[Ladera Sur] Viajeras de invierno: aprende a identificar estas 10 especies de aves que recorren Chile cuando llega el frío
Cada invierno, numerosas aves cambian de escenario para enfrentar las condiciones más adversas de la estación. Algunas recorren el territorio de norte a sur, mientras otras descienden desde la cordillera hacia valles y costas en busca de alimento y refugio. Aunque no todas las poblaciones migran, estos desplazamientos son parte fundamental de sus ciclos de vida. En esta guía te contamos cuáles son algunas de las especies que realizan migraciones dentro de Chile y dónde puedes encontrarlas. Fuente: Ladera Sur, 17 de agosto de 2026.
Cada invierno, mientras nosotros nos quedamos dentro de nuestras casas como forma de refugiarnos del frío, hay aves que hacen exactamente lo contrario: abandonan los lugares donde pasaron los meses cálidos y emprenden viaje. A este fenómeno se le conoce como migración.
No obstante, cuando pensamos en aves migratorias probablemente imaginamos grandes viajes entre continentes, como los que realizan numerosas especies playeras que abandonan sus zonas de reproducción en el hemisferio norte para pasar el invierno austral en Sudamérica, pero la migración no siempre es de esa manera. También puede ocurrir dentro de un mismo país. En Chile, por ejemplo, estos desplazamientos pueden adoptar distintas formas.

«Tenemos varios tipos de migraciones, las más clásicas son las que uno ve quizás también en otros países, en documentales, que son las de estas aves que migran de un hemisferio a otro, que son migraciones más grandes, y que en general son aves que abandonan Chile en invierno. El otro caso corresponde a aves que realizan migraciones dentro del territorio. Estas pueden ser latitudinales, o sea, de norte a sur o de sur a norte, que es lo más común considerando el largo de Chile y su variedad de climas. Por ejemplo, muchas aves en invierno se van a las zonas más cálidas a pasar el invierno, a la zona centro-norte de Chile. Después, en verano, vuelven a la zona sur generalmente a reproducirse, por ejemplo», profundiza César Munóz, biólogo, magíster en Biología de la U de Chile y miembro de la ROC (Red de Observadores de aves y vida silvestre de Chile).
«El otro caso, que quizás es un poco más desconocido, son migraciones altitudinales, es decir, especies que quizás en el verano están muy arriba en la cordillera, sobre todo en la zona centro-norte, donde tenemos la cordillera más alta, y en invierno bajan un poco escapando del frío. Son desplazamientos más acotados, por decirlo así. De estas migraciones sí que sabemos poco, porque generalmente son aves de cordillera y no es tan fácil seguirles la pista», agrega.
En este sentido, la llegada del otoño es una de las principales señales que desencadenan estos movimientos. La reducción de las horas de luz, el descenso de las temperaturas y los cambios en la disponibilidad de alimento generan modificaciones fisiológicas que preparan a las aves para desplazarse.

«De los factores ambientales que desencadenan esta migración generalmente es la dieta, es la disponibilidad de alimento, y eso mismo genera que a veces las migraciones se retrasen. Hay muchas especies como, por ejemplo, los rayadores, que migran a Brasil, y a veces se quedan todo el invierno acá porque hay disponibilidad de alimento. También influye la cantidad de horas luz. Muchos de los factores que se desencadenan tienen que ver con el comportamiento y cambios de conducta, sobre todo reproductivos, los que a su vez dependen de las horas luz», explica Vicente Pantoja, ingeniero en Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile y Magíster en Bioestadística de la Universidad Complutense de Madrid, y coordinador de Birds of the World en Chile.
«Cuando ellos detectan que la cantidad de horas luz del día supera tal cantidad, no sé, 16 horas, por ejemplo, empiezan a activarse conductas más reproductivas. Y, cuando la cantidad de horas luz llega a un cierto valor contrario, ya dejan de intentar reproducirse y empiezan a buscar otro tipo de cosas, a mudar las plumas, a hacer movimiento migratorio, etcétera», añade.

Estos viajes, sin embargo, también tienen un costo energético importante. Una especie migratoria no depende únicamente de los sitios de partida o de llegada, también necesita encontrar sitios adecuados para alimentarse, descansar y refugiarse durante el recorrido. La pérdida o transformación de cualquiera de estos lugares puede afectar a sus poblaciones. La expansión urbana, la agricultura, la degradación de humedales, las especies invasoras, las colisiones con infraestructura y los efectos del cambio climático son algunas de las amenazas que enfrentan las aves migratorias en la actualidad.
«Hay varios desafíos. Por un lado, está todo lo que tiene que ver con la pérdida de hábitat. Muchas de estas especies utilizan praderas de vegetación nativa y hay pocas praderas actualmente. Se ha usado mucho para ganadería, pastoreo y construcción humana. Entonces, se han perdido gran parte de las zonas de invernada. Como muchas veces se toman los análisis del verano como referencia, se cree que no hay nada en los pastizales, por lo que llegan y construyen, cuando lo que pasa es que son sectores que sí albergan vida, pero en invierno. Un lugar bien icónico en el que está pasando eso es en el terreno de estacionamientos del Outlet Paseo Alerce, que se llena de chorlitos chilenos en invierno», indica Pantoja.

