Protección de los océanos: el elemento crucial para el futuro del planeta

Columna de Opinión de Elizabeth Soto Muñoz, Bióloga Marina de Fundación Terram. Fuente: Elmostrador.cl, 2 de noviembre de 2016.


Si bien, son altamente reconocidos los beneficios de las Áreas Marinas Protegidas (AMP), cabe preguntarse, ¿por qué los países, y en particular Chile, ha avanzado tan lento en su implementación? ¿Cuál es el desafío en Chile para su creación?

Durante el mes de septiembre se realizaron dos importantes reuniones relacionadas con el medio ambiente y el océano. El Congreso Mundial de la Naturaleza de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), efectuada del 1 al 10 de septiembre en Hawái, y la Conferencia Our Oceans, que se llevó a cabo el 15 y 16 del mismo mes en Washington D.C., ambos en Estados Unidos.

En el Congreso Mundial de la Naturaleza se planteó que uno de los principales desafíos es preservar la salud del océano mundial. Se reconoció que el océano global y las comunidades que dependen de él, están sometidos a presiones humanas inmensas y sin precedentes. Frente a este escenario, se establece que en todo el mundo los países están integrando vastas áreas marinas protegidas (AMP) como una forma para potenciar la resiliencia de los océanos del mundo y para asegurar el futuro de la humanidad. Diferentes naciones anunciaron la creación o ampliación de áreas protegidas, marcando el establecimiento de AMP de gran extensión.

Un total de 85 mociones fueron sometidas a votación electrónica y aprobadas por los miembros de la UICN. De las propuestas a las que se llegó a acuerdo, la número 53 es especialmente importante, en cuanto a que “alienta a los Estados y organismos gubernamentales que son miembros de la UICN a designar e implementar efectivamente al menos un 30% de cada hábitat marino en una red de AMP altamente protegidas”, lo que se lograría a través de las siguientes medidas:

a) comprometiéndose a trabajar para designar e implementar efectivamente para 2030 al menos un 30% de sus aguas nacionales como AMP;

b) participando de manera constructiva en el establecimiento de AMP en zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional, áreas de gestión internacional conjunta y sus propias jurisdicciones;

c) y la adopción en 2016 de las propuestas actuales de AMP en el Océano Austral y otros lugares, así como la preparación y adopción de las nuevas propuestas de AMP por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR). Además, insta a los Estados miembros de la UICN a que aceleren los progresos hacia el logro de la Meta 11 de Aichi para la Biodiversidad, que señala que para el 2020 al menos el 17 % de las zonas terrestres y de aguas continentales y el 10% de las zonas marinas y costeras, se conserven por medio de sistemas de áreas protegidas. Por último, alienta a las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) a estudiar la posibilidad de iniciar un nuevo proceso para elaborar metas posteriores a 2020, con objeto de aumentar el porcentaje de áreas marinas altamente protegidas al 30% para 2030.

Por su parte, los participantes de la tercera versión de la Conferencia de Our Oceans anunciaron más de 136 nuevas iniciativas de conservación y protección marina, valoradas en más de $5.24 billones de dólares, así como nuevos compromisos sobre la protección de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados de océano.

Considerando que las AMP proporcionan vida marina y sus hábitats son refugio de los impactos humanos y también permiten que los recursos marinos altamente explotados se recuperen. Muchas AMP también sirven como laboratorios vivientes, críticos para la investigación y descubrimientos científicos que benefician a la humanidad. Además, las AMP efectivamente logran apoyar la economía, ayudando a mantener las poblaciones de peces y fomentando el turismo. A pesar de estos importantes beneficios, sólo el 3% del océano es parte de un AMP, y menos de 1% está totalmente protegido en una reserva marina. Este es un porcentaje muy pequeño si tenemos en cuenta lo mucho que dependemos del océano para sustentar la vida en la Tierra. Pues provee de alimento a miles de millones de personas, genera más de la mitad del oxígeno que respiramos, e incluso regula nuestro clima.

Llama la atención cómo ambas instancias ponen una especial atención en la necesidad de aumentar los niveles de protección del océano, y en particular con la creación de más AMP de alto nivel de protección. El desafío no es menor, pero sin duda, necesario y urgente.

La creación de AMP, tanto en las zonas de jurisprudencia de los países como en alta mar, debe estar en la lista de prioridades de todas las naciones costeras o que se benefician del océano. Y dadas las características de éste para amortiguar el clima mundial, todas las naciones del mundo deberían estar atentas a esto, en especial en lo que compete a las aguas internacionales.

Las AMP, y en especial las áreas de alta protección, como los parques marinos, que cuentan con una protección total y donde se impide la realización de otras actividades distintas a la preservación, generan una serie de beneficios para el ecosistema marino, funcionan como “semilleros de vida” para las zonas contiguas y todo el ecosistema se beneficia de su existencia.

Si bien, son altamente reconocidos los beneficios de las AMP, cabe preguntarse, ¿por qué los países, y en particular Chile, ha avanzado tan lento en la implementación de AMP?, ¿cuál es el desafío en Chile para la creación de AMP?

En este punto es muy importante detenerse en entender que a pesar de la creación de AMP de gran extensión en nuestro país, la cantidad de kilómetros no asegura calidad de conservación. Es crucial que la creación de AMP sea sobre áreas representativas, donde existan características de endemismo que es urgente proteger. Es también necesario que sean redes de AMP continuas, no resulta igualmente efectivo crear un par de grandes AMP que están separadas por miles de kilómetros, en comparación con una red de AMP de menor tamaño pero que son consistentes con la protección de las diferentes ecorregiones marinas y aseguran representatividad de protección de ambientes y especies.

Y el desafío mayor, decretar AMP en zonas donde existen conflictos por el uso del océano, como lo son las zonas de importancia para la pesca, las zonas de concesiones acuícolas, y en el borde costero donde existen conflictos por múltiples usos. Para esto se necesitan políticas de Estado claras y consistentes, que tengan como meta la protección del océano pues es un ecosistema clave para el funcionamiento de la vida en el planeta. Asimismo, debe primar el principio precautorio y la falta de información científica suficiente no debe ser pretexto para no llevar a cabo nuevas iniciativas de protección. Es clave igualmente, que la creación de nuevas AMP vaya de la mano con las comunidades cercanas o insertas en áreas a proteger, pues su valoración es crucial para el buen funcionamiento de un AMP.

Es de esperar que Chile se sume a estas iniciativas, y que tengamos un 30% de AMP en nuestro océano para el 2030. Sin embargo, lograr este desafío no será una tarea fácil, pues nuestro país no es miembro de la UICN y aún no contamos con un Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, cuyo proyecto de ley descansa en el Senado desde mayo de 2015. Por esta razón, el próximo Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas IMPAC4 (International Marine Protect Areas), que se realizará en septiembre de 2017 en Coquimbo y La Serena, representa una oportunidad para que nuestro país avance en los compromisos internacionales relacionados a AMP.

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