Latinoamérica: las historias ambientales que nos trajeron esperanza en 2025
Desde proyectos de conservación hasta procesos de restauración ecológica e iniciativas comunitarias, estas fueron algunas historias de 2025 que nos demuestran que aún hay esperanza para proteger la naturaleza. Esta es una selección de proyectos e iniciativas que lograron cambios positivos en la región. Fuente: Mongabay, 30 de diciembre de 2025.
Aunque este año estuvo marcado por grandes desafíos ambientales, también encontramos historias que nos devolvieron la esperanza. En contextos de presiones extractivas y amenazas a diferentes especies, ecosistemas y a las comunidades que los protegen, encontramos respuestas colectivas que buscan conservarlos. Grupos de mujeres, científicos, pueblos indígenas y alianzas comunitarias actuaron para proteger la naturaleza.
Desde luchas judiciales hasta iniciativas y proyectos de restauración de ecosistemas trajeron importantes resultados: páramos que vuelven a retener agua y a los que regresa la fauna silvestre, manglares y bosques submarinos que se regeneran y proyectos de conservación de especies emblemáticas como las tortugas, jaguares y manatíes.
Este año también pudimos ver cómo las comunidades se organizan y trabajan colectivamente. Guardias indígenas que protegen la Amazonía, ecoguardias que incorporan herramientas tecnológicas para especies en peligro de extinción y comunidades que dejaron de temerle a los jaguares para protegerlos y monitorearlos. Los resultados alcanzados nos demuestran que es posible que las personas y la naturaleza prosperen juntas.
10. Una rana mexicana se enfrenta al gobierno de Aguascalientes: lucha judicial para salvarla de la extinción

La rana de madriguera (Smilisca dentata), una especie endémica de Aguascalientes, México, enfrenta un grave riesgo de extinción debido a la expansión de desarrollos inmobiliarios e industriales. Su hábitat principal, el humedal conocido como «El Jagüey,» podría ser severamente afectado por recientes modificaciones al Programa de Ordenamiento Ecológico Local (POEL) del municipio capital de Aguascalientes.
Frente a esta situación, una alianza de organizaciones ambientalistas y civiles ha interpuesto un amparo para proteger a la rana de madriguera y salvarla de la extinción. Cerca de 400 personas se reunieron en la plaza pública principal de la ciudad para manifestarse en contra de esas medidas gubernamentales y la demanda fue admitida por un juzgado federal.
“Todo su hábitat ha ido disminuyendo constantemente por diversos desarrollos industriales e inversiones que se fueron haciendo sin tomarla en cuenta”, señala el activista ambiental Alejandro Larios. De hecho, los expertos señalan que su población ha disminuido drásticamente: mientras que en 2005 los investigadores documentaron 597 individuos, para 2020 la cifra cayó a apenas 61. Con este proceso en marcha, habrá que esperar un tiempo para que el juzgado federal emita una sentencia definitiva sobre el futuro de la rana y su hábitat.
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9. Corrales de pesca en Huequi: comunidades luchan por proteger fiordos de Chile ante la amenaza industrial

En la península de Huequi, en el sur de Chile, comunidades indígenas buscan salvaguardar los fiordos Comau y Reñihué —unos particulares valles hundidos bajo el agua que se formaron por el peso de los glaciares—. Las industrias pesqueras y acuícolas han deteriorado el ecosistema, afectando las especies de peces que se encuentran allí y que sirven de alimento para los pobladores de la zona.
“Ya no es como antes”, dice Walter Barrientos, un agricultor y pescador de 58 años. Recuerda que cuando era niño, el corral atrapaba entre 50 y 100 robalos (Eleginops maclovinus), y que en los días de mayor suerte quedaban unos 2000 jureles (Trachurus murphyi). “Ahora todo es distinto”. Por eso, desde 2019 la comunidad presentó una solicitud para que el territorio fuera considerado Espacio Marino Costero de Pueblos Originarios. Con esta herramienta esperan proteger 66 000 hectáreas en dos polígonos ubicados entre los fiordos Comau y Reñihué.
Aunque el proceso está en trámite, esta herramienta de gobernanza comunitaria permitiría que los habitantes sean quienes tomen las decisiones sobre cómo van a operar las industrias acuícolas y pesqueras en sus territorios.
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8. Reforestando el mar: los peces vuelven a una playa de Perú gracias a un proyecto de repoblamiento de algas

