[El Mostrador] La contaminación sigue la comida de las ballenas en La Patagonia
By valentina

[El Mostrador] La contaminación sigue la comida de las ballenas en La Patagonia

En los fiordos de la Patagonia chilena, una ballena azul y una jorobada pueden alimentarse en las mismas aguas y, sin embargo, estar expuestas de manera diferente a los contaminantes. Fuente: El Mostrador, 6 de octubre de 2026.

Una investigación publicada en agosto de 2026 en Environmental Pollution analizó el metilmercurio y ocho elementos traza en una red alimentaria que incluye ballenas, krill, zooplancton y langostinos. El estudio concluye que las diferencias en las estrategias de alimentación de ambas especies determinan buena parte de sus niveles de exposición.

Para reconstruir ese recorrido, los investigadores combinaron el análisis de contaminantes con isótopos estables de carbono, nitrógeno y azufre, que permiten identificar la posición de los animales dentro de la red alimentaria y reconstruir su dieta. El trabajo se realizó en el golfo Corcovado y los canales Moraleda y Puyuhuapi, entre los 43° y 45° de latitud sur, una zona de alta productividad que durante el verano concentra eufáusidos o krill, zooplancton, langostinos y pequeños peces. Las muestras permitieron seguir los contaminantes desde las presas hasta los grandes cetáceos.

La diferencia comienza en la alimentación. La ballena azul ocupa una posición trófica más baja y se alimenta principalmente de eufáusidos, mientras la jorobada tiene una dieta más amplia que incorpora presas situadas en niveles superiores, como langostinos y pequeños peces. Esa diferencia se refleja en el metilmercurio: el estudio encontró que este contaminante aumenta con la posición trófica y que las jorobadas acumulan concentraciones mayores que las azules. En otras palabras, el contaminante no se distribuye al azar: sigue la estructura de la cadena alimentaria.

Pero aparece una paradoja. Que las ballenas azules tengan menores concentraciones de metilmercurio en sus tejidos no significa que ingieran menos contaminantes. Debido a su enorme demanda energética, pueden consumir alrededor de 16 toneladas de presas al día, frente a unas nueve toneladas estimadas para las jorobadas. Por eso, las azules presentan una ingesta diaria absoluta mayor de varios elementos traza, aunque no necesariamente de aquellos que se biomagnifican con mayor intensidad.

El estudio encontró, de hecho, comportamientos diferentes entre los elementos analizados: el metilmercurio y el selenio mostraron biomagnificación, mientras cadmio, litio y manganeso evidenciaron dilución trófica.

La imagen que emerge es, por tanto, más compleja que la de un océano simplemente “contaminado”. La contaminación sigue la comida: entra en la red alimentaria, pasa de un organismo a otro y adquiere trayectorias distintas dependiendo de la dieta y posición trófica de cada especie.

Una ballena azul y una jorobada pueden compartir el mismo paisaje marino, pero no necesariamente la misma exposición. Y seguir esas diferencias mediante biopsias y análisis isotópicos ofrece una herramienta para construir una línea de monitoreo de los grandes cetáceos y, al mismo tiempo, observar cómo están cambiando las redes alimentarias de los fiordos patagónicos.

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  • 07/10/2026

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