«Esa es una amenaza importante, otra puede ser todo lo que tiene que ver con los parques eólicos. Hay algunos estudios en la costa de Coquimbo en que se detectó que las especies más afectadas por los parques eólicos eran especies migratorias. Eran la perdicita chica, el chorlito de campo, especies que migran también durante el invierno. Entonces, ese es otro factor importante», añade.
Tomando todo lo anterior en cuenta, la situación es especialmente preocupante porque las aves migratorias están mostrando importantes disminuciones poblacionales a escala global. Un estudio internacional publicado en 2026 recopiló información sobre estas especies y estimó que cerca de la mitad de las aves migratorias presenta tendencias poblacionales negativas, mientras que alrededor del 9% se encuentra actualmente amenazado de extinción.

El valor de la ciencia ciudadana
Lamentablemente, a pesar de los desafíos que enfrentan, todavía existen muchas preguntas sin respuesta sobre las aves que migran dentro de Chile. ¿Cuántos individuos se desplazan realmente? ¿Qué rutas siguen? ¿Hasta dónde llegan? ¿Cuánto tiempo permanecen en cada lugar? ¿Qué poblaciones son residentes y cuáles migratorias?
«Si nosotros mismos no sabemos por dónde pasan las rutas migratorias de las especies, entonces no podemos proteger esos sitios. Se protege siempre la zona de reproducción y actualmente también se está buscando proteger la zona de invernada, pero las rutas migratorias, como no las conocemos, no podemos protegerlas, y también son igual de importantes que las otras dos», apunta Pantoja.
Para poder remediar ese vacío de información se requiere de investigación científica, pero también de miles de observaciones realizadas por personas que recorren parques, humedales, playas, bosques y montañas. Los registros de aves permiten identificar cambios en sus distribuciones, descubrir nuevos sitios de importancia y comprender mejor movimientos que todavía permanecen ocultos. De esta manera, cada persona puede aportar su propio granito de arena en la recopilación de este conocimiento, así como en la posterior protección de los sitios clave.

«La información que uno encuentra está más asociada a la estimación, a supuestos u observaciones. Pasa mucho eso aquí, comparado con quizás Estados Unidos o Europa, que tienen muy mapeadas las rutas de las aves, saben dónde pasan, dónde paran, etcétera. Con la ciencia ciudadana y los aportes de gente que está con los celulares en todos lados, se te dan pistas de eso, pero igual a veces falta. Siempre nos gustaría saber un poquito más, con mayor precisión, de ciertas especies, si efectivamente están migrando o no», comenta Muñoz.
«Algo que siempre me gusta decir es que es importante que la gente suba su registro a eBird (iNaturalist Chile también) para poder ir mejorando estos modelos y poder ir entendiendo la ruta migratoria de las especies que lamentablemente no sabemos mucho», apunta Pantoja por su parte.
A continuación, gracias a la colaboración de Pantoja y Muñoz, reunimos algunas de las especies que realizan estos desplazamientos dentro de Chile. Algunas viajan hacia el norte, otras descienden desde la cordillera y otras combinan diferentes estrategias. En todos los casos, sus movimientos nos recuerdan que el territorio que vemos durante una estación es solo una parte de la historia: para muchas aves, Chile es un mapa que cambia constantemente con el paso del año.

Picaflor chico (Sephanoides sephaniodes)
«El picaflor chico es quizás el más icónico y el más conocido de los migratorios, porque entra a Santiago y aquí lo esperan. El picaflor chico en primavera-verano desaparece la zona central, se va a reproducir a la zona más sur, austral incluso, porque es el picaflor que se reproduce más al sur del mundo. En invierno uno lo vuelve encontrar en la zona centro, centro-norte. En febrero o los primeros días de marzo, empiezan a llegar los primeros, después ya en mayo y junio. Ahora ya está full de picaflores chico en todos lados», indica Muñoz.
«Pero pasa un poco que no es tan estricto, porque algunas subpoblaciones, por decirlo así, se quedan en ciertos lugares y no hacen esa migración. Se quedan principalmente en quebradas costeras o zonas cordilleranas, que justamente mantienen cierta alimentación disponible todo el año. Entonces, hay poblaciones en lugares como Curacaví o en Algarrobo», agrega.

