Contaminación por plásticos en los océanos: impactos, acciones y reflexiones que movilizan desde la economía hacia un cambio cultural
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) estima que, cada año, entre 19 y 23 millones de toneladas de residuos plásticos ingresan a ecosistemas acuáticos, incluyendo ríos, lagos y océanos. Y de ellos, solo alrededor del 9% se recicla de forma efectiva. Además, si no se toman medidas urgentes, la organización […]
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) estima que, cada año, entre 19 y 23 millones de toneladas de residuos plásticos ingresan a ecosistemas acuáticos, incluyendo ríos, lagos y océanos. Y de ellos, solo alrededor del 9% se recicla de forma efectiva.
Además, si no se toman medidas urgentes, la organización advierte que en los próximos 20 años podría triplicarse la contaminación por plásticos en los océanos, ecosistemas que generan más del 50% del oxígeno que respiramos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), por su parte, pronostica que la generación de residuos plásticos podría aumentar aproximadamente en un 70% hacia en 2040, respecto de 2020.
En Chile, las cifras no son más alentadoras. Según datos de la Asociación Gremial de Industriales del Plástico (Asipla), se estima un consumo cercano a 1.238.000 toneladas de plástico al año, de las que solo alrededor del 10,3% se recicla. Mientras que en playas, el Ministerio del Medio Ambiente reportó que los plásticos correspondieron al 34,6% de los residuos encontrados en un muestreo realizado en 2021, en 32 locaciones.
Alejandra Kopaitic, directora ejecutiva del Pacto Chileno de los Plásticos de Fundación Chile, afirma que el panorama es preocupante: “La contaminación por plásticos se ha convertido en una de las principales presiones sobre los océanos, afectando ecosistemas marinos, biodiversidad, cadenas alimentarias y actividades económicas, como la pesca y el turismo. Ya en 2017, el informe The New Plastics Economy advirtió que, de mantenerse las tendencias actuales, para 2050 podría haber más plástico que peces en el mar, medido por peso”.
“Y en Chile, esta problemática es especialmente relevante considerando nuestra extensa costa y la evidencia levantada en torno a la presencia de residuos plásticos en playas y ecosistemas costeros. Además, cuando los plásticos no se gestionan adecuadamente, se fragmentan en micro y nanoplásticos que pueden infiltrarse en ecosistemas terrestres y acuáticos. Estas partículas no solo provienen de residuos plásticos más grandes, sino también de fuentes cotidianas como textiles sintéticos, neumáticos y algunos productos de cuidado personal”, comenta Alejandra Kopaitic.
Camila Rivero, coordinadora de proyectos de Fundación Basura, destaca que en Chile alrededor del 75% de los desechos encontrados en las playas corresponde a plásticos de un solo uso, como vasos, cubiertos, botellas, bombillas y envases de plumavit, entre otros. “Muchas veces olvidamos o no somos conscientes de que el océano no se contamina solo por lo que ocurre en la playa o en el borde costero, sino que también por lo que pasa lejos de ahí. De hecho, alrededor del 80% de la basura marina proviene de las ciudades”, expresa Camila Rivero.
Cristóbal Correa, director de campañas de Oceana Chile, señala en esta línea que los plásticos que llegan a los océanos, en su mayoría, son envases y embalajes. “Son productos de consumo del día a día que no están entrando a una cadena de reciclaje. Por lo general, los ríos son la principal fuente de alimentación de contaminación marina, aunque también hay países donde el desecho se arroja directamente al mar”.
“No obstante, si bien los residuos son plásticos de consumo masivo, en su gran parte, también hay desechos de índole industrial; por ejemplo, tipos de boya, redes o jaulas, entre otra basura plástica asociada a la industria acuícola”, agrega el integrante de la ONG Oceana.
“Cuando los plásticos no se gestionan adecuadamente, se fragmentan en micro y nanoplásticos que pueden infiltrarse en ecosistemas terrestres y acuáticos”.
