Tensión marcó inicio de nueva reunión sobre cambio climático en Barcelona
Cerca de un mes queda para la cumbre de Copenhague, en cuyo marco se fijarán los pasos a seguir para la lucha contra el cambio climático en los próximos 10 a 20 años, y la sensación ambiente está enrarecida. Un ejemplo de esto último fue precisamente el clima en que partió ayer la reunión sobre el mismo tema en Barcelona. El Diario Financiero, 03 de noviembre 2009.
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"El cambio climático es una opción para variar nuestro estilo de vida".
Llamados de atención y demanda de mayor transparencia marcaron la jornada inaugural. Un accidentado inicio tuvo la ronda de negociaciones sobre la lucha contra cambio climático mundial ayer en Barcelona.
Llamados de atención, un clima de desconfianza evidente y posturas inamovibles sobre lo que debiera hacer cada una de las partes negociadoras marcaron la primera de las cinco jornadas de sesiones entre los grupos de trabajo que buscan definir los compromisos de emisión de gases invernadero de cada país miembro de Naciones Unidas y el financiamiento que requerirá mitigar el impacto del calentamiento global en el mundo de aquí a 2050.
Los puntos de desencuentro
Estos encuentros, que tienen lugar en el centro de conferencias Fira de Barcelona, buscan destrabar las discusiones de fondo y de forma que tiene enfrentados a la Unión Europea, a EE.UU., a países emergentes bajo el paraguas G77 + China y a las naciones más pobres del mundo.
Son dos los grandes factores de desencuentro: cómo serán las políticas de adaptación y mitigación que se necesitarán a partir de 2012, una vez que venza el Protocolo de Kioto, el único acuerdo oficial hasta el momento que lidia con este fenómeno ambiental; y dos, de dónde saldrán los fondos para financiar el combate a este fenómeno climático, y cómo se acreditará que el capital no será desviado por los gobiernos.
Los emergentes responden que ellos no confían que los países desarrollados vayan a entregar el financiamiento una vez que hayan hecho el esfuerzo.
En los paneles de los grupos de trabajo a largo plazo y trabajo especial sobre los nuevos compromisos respecto al Protocolo de Kioto, se buscará reducir el tamaño del tratado (actualmente alcanza las 200 páginas), que deberá ir como borrador preliminar a la cumbre clave en Copenhague, Dinamarca, a mediados de diciembre, donde será revisado nuevamente.
Dimes y diretes
Fue el próximo anfitrión de las rondas sobre cambio climático el que tuvo ayer las palabras más críticas de la jornada. Ante la evidencia de que la atención de Washington se ha desviado de la discusión hacia asuntos más domésticos, como una nueva reforma a la salud, la ministra de Clima y Energía de Dinamarca, Connie Hedegaard, respondió: “Todos los países tienen que lidiar con políticas internas. No sólo Estados Unidos. No puede ser una excusa”, sostuvo. Sus declaraciones tuvieron efecto, ya que Dinamarca hasta ahora había mantenido una postura más moderada frente a su contraparte norteamericana.
Incluso, opinó respecto a los trascendidos de que el presidente estadounidense podría aparecerse por Copenhague en diciembre, cuando viaje a recibir el Premio Nobel de la Paz. “Es difícil de creer que el presidente Obama viaje a Oslo sin detenerse en Copenhague”, afirmó.
Según comentarios entre delegados y observadores, la arremetida danesa respondería al nerviosismo que afecta a toda la UE sobre que EE.UU. no haga una apuesta política del cambio climático. Ayer representantes del bloque europeo expresaron que mantendrán sus compromisos de reducción de emisiones de gases invernadero para evitar que la temperatura del mundo suba a más de dos grados Celsius hacia 2050, puesto que superar esa barrera conllevaría un desastre natural global.
Si bien aseguraron que cumplirán con su parte del trato, los delegados europeos reconocieron que fuera probable que en Copenhague sólo se alcance un acuerdo político y que los tecnicismos se resolverán después. “Por supuesto que no se resolverá cada detalle en Copenhague, pero debe entregar una respuesta coherente y ambiciosa” dijo Hedegaard, por lo que pidió mayor eficiencia.
Otro que espera que Copenhague sea una gran hoja de ruta es el secretario ejecutivo de la Secretaría del Convenio Marco de la ONU por el Cambio Climático, Yvo de Boer. Por lo mismo, apostó porque Barcelona ayudará a alivianar las discusiones, más que responder a las interrogantes. “Si bien no espero que Barcelona resuelva los actuales conflictos en financiamiento y reducción, y no creo que sea una sesión espectacular, será importante”.
También tuvo palabras para el rol de EE.UU. en las reuniones. “La comunidad internacional no aceptará ningún acuerdo sin la presencia clara de Estados Unidos”.
El representante de la delegación de Washington en Barcelona, Jonathan Pershing, respondió con firmeza que EE.UU. está comprometido con Copenhague. “No podemos darnos el lujo de perder tiempo buscando culpables. A fines de esta semana, tenemos que estar claros. EE.UU. no quiere quedar fuera del acuerdo”, insistió.
Cifras y temas de la cita clave en España
Asisten al evento más de cuatro mil delegados, entre ellos un equipo de cerca de 13 personas de Chile liderados por el director ejecutivo de la Comisión Nacional de Medio Ambiente, Álvaro Sapag, además de cientos de investigadores, representantes de grupos civiles y ONG que participan como observadores de las conversaciones. Chile pertenece al grupo negociador G77 + China, que reúne a países emergentes de gran tamaño como el gigante asiático e India, naciones medianas pero de altos ingresos como Tailandia y Singapur, y aquellos en vías de desarrollo como Ghana y Rwanda.
Son cuatro los ejes en discusión en las negociaciones de cambio climático que datan desde 1997: qué nivel de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) -principales causantes de que las temperaturas mundiales suban- deben adoptar las economías desarrolladas; a qué deben comprometerse los emergentes de gran tamaño y de menor escala, y los países pobres; la cantidad de financiamiento que deberá aportar cada uno y quién manejará este capital. En estas discusiones se contemplan aspectos que alimentan el cambio climático anómalo del planeta, como el desequilibrio demográfico, el impacto del transporte de bienes y servicios en las emisiones de GEI de cada país, el impacto del fenómeno ambiental en la producción mundial de comida y provisión del agua, entre otros temas.