Los glaciares rocosos son reservas de agua clave, en especial en la zona central

Foto: La Nación.

Expertos consideran que deberían ser incorporados explícitamente al proyecto de ley de glaciares que se discute en el Congreso. Fuente: El Mercurio, 13 de junio de 2019.


Pese a la megasequía que ha afectado al país, especialmente entre 2010 y 2015, el río Putaendo, afluente del Aconcagua, logró mantener entre 30% a 40% de su caudal. ‘Fue una cantidad suficiente de agua para que el valle no tuviera mayores problemas de riego y abastecimiento’, destaca el glaciólogo Francisco Ferrando, investigador del Departamento de Geografía de la U. de Chile. El detalle es que durante todo ese período no cayó nieve en ese sector del valle, por lo que el agua provino en su totalidad de glaciares rocosos. A simple vista parecen una acumulación de sedimentos, pero bajo muchos de ellos hay hielo equivalente al que se observa en los llamados glaciares blancos, es decir, en los que el hielo está expuesto en la superficie.

Estos últimos son los que vienen a la mente a legisladores, autoridades de gobierno y empresarios que por estos días discuten los alcances de la futura ley de protección de glaciares, que pasó a la comisión de Medio Ambiente y Minería de la Cámara de Diputados. En cambio, los glaciares de roca o rocosos son menos conocidos, aunque fueron justamente ellos los que quería trasladar de lugar el proyecto minero Pascua Lama durante la década pasada, lo que abrió el debate sobre la protección de los glaciares en el país. Ferrando critica que el proyecto de ley es ambiguo respecto de los glaciares rocosos. ‘Cuando se define glaciar (en el proyecto) se habla de que todo el material sedimentario contenido es parte de él. Uno podría decir ‘ahí están los glaciares de roca o rocosos’, pero no es claro, no está explícito’, considera.

Más duraderos ‘Los glaciares de roca deben ser protegidos porque constituyen una muy importante reserva de agua en áreas muy sensibles al clima de los Andes’, asegura Jeppe Malmros, glaciólogo de la U. de Copenhague, quien ha estudiado la región. A los especialistas les preocupan algunos estudios realizados por empresas de ingeniería donde se sostiene que los glaciares de roca serían poco relevantes. ‘Eso va de acuerdo con los intereses de la minería. Lo que a ellos les importa es que se diga que no hay presencia de hielo en los lugares que van a intervenir, pero eso no es muy objetivo’, sostiene Ferrando. El proyecto de ley considera todo tipo de glaciares, asegura el glaciólogo Gino Casassa, quien es jefe de la Unidad de Glaciología y Nieves de la Dirección General de Aguas del MOP. Respecto de la posibilidad de trasladarlos, si hay faenas mineras que los afecten, reconoce que técnicamente es posible, ‘siempre y cuando se cumplan todas las condiciones necesarias para que ello ocurra sin afectar la estabilidad del macizo’.

Dice, eso sí, que cuando Pascua Lama propuso hacerlo, la idea fue desechada por el Sistema de evaluación de impacto ambiental. Larrondo es categórico ante esa posibilidad: ‘Sería una aberración’. El glaciólogo de la U. de Chile considera que son las fuentes de agua que mantienen muchos valles de la zona central y hacen posible no solo el funcionamiento de todo el ecosistema, sino la presencia y actividad humana. Detalla que hay dos tipos principales de glaciares de roca. Uno son los de origen glaciogénico, es decir, parten siendo glaciares blancos, pero a medida que su balance de masa (la diferencia entre acumulación y derretimiento de hielo) va siendo más negativo, el sedimento que contienen en su interior va quedando expuesto y se va acumulando sobre la capa helada.

A la larga, esto actúa como un aislante, lo que hace que el hielo cubierto tenga una mayor duración. ‘Su tasa de derretimiento es mucho más lento, e incluso es capaz de realimentarse, ya que la nieve sobre la superficie, cuando se derrite, se filtra a través del sedimento y al llegar al hielo, vuelve a congelarse’. Otra variedad son los criogénicos. Estos se forman en las laderas sombrías bajo depósito de sedimento. La nieve que cae, al derretirse por el calor, se filtra, y como en el caso anterior, por la baja temperatura bajo la superficie se vuelve a congelar y se va acumulando. ‘Estos también constituyen una importante reserva hídrica, pero se sabe muy poco de ellos’, admite Ferrando. A lo anterior se suma el permafrost, es decir, el sustrato de suelo que se congela por la baja temperatura reinante y que también es una importante fuente de agua.

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