Impactos irreversibles
Nelson Vázquez, director de Científicos de la Basura, señala que desde 2008 están monitoreando playas a través de distintos tipos de muestreos. Entre 2008 y 2016, playas chilenas; y entre 2020 y 2024, playas latinoamericanas. Su conclusión es tajante: “El plástico es sin duda la basura más común que se encuentra en costas, ríos y aguas oceánicas”.
Además, el biólogo marino anticipa un nuevo estudio, que busca conocer el efecto en los organismos, como picorocos o concholepas (loco), que encuentran un sustrato para vivir en la basura que está flotando en el mar. “Son especies que viven naturalmente asociadas a objetos naturales que flotan, como troncos, algas o piedras pómez. Pero, como es tanta la cantidad de basura marina, nos interesa conocer qué impacto puede tener eso, considerando que ahí podrían moverse especies con características de invasoras. Ya sea que salgan de las costas chilenas o que lleguen de otras costas hacia las chilenas”.
Ahora, si hay una certeza sobre la contaminación por plásticos, es que estos se fragmentan. “El plástico no se descompone ni se biodegrada, como una manzana. El plástico se rompe, se quiebra o se quema, ya sea por el sol, agua salada o porque le pasó una rueda encima o alguien lo pisó. Se transforma así en microplásticos y en ese punto hay mucha investigación, principalmente por cómo estos microplásticos han llegado al humano”, señala Nelson Vásquez.
“Hay una cantidad de elementos plásticos que está integrándose en el ambiente marino y también en el ambiente terrestre, que es tremenda. Se sabe que se integra en el torrente sanguíneo. Se puede encontrar en organismos filtradores marinos, como machas y almejas. Pero también en zooplancton. Estamos hablando de organismos pequeños, más chicos que una hormiga y que ya tienen plástico adentro. Entonces, el tema no solo es la contaminación, sino cuál es la interacción del residuo plástico con el ecosistema”, argumenta el integrante de Científicos de la Basura.
En esta línea, Camila Rivero comenta que “estos microplásticos liberan toxinas y metales pesados, alterando los ecosistemas. Incluso, ya se han incorporado al ciclo del carbono y afectan procesos ecológicos esenciales, por ejemplo, debilitando la capacidad de los océanos para regular el clima global. Además, se afecta gravemente a la biodiversidad marina, poniendo en riesgo a especies que confunden estos residuos con alimento. O también hemos visto cómo quedan atrapados en los mismos residuos plásticos que están llegando al océano”.
Al respecto, Alejandra Kopaitic asevera que los plásticos “a nivel de fauna marina pueden ser ingeridos o provocar asfixia y enredo en especies como aves, peces, tortugas y mamíferos marinos”. Efectivamente, recalca Nelson Vásquez, “algunas especies ingieren el plástico y lo escupen, cuando se dan cuenta de que no es su alimento. Pero otras no pueden hacerlo y de ahí las decenas de imágenes de ejemplares con sus estómagos llenos de plástico, porque no lo pueden digerir ni botar. Finalmente, no se pueden alimentar y mueren de hambre. Pero también pasa que peces, ballenas o tiburones, que van nadando, se encuentran con una red de pesca que los atrapa. Muchas veces, redes de pesca que quedaron a la deriva en el mar”.
Sin embargo, según indica Alejandra Kopaitic, “el problema no es solo ambiental. También tiene consecuencias económicas y sociales, afectando actividades como la pesca, la acuicultura y el turismo, además de impactar a las comunidades costeras que dependen directamente de la salud de los océanos para su bienestar y sustento”.
“Desde la mirada del Pacto Chileno de los Plásticos, estos datos refuerzan que la solución no está únicamente en limpiar los residuos una vez que llegan al ambiente, sino en prevenir su generación y fuga desde el origen, impulsando un mejor diseño de productos y envases, modelos de reutilización y sistemas de recolección y reciclaje más efectivos”, añade la ingeniera en Medio Ambiente y Recursos Naturales.