En Perú, un innovador proyecto de la Universidad Científica del Sur está reforestando el mar en el distrito de Pucusana, a través de un proyecto de repoblamiento de la pradera submarina. ¿Cómo lo están logrando?
En las profundidades de la playa El Carbón, en Pucusana, han impulsado la siembra de una macroalga conocida como sargazo (Macrocystis pyrifera). Los bosques formados por esta especie son vitales para la biodiversidad marina y la pesca artesanal. Y, a medida que las algas crecen, los peces como el tramboyo, cabrilla, jurel, caballa y anchoveta están regresando.
El proyecto, llamado Ocean Reforestation, ha sembrado más de 200 plántulas de sargazo. Algunas de ellas ya alcanzan hasta cuatro metros de altura y se han reproducido naturalmente. Los expertos señalan que los parches de bosque actúan como un vivero natural y contribuyen a la recuperación de poblaciones costeras y al equilibrio ecológico del ecosistema marino.
Además, proteger y restaurar los bosques submarinos de algas también es clave contra la crisis climática, pues capturan entre 1.5 y 3 toneladas de dióxido de carbono (CO₂) por hectárea al año, además de proteger la costa del oleaje fuerte.
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7. Cuando el agua volvió a un páramo de Ecuador también regresaron los venados y los pumas

El páramo del Antisana, al sureste de Quito, fue degradado durante siglos por haciendas que se dedicaban a la crianza de ganado. Pero, en 2010, el Fondo de Agua para Quito —un mecanismo sostenible para la protección de zonas de importancia hídrica— y la Empresa de Agua de la ciudad completaron los fondos para adquirir una de las propiedades más problemáticas de la zona: cerca de 7000 hectáreas que se dedicaban a la crianza de ovejas.
Con el retiro de los animales exóticos de la zona y el comienzo de un proceso de restauración, regresaron la vegetación, los humedales y especies como venados, conejos y zorros. Los expertos explican que cuando quitaron las ovejas, el páramo comenzó a recuperarse. Sin sus desechos, mejoró la calidad del agua. Sin sus pezuñas, la vegetación renació. Incluso, una puma hembra con sus dos crías y una osa andina fueron registradas en cámaras trampa.
Ahora, la zona es el Área de Protección Hídrica Antisana y se encuentra ubicada en las estribaciones occidentales del volcán y junto al Parque Nacional Antisana. Este caso podría convertirse en un ejemplo para otros páramos del país. Al recuperarlos, señalan los expertos, también se recupera la capacidad de proveer agua para la ciudad y se restablecen los equilibrios naturales en el ecosistema.
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6. Las ecoguardias se arman con tecnología para proteger al Parque Nacional del Manu en Perú

El Parque Nacional del Manu, en Perú, está bajo grave amenaza. Comunidades nativas asentadas en la zona de amortiguamiento registran usurpaciones de territorio, la presencia constante de cocaleros y el avance del narcotráfico.
La Dirección de Vigilancia Amazónica y Nacional, unidad de la Fuerza Aérea de Perú, sobrevoló 9000 hectáreas de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional del Manu y halló expansión de deforestación y de sembríos de coca e incremento demográfico no indígena. En total encontraron 408 hectáreas de bosques deforestados, donde 83 de ellas tenían cultivos de hoja de coca.
Para hacerle frente a esta grave situación, habitantes de tres comunidades nativas de la zona de amortiguamiento del parque serán instruidos como ecoguardias y capacitados para el control de sus bosques y del área natural protegida. El área global estimada del proyecto es de 55 000 hectáreas. “Gente foránea busca terreno en nuestras comunidades con el cuento de hacer agricultura. Pero, al final, es para cultivar coca. Por eso no permitimos que se queden. Actuamos de inmediato”, indica un dirigente indígena de la comunidad Santa Rosa de Huacaria.
Las comunidades Santa Rosa de Huacaria, Shipetiari y Palotora Teparo aprenderán a usar el sistema EarthRanger. Además, todos los datos en tiempo real que los ecoguardias recojan también quedarán registrados en los archivos del sistema, al que podrán acceder las autoridades con competencia en el ámbito medioambiental.
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5. Las Chelemeras: el grupo de amas de casa que salvó los manglares de la costa norte de Yucatán

