Megasequía sin fin: confirman la presencia del fenómeno La Niña, que traerá primavera y verano secos

La condición climática que comenzó en 2009 en el país cumplirá 12 años, la más extensa para este tipo de fenómenos desde que existen registros. La presencia del fenómeno La Niña extenderá la falta de lluvias que, pese a lo ocurrido este año, sigue presentando un déficit. Fuente: La Tercera, 14 de septiembre de 2020.


El verano de 2009 marcó inusuales récords de temperatura en la zona central. El registro meteorológico marcó el verano más caluroso en casi 100 años para ese período. Era el inicio de lo que para entonces se desconocía: una megasequía que suma más de una década, la más extensa desde que existen registros en el país. El último informe meteorológico, que marca el invierno más lluvioso en los últimos 10 años, solo fue un diminuto alivio, porque a pesar del registro pluviométrico, este siguió siendo mezquino respecto a los valores históricos normales.

Entre 1950 y 2009, por ejemplo, en la zona central caían 321 mm en promedio al año. Entre 2010 y 2019, la cifra bajó a 199 mm, y este año, aun cuando no termina, solo suma 188 mm, una marca que difícilmente se incrementará en los tres meses y medio que quedan para cerrar el año.

Y menos aún después de que el jueves la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA, su sigla en inglés) emitió un lapidario informe que confirmó la presencia del fenómeno de La. Niña que, en términos simples, generará para la zona central del país una temporada primavera-verano sin lluvias o, en el mejor de los casos, bajo los registros habituales.

Ello implica que la megasequía que golpea el país se extenderá otro año más, sumando así 12 años desde su irrupción en 2009. Raúl Cordero, climatólogo de la U. de Santiago, explica que la temperatura superficial del océano tiene ciclos, cuyas fases se conocen como El Niño y La Niña. «Durante El Niño, la temperatura del Pacífico oriental (frente a Perú y Ecuador) es más cálida de lo normal. Durante La Niña, la temperatura en la misma zona es más fría de lo normal», dice, y agrega que eso genera menos lluvias en la zona central.

Cordero agrega que la NOAA confirmó que la temperatura del Pacífico tropical durante agosto estuvo más de medio grado bajo lo normal. «Esto quiere decir que definitivamente llegó La Niña. Existe el 75% de probabilidades de que estas condiciones frías en el Pacífico tropical oriental se mantengan también durante el verano austral», señala.

Con La Niña los veranos en la zona central suelen ser menos cálidos. «Esto significa que podríamos tener un verano menos abrasador que el último, y condiciones menos favorables para la propagación de incendios forestales en la zona central», señala Cordero.

Arnaldo Zúñiga, meteorólogo y encargado de difusión de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), dice que la principal implicancia de la llegada de La Niña es que en la zona central lloverá menos que lo normal, pues el anticiclón (alta presión del Pacífico) se potencia y no permite que los frentes lleguen activos y llueva menos, lo que, además, implica más días despejados.

La Niña y la megasequía son temas diferentes, pero están relacionados. Cordero explica que «el cambio climático empeora las sequías y hace que su frecuencia sea más recurrente. Tanto el primero como los ciclos de temperatura del Pacífico (La Niña y El Niño) afectan a la actual megasequía», señala el climatólogo. Esto, porque La Niña hace menos probable que se concreten más precipitaciones, que hasta hace pocas décadas asociábamos a La Niña en la zona central.

El académico de la U. de Santiago dice que si bien para Chile las condiciones asociadas a La Niña significan precipitaciones bajo lo normal en la zona central y en el extremo sur (en la Patagonia), las lluvias asociadas al verano altiplánico en el extremo norte del país podrían estar sobre lo normal, lo que a su vez aumenta el riesgo de aluviones.

La Niña no se da todos los años. De hecho, no ocurría desde septiembre de 2017 (se extendió hasta fines del verano 2017-2018). «Su aparición se asocia a anomalías de temperaturas y precipitaciones en buena parte del mundo», dice Cordero.

Sin embargo, su presencia debilita aún más la esperanza de que la actual megasequía finalice. «Al parecer, es una anomalía bajo la cual tendremos que ser resilientes», explica Arnaldo Zúñiga.

«Nuestro país no escapa a las tendencias climáticas del resto del mundo asociadas a cambio climático, que implican aumento térmico y déficit de lluvias en muchas otras», añade.

Según explica el informe de la NOAA, hay probabilidades de que el fenómeno continúe hasta marzo de 2021. Los científicos han predicho que las características del clima en invierno se están transformando producto del cambio climático, y que la época de los 80 o de los 90, cuando llovía copiosamente en la zona central, no volverá.

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