“Algunas especies ingieren el plástico y lo escupen. Pero otras no pueden hacerlo y de ahí las decenas de imágenes de ejemplares con sus estómagos llenos de plástico, porque no lo pueden digerir ni botar”.
Marco regulatorio
Con el fin de frenar el impacto de la contaminación por plásticos, en Chile se han dado importantes pasos en materia de legislación. Ejemplos de ello son la implementación de la Ley Chao Bolsas Plásticas, la Ley de Plásticos de un Solo Uso (Ley PUSU), La Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP) y la Hoja de Ruta para un Chile Circular al 2040, que han contribuido a instalar cambios en la gestión de los residuos.
Al respecto, Camila Rivero señala que Chile es pionero en términos de normativas ambientales. “Ya todos sabemos que tenemos que andar con nuestra bolsa reutilizable. Y si bien aún quedan espacios donde se mantienen las bolsas desechables, creemos que es un cambio cultural que se está dando”.
“Por otro lado, la Ley REP, que busca que las empresas se hagan responsables de sus residuos, ya está transformando la industria en esa dirección. Y la Ley de Plásticos de un Solo Uso está eliminando progresivamente algunos de los residuos más problemáticos”, declara la integrante de Fundación Basura.
Ahora, según expone Alejandra Kopaitic, “aunque existen avances regulatorios relevantes, los monitoreos de playas y ecosistemas costeros siguen mostrando la presencia de colillas, bolsas plásticas y otros productos de un solo uso. Esto demuestra que el desafío no se resuelve únicamente con nuevas normas, sino también fortaleciendo la fiscalización, la educación ciudadana, la infraestructura de recolección y reciclaje, y el desarrollo de modelos de reutilización que permitan prevenir la generación de residuos desde el origen”.
“Desde la mirada del Pacto Chileno de los Plásticos, el valor de estas regulaciones es que generan condiciones habilitantes para acelerar la transición hacia una economía circular. Pero, para lograr resultados concretos, es fundamental que el sector público, las empresas, la academia y la ciudadanía sigan trabajando de manera coordinada”, agrega la directora ejecutiva.
En cuanto a la fiscalización, Nelson Vásquez cuestiona: “Están las leyes, pero no los recursos para que los organismos del Estado salgan a fiscalizar y a ver si, efectivamente, no se están entregando bolsas plásticas en lugares donde no corresponde. O no se está utilizando plástico de un solo uso en sector de locales comerciales, por ejemplo”.
Camila Rivero, si bien coincide en que la fiscalización es un ítem que todavía está al debe, sostiene que “en Fundación Basura creemos que, más allá de fiscalizar y de hacer una labor punitiva, debemos avanzar más en proponer y difundir buenas prácticas. Ahí nuestro enfoque es más educativo; es de ofrecer soluciones más que enfocarse en el problema”.
También con el énfasis en la acción, Cristóbal Correa afirma que la estrategia de Oceana es fomentar las medidas que están antes que el reciclaje en la pirámide de gestión de residuos; es decir, la reutilización y la reducción. En esta línea, asegura que “hoy estamos enfocados en una propuesta regulatoria para permitir el reúso a escala masiva, o sea, a nivel de supermercados”.
“Con distintos aliados, hemos hecho estudios en 2023 y 2024. Y lo que se analiza es cómo hacer posible que los supermercados puedan ofrecerle a los consumidores productos en formatos rellenables o retornables. Es decir, cómo potenciar que el consumidor que quiera, pueda acceder a una compra estilo a granel, al momento de ir al supermercado”, explica el director de campañas de Oceana Chile.
“Nuesta propuesta se enmarca dentro de lo que va a ser el proceso de revisión del Decreto Supremo N°12, que regula la Ley REP en Envases y Embalajes. Ahí es donde nosotros apuntamos a que haya un pequeño reconocimiento al reúso como solución; de modo que también se generen los incentivos para que las empresas vean esto como una oportunidad de negocio. Lo que nosotros planteamos, de hecho, es un cambio solamente en un artículo”, afirma el abogado.
