¿Por qué nos preocupan los glaciares en la era del cambio climático?

Columna de opinión de;Javiera Espinoza, Geógrafa de Fundación Terram, publicada en portal Quinto Poder el 08 octubre 2013.
Vea columna AQUÍ.

Columna de opinión de;Javiera Espinoza, Geógrafa de Fundación Terram, publicada en portal Quinto Poder el 08 octubre 2013.
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El pasado 27 de Septiembre el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU) entregó en su primer avance del Quinto Informe sobre Cambio Climático cifras que son alarmantes. El documento constata la evidente aceleración en el aumento de la temperatura planetaria, principalmente por contribución de la humanidad al ser consumidora de combustibles fósiles, al liberar a la atmósfera dióxido de carbono y otros gases que impiden que se disipe el calor. Otra causa conocida del aumento de emisiones de gases de efecto invernadero es la deforestación (que emite dióxido de carbono) y el cambio de uso de suelo para su pavimentación, construcción de ciudades y actividades asociadas al agronegocio.

El planeta Tierra es un sistema donde cada factor contribuye a mantener un equilibrio, y si éste se altera, afecta a otro como una cadena.

Con el calentamiento global o aumento de la temperatura, se producen cambios en el clima a nivel global. Esta modificación genera una alteración en el medio físico: variaciones de temperaturas, redistribución de las precipitaciones, exacerbamiento de las sequías, mayor presencia de huracanes, inundaciones, cambios en los cursos de agua, calentamiento del agua en los océanos, extinción de algunas especies y ecosistemas, derretimiento de hielos, aumento del nivel del mar, por mencionar algunas. En el medio humano, una cantidad importante de población se verá afectada por estas alteraciones: además de inundaciones, huracanes u otros fenómenos, se registran desplazamientos de asentamientos humanos, ya sea por falta de agua o, en el caso de aquellos que están emplazados en el borde de las costas a causa del aumento del nivel del mar, pérdidas por daños materiales, etc. Lo más lamentable es que la población con mayor vulnerabilidad son los más pobres, dada la poca capacidad de adaptación, con lo que serán los más afectados por los embates del clima, así como por enfermedades  –por no contar con los recursos económicos- para readecuar su sistema de vida.

Chile es un país vulnerable y por ello está expuesto a que algunos de estos fenómenos nos afecten, unos más que otros y en distintas intensidades. Para Chile se prevé un desplazamiento de las precipitaciones hacia el sur-austral, lo que generaría un avance del desierto hacia la zona centro–sur  y evidentemente un cambio en las condiciones climáticas en regiones, que sin duda afectarán al modo de vida de nuestra población, lo que se expresará en la modificación de actividades agrícolas en escalas exportadoras -principalmente frutas- y problemas en el abastecimiento de agua potable para la población en regiones áridas o semiáridas.

Los glaciares, en todas sus formas (incluidas las gigantescas capas de hielos de Groenlandia y la Antártica) son reguladores del clima a nivel mundial. Los glaciares, los mismos que está destruyendo la minería, tienen un rol muy relevante a escala nacional: son reservas de agua dulce que permite la mantención de actividades económicas y de sobrevivencia, como el abastecimiento de alimentos y agua potable para el consumo humano a lo largo del país. Así, en épocas en que no hay precipitaciones, nuestras cuencas se abastecen de agua mediante el derretimiento de glaciares, lo que permite un equilibrio esencial como sociedad para el espacio que habitamos. Sin el abastecimiento de agua, como sociedad estamos en riesgo, por lo mismo, urge la protección real de este tipo de ecosistemas que constituyen reservas para un futuro no muy promisorio ante una situación de crisis a nivel mundial.

Con el calentamiento global, se prevé que los glaciares se derretirán más rápido y tendrán pocas posibilidades de recargarse en la misma cantidad, lo que a la larga repercutirá en la disponibilidad de agua. Hoy podemos tomar medidas para protegerlos y hacer que el proceso de derretimiento sea lo menos acelerado, pero para ello se requiere conciencia y regulaciones.

El agua que corre por nuestro territorio es –supuestamente- bien nacional de uso público. Sin embargo, los glaciares hoy no cuentan con ninguna categoría constitucional ni tampoco de regulación administrativa que permita su protección. Actividades mineras que buscan intervenir glaciares en la cordillera para extraer los minerales que están bajo ellos (como los proyectos que quiere desarrollar Barrick Gold con Pascua Lama, Anglo American con Los Bronces o la nacional Codelco con Andina 244), no son más que aprovechamientos económicos para pocos ante el perjuicio de muchos habitantes, poniendo en jaque estas reservas y el abastecimiento del recurso agua.

Romper un hielo indudablemente altera sus propiedades físicas. Si queremos lograr que ésta vuelva a su estado exacto previo a romperlo, se tiene que cumplir condiciones prácticamente de laboratorio para lograrlo, y en la práctica nunca quedará igual. Pasa lo mismo con los glaciares, con la diferencia que éstos son nuestras reservas de agua, que necesitamos para abastecernos y prepararnos para un escenario complejo. Una vez que se interviene un glaciar no hay manera de recuperarlo, es un daño irreversible que nos hacemos como sociedad, ante el escenario de calentamiento global.

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