como el cobre que los antiguos chilenos explotaban hace más de un milenio y ya en esa época se quedaban atrapados, como lo indica “el hombre de cobre” que está en un museo de historia natural de New York. También nuestra riqueza forestal daba sombra a los mastodontes y los megaterios. Para que decir las riquezas oceánicas desde el tiempo de los plesiosauros. Riquezas ambientales y naturales de todos los chilenos.

De algún modo finalmente el Estado de Chile moderno es singularmente rico. Su gente trabaja y produce mucho dinero de esas riquezas. El dinero, un invento relativamente nuevo, generó una clase ambiciosa y experta en su dominio, que en Chile tiene desde siempre un 2% de la población y ha llegado, la riqueza, a concentrarse en unas cortas 7 familias, que dominan los medios de comunicación, la justicia, la ley, el congreso de la república y por supuesto la banca.

Al otro lado de la riqueza, en manos de ese 2%, está el sistema receptor de la bicicleta. Fundamentalmente conocido como “la Banca”, que incluye a la banca prestamista tarjetera, que se apellida como “retail”, puesto que no se encontró un nombre en español digno para el sector.

En medio de todo esto, estamos los que pedaleamos, vale decir, extraemos, cultivamos, pescamos, construimos, educamos, tramitamos, nos multiplicamos, cantamos, bailamos y consumimos.

Para hacer funcionar la bicicleta los pedaleantes deben realizar el más simple de los actos: Tomar dinero ganado con el sudor de sus 13 millones de frentes trabajadoras, desde la riqueza del Estado y pasarlo pedaleando, lo más intacto e intocado posible, a la banca. Como ya no existe la banca estatal hay que entender que es toda Privada. Esa es la bicicleta. Invento mundial, patentado en Chile con los altos auspicio de un golpe de Estado.

Los pedaleantes alimentados por tónicos para pedalear tan burdos como el kino, yingo, CDF, pantalla plana y autito, más un ingenioso sistema duopólico de medios de comunicación, cuyo objetivo, debemos reconocer bien logrado, es “estupidizar” lo más posible al mundo pedalero. Todos los pedaleantes son incentivados y reciben nuevas e ingeniosas formas de mejorar el pedaleo. Como por ejemplo, pasarle a la banca todas sus imposiciones, para que esta pueda especular en las bolsas del mundo, y 40 años después, reciba el pedaleante, ya muy viejo para alegar, una perfecta miseria, el truco se conoce como AFP. Tan bueno, que ha sido copiado como la maravilla por otros carteles latinoamericanos. Hay buenos trucos complementarios como las “Isapres”, seguros varios contra el miedo, inmobiliarias, crédito para vivienda, tarjeta de crédito para consumo tipo Polar, etc. Pero un truco genial para incentivar el pedaleo de la bicicleta, es el de la educación pagada del bolsillo propio o con créditos de todo tipo, esta última y genial mejora pedalera, hace que millones de pedaleantes le den al pedal por casi veinte años y queden endeudados con pedaleos intensivos por veinte años más, “todo sea por la educación de los hijos” y la movilidad social con limites, como dice el comercial pro pedaleo intensivo.

Lo genial del sistemita de bicicleta implementado, es que echa mano a todo aquello que en un país civilizado y de punta es un indiscutible derecho: salud, educación, jubilaciones, vivienda, etc. Los Países civilizados resuelven esto con buenos y proporcionales impuestos a las ganancias, royalties o impuestos a la extracción de riquezas de la patria y por supuesto, justamente, impuestos al lucro. Pero para eso hay que ser civilizado.

El principio del fin de todo este sucio asunto, parece que se da cuando todo lo que se conoce como “la familia política”, sostenida y coaptada por los dueños de la bicicleta y alimentados sus sueldos de excepción por los mismos pedaleros, se encuentra tan embadurnada con el fango que salpica la bicicleta, que pierde credibilidad y apoyo pedalero, debo decir “popular”, a niveles que hacen inestable al sistema y la cosa se comienza aponer difícil de manejar.

Eso está pasando en varias partes del planeta y por supuesto en Chile, donde las reuniones de los clubes de ciclistas, cacerola en mano, juntan a cientos de miles, que se dieron cuenta de todos los trucos antes descritos. Si dejan de pedalear el asunto se puede poner desastroso para unos pocos. No creo que sea tan difícil darse cuenta para los dueños de la bicicleta, que ya nos dimos cuenta.

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