“Hoy estamos enfocados en una propuesta regulatoria para permitir el reúso a escala masiva, o sea, a nivel de supermercados. Es decir, cómo potenciar que el consumidor que quiera, pueda acceder a una compra estilo a granel, al momento de ir al supermercado”.
Acciones concretas
Desde el Pacto Chileno de los Plásticos, impulsan una estrategia de economía circular que busca evitar que los plásticos se transformen en residuos y terminen contaminando el ambiente y los océanos. Para ello, trabajan colaborativamente con toda la cadena de valor, promoviendo la eliminación de plásticos problemáticos o innecesarios; el rediseño de envases para que sean reutilizables, reciclables o compostables; el fortalecimiento de la reutilización y el reciclaje efectivo; la incorporación de contenido reciclado; y el desarrollo de pilotos, innovación y educación ambiental. “La lógica no es solo gestionar mejor los residuos, sino prevenirlos desde el diseño y avanzar hacia un sistema donde los plásticos mantengan su valor dentro de la economía y no se filtren al medio ambiente”, comenta Alejandra Kopaitic.
“Un componente clave es el trabajo con la ciudadanía y las distintas campañas que hacemos en el año. En conjunto con el Ministerio del Medio Ambiente y otros actores, lideramos iniciativas como la Semana del Reciclaje, con el eslogan “Un poquito es Caleta”, que este año movilizó a 168 municipios y cerca de 140 actividades a lo largo del país. Asimismo, hemos impulsado campañas para promover la reutilización y este año, en noviembre, realizaremos la segunda edición de la Semana Nacional de los Compostables, Compostando Ando”, destaca la ejecutiva del Pacto Chileno de los Plásticos.
Por su parte, Fundación Basura lidera actualmente el acompañamiento técnico a 86 municipios a nivel nacional, en el proceso de implementación de la Ley PUSU en particular. “Desarrollamos talleres, material educativo y fortalecemos las capacidades, tanto de los funcionarios municipales como locatarios y comunidades. Y lo que vemos es que este marco normativo tiene condiciones habilitantes para que los distintos sectores puedan, tanto prevenir la generación de plásticos, como permitir su reciclaje. Por ejemplo, en los talleres hacemos clasificación de residuos y hay mucho interés por aprender”, manifiesta Camila Rivero.
Pero junto al acompañamiento municipal, Fundación Basura también activa campañas en sus redes sociales. “Son campañas que invitan a la primera acción, por ejemplo, decir no a los desechables, usar nuestros propios reutilizables y alertar, obviamente, cuando observemos incumplimientos de la normativa. Además, constantemente estamos haciendo limpieza de playas o de microbasurales en los humedales. Eso sí, en todas nuestras campañas, siempre partimos con que la prevención es la mejor estrategia”, declara la coordinadora de proyectos.
“Asimismo, tenemos una red de emprendimientos que ofrecen alternativas de reutilización, alternativas de reciclaje, cosmética natural, etcétera. La idea es acercar estas soluciones a las personas, para que puedan tomar una de estas pequeñas acciones en su día a día”, agrega la representante de la agrupación.
Ahora, debido a que aún existe confusión respecto a Ley REP, Ley PUSU y Ley Chao Bolsas Plásticas, en Fundación Basura ya están pensando en cómo generar un programa educativo que integre todo el marco regulatorio. “Esperamos ya prontamente implementarlo, enfocado en funcionarios, locatarios y comunidades, para que estos tres actores logren identificar bien cuál es su rol en cada una de estas leyes”, afirma Camila Rivero.
“Desarrollamos talleres, material educativo y fortalecemos las capacidades, tanto de los funcionarios municipales como locatarios y comunidades. Pero también activamos campañas en redes sociales que invitan a la primera acción”.
Trabajo mancomunado y proyecciones
Frente a la crisis de contaminación por plástico en los océanos, los avances más significativos ocurren cuando los actores involucrados trabajan conjuntamente para construir soluciones comunes. Entre ellos, cuando la ciudadanía deja de ser una mera espectadora.