En la costa norte de Yucatán, en el pueblo pesquero de Chelem, un grupo de mujeres —amas de casa, jóvenes y de la tercera edad— ha trabajado durante años en restaurar los manglares de una reserva impactada por la construcción de carreteras, un puerto de abrigo y la deforestación. ¿Cómo lo han logrado?
La Reserva Estatal Ciénagas y Manglares de la Costa Norte de Yucatán es un importante corredor biológico compuesto por varios ecosistemas que incluye manglares, pastos marinos y petén, bosques de tierras bajas, sabanas y bosques bajos caducifolios. Sus humedales predominantes cuentan con tres especies de manglares: rojo, negro y blanco.
Sin embargo, este ecosistema ha sido fuertemente impactado. Especialmente, señalan, por “una carretera de seis vías, bastante amplia, que va de Mérida a Progreso y que interfirió el flujo hidrológico que existía en el manglar». «Eso causó la muerte de muchísimo mangle y también causó que se secara una gran parte del humedal, mientras que otra área se inundó”, agregan.
Por eso, el grupo de Las Chelemeras, conformado por 14 mujeres, le apostó a la restauración de la zona a través de la apertura y mantenimiento de canales. También han plantado pequeñas plántulas de manglares rojo y negro. “Cuando se recupera la hidrología y llega la corriente de agua, también llegan las semillas de mangle negro y ellas solitas se depositan en donde quieren”, dice Keila Vázquez, integrante de Las Chelemeras.
A la fecha, han logrado restaurar más del 60 % de la topografía y el 90 % del flujo hídrico en esa zona impactada dentro de la reserva. Con estas intervenciones, también han presenciado el regreso de muchas especies que habían desaparecido.
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4. Científicas suman tecnología y perros entrenados para salvar a la tortuga terrestre más austral del mundo en Argentina

Alertadas por la reducción poblacional de la tortuga terrestre argentina (Chelonoidis chilensis), dos biólogas impulsaron un programa de conservación en la zona norte de la Patagonia. Usando tecnología, pero también perros de detección, ya se han identificado y marcado con rastreadores satelitales a cerca de 400 ejemplares de este reptil catalogado como En Peligro de extinción, altamente amenazado por el turismo y la ganadería.
“Nuestro objetivo es conocer los comportamientos sin necesidad de la observación directa. Generamos algoritmos computacionales que identifican las actividades de las tortugas a partir de las señales detectadas”, dice la investigadora Karina Laneri. De igual forma, desde el programa también se impulsan estrategias para proteger los nidos y rescatar a las tortugas que caen en canales de agua. Para abril de 2025 había cuatro nidos protegidos y monitoreados con cámaras instaladas y visitas periódicas.
El trabajo realizado ha generado impactos, y cada vez se suman más productores ganaderos comprometidos con la conservación de estos reptiles. Sin embargo, las construcciones de un gasoducto y un oleoducto en la zona pueden poner nuevamente en riesgo el hábitat de la tortuga.
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3. Jaguardianes, la iniciativa de monitoreo de jaguares en Chiapas

En Chiapas, las comunidades y los jaguares solían estar enfrentados, pero la iniciativa Jaguardianes cambió esa historia. Ahora, pobladores que antes cazaban al felino lo protegen y conviven con él en la Selva Lacandona. El proyecto reunió a científicos, organizaciones y ejidos en torno a estos animales y a la conservación de su hábitat. Y ha capacitado a las comunidades en el monitoreo, educación y prevención de conflictos.
El registro con cámaras trampa ha sido fundamental para el proceso. Jaguardianes ha registrado casi 100 000 imágenes que revelan comportamientos y zonas clave para el jaguar, ayudando a diseñar estrategias de conservación efectivas. Además, ya se han identificado cerca de ocho ejemplares de jaguar que habitan no solo en las áreas naturales protegidas, sino también en las tierras de comunidades que aprenden a coexistir con este félido. Las comunidades entendieron que este animal es parte vital de su selva y su identidad.
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2. Guardias indígenas: el escudo de la Amazonía de Colombia

