Pelequén no logra respirar en paz

Esta semana se cumplieron cinco meses de un estallido social que evidenció la nauseabunda realidad que vivía este pueblo de la Región de O’Higgins, invadido por moscas y pestilencia. Aunque la contaminación procedía de una planta industrial que fue cerrada, los pelequeninos afirman que el hedor continúa, que todo empeorará en verano, y que nadie los escucha. El Mercurio, 13 de agosto 2012.


"El olor de los muertos es una cuestión repugnante, que no se olvida. Se te mete en la nariz y te queda grabado en el cerebro. Y ése era el olor que muchas veces aguantamos. Eran noches enteras en que esa peste no te dejaba ni dormir".

Juan Garrido, 58 años, habitante de Pelequén desde hace más de cinco décadas, arruga la frente, cierra los ojos y contrae sus labios, como si aguantara una repentina arcada, o simplemente como un gesto teatral.

Pasan unos segundos, respira, y continúa: "Era insoportable, como tener un cerro de mierda junto a ti". Luego agarra una escoba, recoge algunas hojas desde el suelo y comienza a relatar cómo fue que cientos de vecinos se organizaron para luchar contra Colhue, una planta procesadora de lodos sindicada como responsable de la pestilencia que invadía el lugar, y que hace poco más de cinco meses puso a este pequeño pueblo en las noticias.

La cosa fue así. El domingo 8 de abril, mientras miles de automovilistas trataban de retornar a la capital después de un fin de semana largo, unos 200 pelequeninos salieron hasta la Ruta 5 Sur para protestar. Reclamaban por el hedor que se colaba a través de las ventanas cuando llegaba la noche, por las moscas que atestaban sus hogares en el día y por los malestares físicos provocados por la constante pestilencia.

La manifestación no sólo generó un taco de 40 kilómetros ese día. También puso a este pequeño pueblo de la Sexta Región en la mira de las autoridades sanitarias. "De ahí en adelante, Pelequén se transformó en un pueblo sin ley. Todos los días había barricadas, protestas y las calles se llenaron de banderas negras. Pero gracias a Dios ganamos, y la planta se cerró", explica Isabel Negrete, presidenta de la junta de vecinos de la población San Luis, dueña del restaurante "El buen amigo" y madre de un ex trabajador de Colhue.

Moscas ausentes

Hoy no se ven moscas. "Se deben haber ido, por el frío. Y el olor… el olor sigue, pero no tan fuerte como antes", explica ella.

No toma mucho tiempo constatar lo que dice. En ciertos momentos del día, las calles más bien desiertas del pueblo son invadidas por un olor casi tan ingrato como el que aguantaron durante meses. Una fetidez comparable a la de un desagüe colapsado.

"Sin duda que en esta época las moscas ya no están, es una cuestión de orden climático. Pero hace dos noches hubo muchos olores", confirma el alcalde de Malloa, Luis Barra, quien tampoco cree que el cierre de la consabida planta significará el fin de los problemas.

Isabel Negrete atiende en el restaurante "El Buen Amigo". Mientras destapa una garrafa y le sirve una cañita de vino a uno de sus parroquianos, afirma que "esos olores vienen de los canales de regadío, que también están contaminados. Una vez un caballero examinó el agua, y nos dijo que estaba infectada (…) Esto está denunciado a las autoridades, porque con esa agua se riegan las hortalizas que uno come".

Los comensales asienten en silencio.

La peste no se va

Otros no se quedan tan callados. Para ellos, los olores se mantienen, sospechan de otra empresa que posee una planta procesadora de alimentos en la zona y aseguran que apenas suban las temperaturas, a la pestilencia se sumarán las moscas, que regresarán como una plaga bíblica.

"Es angustiante vivir así. La peste ya no es como antes, pero sigue presente", opina Claudia Ramírez, mientras su vecina, Graciela Herrera, complementa con voz terminante: "Es olor a caca. Corre un poco de viento y se levanta. La gente que vive cerca de los canales es la que más sufre, sobre todo por las enfermedades estomacales".

Germán Pardo, dueño de la empresa Colhue, está alejado de la polémica en la que se vio envuelto hace unos meses, pero no del pueblo. Sus oficinas siguen ubicadas en Pelequén.

Luego de cerrar la planta en forma definitiva, en los últimos meses el empresario se ha reunido con vecinos, ministros y parlamentarios para ratificar su teoría en torno a las moscas y los olores: "Nosotros no somos los que contaminamos, Invertec es la empresa que lo hace. Hubo una emergencia química, y nadie ha dicho nada de eso", sentencia.

El lunes recién pasado, una comisión evaluadora de la intendencia regional decretó oficialmente la clausura definitiva de su planta, aunque él ya había tomado esa determinación con anterioridad.

Pese a que dice no haber recibido información alguna, Pardo asegura que está en otra. "Para mí ya no es tema. El día 11 de abril decidí cerrar y no abrir nunca más", dice, explicando que espera construir un parque ecológico para la comunidad en el mismo lugar donde se encuentra Colhue. Y esboza ideas como un observatorio y lugares de culto para diferentes religiones, entre los atractivos que podría tener.

"Los olores y las moscas siguen igual en Pelequén, y quién es el responsable (…) en el canal La Paula, que viene de Rengo, la presencia de coliformes fecales sobrepasa cuarenta veces la norma. ¿Y qué ha hecho la autoridad respecto a eso? Nada", se queja Pardo.

Su teoría es respaldada por algunos vecinos, que ya no saben qué hacer con el nauseabundo aroma que los envuelve.

"Quizás no queda más que acostumbrarse. Quizás el día que se muera alguien van a hacer algo frente a esto. Pero si de mí dependiera, yo no volvería a utilizar el agua de los canales", cuenta, con un dejo de resignación Pedro González, a la entrada de su casa.

Mientras atardece, en la calle algunas banderas negras que se mantienen desde hace meses como silenciosa protesta, que no se arriaron tras el cierre de la planta de Colhue porque la hediondez no se fue con ella, se mueven con el viento. Ese que empuja el hedor que a esas horas de la tarde se ha vuelto una costumbre, que lleva a los pelequeninos a encerrarse en sus casas, y que igual se colará por debajo de sus puertas y por las rendijas de sus ventanas.

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