En este sentido, Nelson Vásquez expone que el gran objetivo es generar un cambio de conducta en la población. “No solo bajar el consumo, sino que hacer un buen uso de la basura y para eso la educación es fundamental. Cambiar paradigmas y avanzar hacia una economía circular. Ya sea a través de las obligaciones que nos imponen las leyes, o gracias a las acciones de personas que entienden de manera orgánica por qué no deberíamos contaminar nuestro planeta”.
No obstante, según recalca Alejandra Kopaitic, “la realidad es que ningún actor puede resolver este desafío por sí solo. Si queremos prevenir efectivamente la contaminación por plásticos, necesitamos fortalecer la colaboración entre todos quienes participan en la cadena de valor: productores, marcas, comercio, gestores de residuos, recicladores de base, municipios, academia, organizaciones de la sociedad civil y organismos públicos”.
“Por supuesto, existe un rol especialmente relevante de quienes diseñan, producen y ponen productos y envases en el mercado, porque muchas de las decisiones que determinan su impacto ambiental se toman en etapas tempranas. Sin embargo, también es fundamental fortalecer las capacidades de los municipios, impulsar la innovación desde la academia, reconocer el aporte de los recicladores de base y promover una ciudadanía más informada y comprometida”, argumenta la directora ejecutiva del Pacto Chileno de los Plásticos.
En tanto, respecto a proyecciones de lo que ocurrirá frente a esta crisis de contaminación por plásticos en los océanos, Camila Rivero comenta que “respecto a los procesos normativos, siempre hay dificultades. Entonces, más allá de flexibilizar las metas de reciclaje que propone la Ley REP, como lo hemos visto en algunos casos, hay que acelerar las prácticas para acercarnos a esas metas”.
“Entonces, ¿qué necesitamos para acelerar estos procesos? Ahí nuestro análisis es que la educación es algo fundamental. Y que tal como se invierte en infraestructuras o en logística, se invierta más en educación y se haga de forma transversal. Así que nuestra postura es optimista, siempre y cuando se tomen las medidas necesarias, sin olvidar que es totalmente una tarea de corresponsabilidad”.
Cristóbal Correa, por su parte, expresa que ante esta problemática, tanto en Chile como en el mundo, “hay un acuerdo transversal de que nos tenemos que hacer cargo del problema de la basura y la contaminación marina. Y la mejor forma de hacerse cargo de este problema, es avanzando en las medidas que nos permitan tener una mejor gestión del desecho en sí, pero también en que se evite la generación de ese desecho. Y ahí el reúso ha tomado una relevancia importante. Entonces, estamos bien esperanzados en que esto pueda seguir escalando”.
Alejandra Kopaitic, finalmente, insiste en que “el futuro, frente a la contaminación por plásticos, dependerá de la velocidad con que logremos pasar de una lógica centrada únicamente en la gestión de residuos, a una transformación completa del sistema de plásticos. Si mantenemos las tendencias actuales, la contaminación seguirá aumentando, con impactos cada vez mayores sobre los océanos, la biodiversidad, la salud humana y las economías que dependen de ecosistemas saludables”.
“Sin embargo, también existe una enorme oportunidad. Hoy contamos con mayor evidencia científica, mejores tecnologías, políticas públicas emergentes y un creciente compromiso de gobiernos, empresas y ciudadanía. Sabemos que es posible avanzar hacia una economía circular de los plásticos basada en la eliminación de aquellos innecesarios o problemáticos, el rediseño de productos, la reutilización y sistemas más eficientes de recolección y reciclaje”, añade la directora ejecutiva del Pacto Chileno de los Plásticos.
“Si queremos prevenir efectivamente la contaminación por plásticos, necesitamos fortalecer la colaboración entre todos quienes participan en la cadena de valor: productores, marcas, comercio, gestores de residuos, recicladores de base, municipios, academia, organizaciones de la sociedad civil y organismos públicos”.