Las guardias indígenas de Colombia son el escudo que resiste a la violencia de los grupos armados, los delitos ambientales y los conflictos de las industrias extractivas. Unidos, protegen sus territorios ancestrales y la biodiversidad de la Amazonía. En este especial periodístico documentamos cinco historias que reflejan su silenciosa pero vital labor en sus territorios.
En el departamento de Putumayo, por ejemplo, la Guardia Indígena Siona ha estado al frente de la protección de 57 000 hectáreas de selva, ha defendido su territorio de conflictos con proyectos extractivos y ha impulsado labores de desminado para volver a caminar por sus tierras. En el Valle de Sibundoy, las mujeres de los pueblos inga y kamëntšá defienden su tierra del avance de los monocultivos y la deforestación, mientras resguardan su cultura, su lengua y sus conocimientos tradicionales protegiendo los cultivos tradicionales (chagras) y semillas.
En la Estrella Fluvial del Inírida, las comunidades indígenas protegen su territorio a través de la pesca y la ciencia. Monitoreos continuos y la capacitación de las comunidades han permitido modificar la normatividad pesquera para garantizar la sostenibilidad. Mientras tanto, los habitantes del Resguardo Indígena Curare Los Ingleses y la comunidad de Manacaro protegen a los pueblos indígenas en aislamiento voluntario: vigilan el río Caquetá para que nadie entre en contacto con los pueblos yuri y passé.
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1. Sin mujeres no hay pesca: siete historias de pescadoras que rompen barreras en Latinoamérica

En Latinoamérica, los hombres son los que van principalmente a pescar, pero las mujeres son quienes preparan las redes, limpian o filetean el pescado. A pesar de ser tareas fundamentales para la pesca, el trabajo de miles de mujeres es invisibilizado y hasta menospreciado.
Pese a que ellas se han organizado para exigir reconocimiento, los retos aún son grandes. Por eso, en este especial periodístico reunimos siete historias de pescadoras que rompen esas barreras en la región. Juntas, han alzado la voz para defenderse y para que se reconozca el oficio que han desempeñado durante generaciones y que ha conservado los ecosistemas que sostienen sus economías.
Entre ellas, se encuentran las mujeres piangueras del Pacífico colombiano o las mujeres yucatecas que protegen en el mar lo que el Estado ha ignorado por años. También están las mujeres pescadoras de Chile que buscan que su oficio sea reconocido para que puedan acceder a beneficios por primera vez; o las cangrejeras que impulsan una veda para recuperar una especie en el Pacífico de Guatemala.
En Ecuador, un grupo de mujeres trans logró abrirse camino en la pesca y en Perú, las mujeres lideran el negocio de la recolección de algas al interior de la Reserva Nacional de Paracas. Allí, “ellas son las jefas”, dicen los varones.
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BONUS. Honduras: proteger al manatí antillano, un compromiso que unió a las comunidades de Salado Barra

Salado Barra es una comunidad ubicada en el municipio de El Porvenir, en el departamento de Atlántida, Honduras. Es el corazón del Refugio de Vida Silvestre Barras de Cuero y Salado (RVSBCS), un espacio que alberga 327 especies de animales y plantas, y que está rodeado de barreras de manglares y estuarios que permiten la conservación y vida de las mismas.
Este territorio se sitúa entre dos de los municipios más turísticos del país, Tela y La Ceiba, y está poblado por al menos 40 familias que, junto a la Fundación Cuero y Salado (FUCSA), trabajan en la preservación del área protegida permitiendo el desarrollo comunitario.
Allí, las comunidades se unieron para proteger al manatí antillano (Trichechus manatus), un gigante en peligro de extinción amenazado por la caza, la contaminación de las aguas y el exceso de sedimentos. De los 400 registros de estos animales que hay en Honduras, solo en el refugio se han reportado alrededor de 40. Por eso, gracias a la capacitación y el compromiso local, se impulsan procesos de participación comunitaria y se han conformado diferentes grupos de guías locales, custodios ambientales, grupos de pesca artesanal y jóvenes que lideran la formación ambiental.
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Imagen principal: pueblos indígenas que habitan la Estrella Fluvial del Inírida, en Colombia, combinan artes de pesca tradicionales, como los arpones, flechas y las trampas, con mallas y anzuelos modernos. Sus labores de monitoreo pesquero ayudan a conservar la biodiversidad de la cuenca. Foto: cortesía Camilo Díaz – WWF Colombia