Mall chino en lugar de restaurante típico y 10 edificios sin evaluación ambiental despiertan críticas de vecinos de Algarrobo
Dos nuevas disputas territoriales estallaron este verano en Algarrobo, por la instalación de un mall chino en un lugar emblemático del balneario y la aprobación de 10 torres de apartamentos que no deberán someterse a evaluación ambiental, en un lugar rodeado de santuarios de la naturaleza. Fuente: El Desconcierto, 2 de marzo de 2026.
Algarrobo es uno de tantos lugares del litoral central donde la presión inmobiliaria y constructiva está generando disputas con vecinos y veraneantes frecuentes que alertan por el menoscabo al medio ambiente, el paisaje y la identidad del balneario.
Así ocurrió con el caso del restaurante El Hoyo, que era considerado un emblema gastronómico y social del balneario. Al cerrar el restaurante, en el lugar donde funcionó durante 65 años se abrió este verano un mall chino.
Cientos de vecinos y veraneantes expresaron su molestia en redes sociales, ya sea por su ubicación céntrica y cercana al mar, porque la fachada no guarda relación con la identidad local o por el posible impacto a las ferias de artesanos que operan en el sector. Además, se manifiesta un malestar acumulado por otros proyectos e intervenciones en la costa.
La polémica generada entre vecinos motivó respuestas de autoridades locales que aclararon no tener potestad para oponerse al proyecto ya que cumplía con las normativas vigentes. Concejales también declararon que se está discutiendo una ordenanza que regule las fachadas y conserve el patrimonio que va quedando.
Edificios sin evaluación
Otro conflicto territorial que atraviesa un nuevo capítulo en Algarrobo es el de la construcción de 10 torres de 344 departamentos en la Punta de Fraile; una península al lado de la playa El Canelo y rodeada de santuarios de la naturaleza, humedales e islotes donde habitan aves migratorias como el pingüino de Humboldt.
A pesar de años de disputa con vecinos y organizaciones ambientales por el valor natural del espacio, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) decretó este febrero que el proyecto puede construirse sin someterse a evaluación ambiental.
Esto implica que no se deberán evaluar los impactos que tendrá el proyecto sobre el entorno natural, y la empresa titular no está obligada a tomar ninguna medida para mitigarlos o compensarlos. Tampoco habrá una instancia de participación ciudadana donde las y los vecinos puedan expresar sus observaciones al proyecto.
Esta decisión generó rechazo entre vecinos y representantes de organizaciones territoriales que se reunieron para protestar este lunes 2 de marzo frente a la municipalidad. Las organizaciones convocadas han solicitado y juntado hasta 1700 firmas para que el lugar sea destinado como área verde en el Plan Regulador Comunal.
Disputa desde la dictadura
El sector de la Punta de Fraile y su entorno, que incluye el Islote Pájaros Niños, ha estado en disputa durante décadas, desde 1976, cuando bajo la dictadura militar se expropiaron los terrenos de la punta y se entregaron en concesión a la Cofradía Náutica del Pacífico, conformada por autoridades como el almirante José Toribio Merino, además del dueño de El Mercurio, Agustín Edwards.
En 1977, desde el club náutico dinamitaron partes de la punta rocosa para unir el islote con Punta de Fraile a través de un brazo artificial. Según se declara desde el Consejo de Monumentos Nacionales, esta intervención dañó el entorno natural y afectó a las poblaciones de pingüinos de Humboldt.
Desde el movimiento ciudadano Defensa Punta de Fraile también declaran que en la península y el islote se dinamitaron zonas que eran utilizadas como sitios ceremoniales de comunidades indígenas que habitaron la zona. Según escritos del Dr. Juan Grau, pionero del movimiento ecologista en Chile, existían en la zona piedras rituales que indicaban la adoración al sol por parte de culturas precolombinas.
Desde entonces, tanto Juan Grau como otros movimientos lograron que de a poco se fueran declarando distintas partes del entorno como santuarios de naturaleza o zonas típicas. Pero los esfuerzos no lograron frenar la presión inmobiliaria sobre la península, donde hoy ya se han construido 7 edificios.
El proyecto actual, llamado La Puntilla, contempla diez torres de entre cuatro y ocho pisos, sumando 344 departamentos y 544 estacionamientos, con una inversión estimada de US$ 54 millones y una intervención de 8,8 hectáreas. Los titulares del proyecto declaran ante el Diario Financiero que 8 mil metros cuadrados serán destinados a áreas verdes, equipamiento municipal y un borde costero peatonal además de otra parte destinada para vialidad pública.