Hasta 1.000 embarcaciones diarias se desplazan en zonas de alimentación de ballenas azules en la Patagonia norte

• Centros de cultivo de salmones en la Patagonia chilena. Crédito: Nicolás Muñoz, Centro Ballena Azul – Universidad Austral de Chile.

Datos de tráfico de embarcaciones liberados por SERNAPESCA y monitoreo satelital de ballenas azules obtenidos por la Universidad Austral de Chile y el Centro Ballena Azul, ha permitido dimensionar amenaza a la conservación de esta especie clasificada como “En peligro” de extinción. Cerca del 83% del total de embarciones diarias corresponden a operación de la industria acuícola extensamente desarrollada en la zona.


¿Dónde se alimentan las ballenas azules? Para saberlo, hay que seguirlas y saber dónde están. Eso precisamente ha hecho el grupo de científicos del Centro Ballena Azul y de la Universidad Austral de Chile por casi 20 años en el mar de la patagonia norte. Primero descubrieron que el mar interior de Chiloé y el archipiélago de los Chonos eran lugares donde las ballenas vienen en los veranos y otoño de cada año a alimentarse y a cuidar sus crías en sus primeros meses de vida.

Luego, año tras año conocieron un poco más de sus desplazamientos y, muy pronto, gracias a este conocimiento, fueron capaces de ir a lugares donde con mayor probabilidad se encontrarían con el animal más grande del mundo. Esto les permitió desarrollar un sistema de monitoreo pionero en esta parte del mundo, ya que lograron aplicar instrumentos de posicionamiento satelital a más de veinte ballenas que, desde entonces, han entregado información valiosísima acerca de su comportamiento, desplazamiento, rutas y destinos migratorios.

Pero también les está ayudando a entender el tipo y magnitud de las amenazas a su conservación.

De ello trata un trabajo científico publicado esta semana en la revista Scientific Reports de la prestigiosa editorial Nature. El paper titulado “Definiendo áreas prioritarias para la conservación de la ballena azul e investigando la superposición con el tráfico de embarcaciones en la Patagonia chilena, utilizando un modelo de movimiento de ajuste rápido» (Título original: Defining priority areas for blue whale conservation and investigating overlap with vessel traffic in Chilean Patagonia, using a fast-fitting movement model), describe un hallazgo preocupante: entre Puerto Montt y Taitao, lugares preferidos por las ballenas azules para alimentarse, se registra un tráfico que puede llegar diariamente a las mil embarcaciones de todo tipo, y de ellas, hasta 700 corresponden a embarcaciones asociadas a la actividad acuícola ampliamente diseminada en la zona.

Archipiélago de los Chonos, Región de Aysén. Crédito: Nicolás Muñoz, Centro Ballena Azul – Universidad Austral de Chile.

El Dr. Luis Bedriñana-Romano, autor principal del trabajo, dice que estos datos son muy alarmantes. “Sabemos dónde están las ballenas, pero también sabemos que su población total es muy baja en esta zona. De hecho, según nuestras investigaciones, alcanzarían entre 200 y 700 individuos, por lo que cualquier incidente de colisión y muerte de estos animales representa una amenaza real a su conservación”. Sobre esto, el científico sostiene que según cálculos de su equipo la situación es tán crítica que “si muriera una ballena azul cada dos años por causas antrópicas, la tasa de recuperación de la población se vería seriamente afectada y amenazaría su recuperación”, advierte.

Esta investigación consistió en procesar datos históricos de desplazamiento de ballenas con posicionador satelital, a los que se superpuso la capa de datos de desplazamiento de embarcaciones registradas en SERNAPESCA. “Estos datos de tráfico de embarcaciones -explica el Dr. Bedriñana-Romano- están disponibles desde hace menos de un año, gracias a una modificción legal que promueve la transparencia en el uso de datos para el mejor desarrollo de políticas públicas, lo que resulta de gran relevancia para nosotros como científicos”.

La alimentación de la ballena azul es un proceso que requiere destinar grandes cantidades de energía para encontrar y consumir su principal alimento, el kril. El Dr. Hucke-Gaete, coautor del trabajo, investigador asociado del Programa Austral Patagonia y profesor de la Universidad Austral de Chile explica que “observaciones de campo que hemos realizado indican que cuando las ballenas azules comen, prácticamente sólo le prestan atención a esta actividad. Esto las hace más proclives a ser chocadas por embarcaciones y particularmente durante la noche, cuando, según otras investigaciones, las ballenas se encuentran en promedio más cerca de la superficie producto que su alimento también sube a la superficie”.

Hucke-Gaete, reconocido especialista en mamíferos marinos, dice que para que una ballena se alimente adecuadamente deben darse varios factores de gran magnitud y poco frecuentes. “Las ballenas azules comen krill, animales diminutos presentes en gran parte del océano. Pero para que la alimentación sea adecuada debe haber una gran concentración de estos animalitos, lo que ocurre en lugares puntuales donde hay gran productividad primaria y también variaciones de temperatura específicas (frentes termales) que ayudan a agruparlos”.

Esas condiciones se dan en varios lugares de la Patagonia Chilena como el Golfo de Ancud, Reloncaví, en la boca del Canal Moraleda, en la parte oeste de Chiloé y, se cree, también en la zona de bahía Adventure. “En estas zonas hay una gran presencia de industria acuícola -dice Hucke-Gaete-, lo que nos obliga a plantear la alerta respecto de lo que ha pasado y podría seguir pasando con colisiones entre embarcación y ballenas”, enfatiza. Cabe mencionar que ya se han producido colisiones fatales en esta área (2009, 2014 y 2017), así como muertes por enredo en cnetros de cultivo de salmón durante 2007 y 2020. Bedriñana-Romano, por su parte, agrega que la intensidad de tráfico es tal en esta zona que si lo comparáramos con lo que ocurre en tierra, “esta sería equivalente a la Ruta 5 en sus tramos más congestionados”.

Las ballenas, como todos los seres vivos, buscan alimentación en distintos sitios. Los investigadores han aprendido que observando el aumento de la clorofila de la primavera anterior se puede estimar una mayor probabilidad de presencia de ballenas azules. “Las ballenas no comen clorofila -precisa Bedriñana-Romano- pero es un indicador importante de que en los lugares donde aumenta, habrá mayor presencia y perfectamente podrímaos aplicar regulaciones preventivas para ayudar a su conservación”.  Hucke-Gaete por su parte hace un llamado a los Servicios Públicos a usar esta información y trabajar en conjunto con los cientificos para implementar medidas de proteccion adecuada. “Llevamos 16 años marcando ballenas -plantea-, pero pese a esto la investigación científica va muy por detrás del avance de sectores productivos como la salmonicultura o el tráfico de embarciones turístcas y de carga. Por ello necesitamos aumentar considerablemente el esfuerzo de investigación para proteger a estas especies fundamentales en los ecositemas de la patagonia”.


Publicado en: Resumen de prensa

Etiquetas: ballenas Destacado salmoneras

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