El planeta espera en estado crítico el inicio de la COP25

Nueve zonas a nivel mundial llegaron a un punto de no retorno debido al cambio climático. La Antártica, la Amazonía y los corales no se podrán recuperar y eso afectará a todo el mundo. Utilizar la naturaleza para combatir al calentamiento de la Tierra es uno de los caminos que urge tomar, dicen los científicos. Fuente: El Mercurio, 29 de noviembre de 2019.


El próximo lunes comienza la Conferencia de las Partes COP25 en Madrid. Mientras el cambio de sede desde Santiago no supondrá una modificación en la agenda de lo que se negociará, la ciencia sigue aportando cada vez más datos que confirman el estado crítico en que está el planeta a causa del cambio climático. El panorama no es alentador.

Los hielos del Ártico, Groenlandia, la Antártica Occidental y partes de la Oriental; los bosques boreales; el permafrost; la corriente que predomina en el Atlántico; la Amazonía, y los corales de aguas cálidas están en un punto de no retorno debido al cambio climático. El alza de temperatura los ha afectado de tal manera, que aunque se detengan las emisiones, las modificaciones sufridas ya no podrán corregirse, dice un estudio publicado en Nature. ‘Hace una década identificamos un conjunto de potenciales puntos de inflexión en los ecosistemas de la Tierra.

Hoy más de la mitad de ellos ya pasaron esa barrera’, dice Tim Lenton, director del Instituto de Sistemas Globales de la Universidad de Exeter, Reino Unido, y coautor del estudio. Según el especialista, la ciencia subestimó el riesgo que desencadenarían estos cambios irreversibles, por ello es urgente tomar medidas ahora.

Impacto masivo

Solo el colapso de las principales capas de hielo en Groenlandia, la Antártica Occidental y parte de la Oriental podría terminar elevando el nivel del mar sobre los 10 metros. Este es un ejemplo de los megacambios que se están produciendo, el problema es que la ciencia aún desconoce la interacción que puede haber entre ellos y, por ende, sus consecuencias. ‘Si se produce una cascada de daños causados por estos puntos de no retorno, no se puede descartar un colapso a nivel global. Sería una amenaza para la civilización’, dice Johan Rockström, director del Instituto Potsdam de Investigación en Impacto Climático, en Alemania, y coautor del estudio.

Una de las consecuencias del cambio climático es la pérdida de biodiversidad y todos los servicios que ella provee al ser humano. Por ello urge conservarla, pero también convertirla en un arma de combate contra el mismo cambio climático. ‘Las soluciones basadas en la biodiversidad —como la restauración de bosques o la protección de humedales y algas pardas, que fijan mucho carbono— son solo parte de lo que se puede hacer’, dice Pablo Marquet, académico de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica y coordinador de una colección especial de trabajos en biodiversidad publicada en Science Advances a propósito de la COP25.

Por ejemplo, controlar las pesquerías no solo implicará resguardar la biomasa de peces o la cantidad de comida que se extrae de ella, sino también será una protección al factor económico, dice el científico. Aunque se podría pensar que las especies comunes son las que dominan el planeta, en realidad casi el 40% de la especies del mundo son raras, asegura uno de los estudios del especial. Son las regiones climáticamente más estables las que han albergado a estos animales, plantas e insectos, pero ahora el cambio climático y sus eventos erráticos los están afectando desproporcionadamente.

El factor social

Nueva Guinea es el lugar lingüísticamente más diverso de la Tierra, con más de 1.500 idiomas. Según un trabajo publicado en Science Advances, el 63% de las especies de la zona están fuertemente amenazadas. Esto implica que también están en peligro los alimentos silvestres, las medicinas y las plantas rituales que esas culturas necesitan para subsistir. En este caso lo que no solo se está perdiendo biodiversidad, sino también el patrimonio biocultural de estos pequeños grupos.

Otro de los objetivos de los últimos estudios es dejar en evidencia que el cambio climático amplifica las inequidades sociales, dice Pablo Marquet. ‘Mientras más desigualdades hay en un país, menos resiliente es. Por ello los planes de adaptación de cada nación deberán considerar la precariedad social’, asegura.

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