Invertir en termoeléctricas cuesta la mitad que en las energías no convencionales
Polémica por Central Barrancones en Punta Choros. Expertos medioambientales precisan, sin embargo, que se deben considerar también los efectos negativos de las emisiones con carbón, que implican un costo social adicional. El Mercurio, 29 de agosto 2010.
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Informe impide instalar termoeléctricas en más de 20 puntos en la zona costera.
Un dilema. En eso se encuentran las empresas, los reguladores y la comunidad para determinar cómo hacer frente a la demanda por energía eléctrica y a la asentada necesidad de proteger el medio ambiente. Un conflicto que estalló esta semana con la solicitud del Presidente al Grupo Suez de que reubique su proyecto térmico Barrancones en Punta de Choros.
La energía térmica es más barata que la electricidad producida por energías renovables no convencionales. Pero la primera parece ser menos amigable con el medio ambiente que las segundas.
De acuerdo con datos de María Isabel González, gerenta general de la Consultora Energética, la inversión inicial en una termoeléctrica es casi la mitad de la que se requiere para una planta de energía renovable no convencional. En sus antecedentes, la inversión para producir un megawatt (MW) oscila entre US$ 630 mil en el caso de centrales a gas natural licuado y US$ 2 millones 300 mil para el caso de una termoeléctrica a carbón. En cambio un parque eólico, por ejemplo, cuesta mínimo US$ 2 millones a US$ 3 millones.
El costo medio de producir una unidad de energía (MWh) fluctúa entre US$ 81 y US$ 86 en el caso de la termoeléctrica a carbón. En un parque eólico va entre US$ 80 a US$ 100 por MWh. La biomasa es muy competitiva pero no hay suficiente para producir en grandes cantidades, estima González.
Hay otro factor que añadir en el caso de las centrales térmicas versus las no convencionales. La térmica puede producir, con el combustible adecuado, un 90% del tiempo. La eólica, por la disponibilidad de viento, sólo lo puede hacer 30% y la solar, 15%. Es decir, necesitarían centrales de respaldo que tienen que ser térmicas, afirma González.
Pero los costos no sólo se pueden medir en dinero. Según la coordinadora del Programa de Medio Ambiente de Terram, Paola Vasconi, aunque la inversión en energía térmica sea menor por MW, se deben considerar todos los otros costos que generan, especialmente por las emisiones. Ello, dice, no está internalizado en el precio de la electricidad que finalmente pueden cobrar.
Opina que se debe pensar tanto en un subsidio para las energías renovables no convencionales, que las vuelva más competitivas y un impuesto para las termoeléctricas que permita absorber las llamadas "externalidades negativas", que hasta ahora están siendo pagadas por la ciudadanía y el Estado.
La norma chilena hoy establece un mecanismo de fomento para las energías renovables no convencionales. Los generadores deben suministrar -del total de electricidad que venden a sus clientes- un 5% de energía que provenga de fuentes renovables. De lo contrario, se exponen a una multa. Ello supone un beneficio que las hace más competitivas en el mercado.
Este porcentaje, según las autoridades, deberá ir subiendo durante la próxima década.
Hoy existen US$ 15 mil millones de inversiones en energía térmica a la que se le agregó un mayor grado de incertidumbre tras la decisión presidencial.
US$ 15 mil millones hay comprometidos en inversiones en energía termoeléctrica.