La Comisión de Evaluación Ambiental de la Región de Antofagasta (Coeva) dio luz verde a la construcción de la mayor planta desaladora de Chile, una iniciativa que contempla una inversión cercana a los US$5.000 millones y que busca enfrentar la creciente escasez hídrica en el norte del país.
El proyecto, que estuvo más de cuatro años en evaluación ambiental, permitirá producir grandes volúmenes de agua desalada para consumo humano, industrial y minero, consolidándose como una de las obras más ambiciosas en infraestructura hídrica del país.
Ambicioso proyecto en Antofagasta
La planta desaladora estará ubicada en la Región de Antofagasta y tendrá como objetivo abastecer a ciudades como Antofagasta, Sierra Gorda y Calama, además de apoyar operaciones productivas en la zona.
El proyecto considera no solo la construcción de la planta, sino también una extensa red de infraestructura asociada, como sistemas de impulsión de agua, estaciones de bombeo y líneas de transmisión eléctrica, lo que refleja la magnitud de la inversión.
Con una capacidad estimada de 700.000 metros cúbicos al día, se posiciona como la mayor desaladora proyectada en Chile y una de las más grandes de la región.
Clave frente a la crisis hídrica
La aprobación de esta iniciativa se da en un contexto de creciente estrés hídrico en Chile, especialmente en el norte, donde la disponibilidad de agua dulce es limitada.
Actualmente, la desalinización se ha convertido en una solución estratégica para el país: ya existen decenas de plantas operativas y más de 50 proyectos en desarrollo, con inversiones que superan los US$24 mil millones.
Además, cerca del 85% de la capacidad instalada de desalación en Chile está destinada a la minería del cobre, sector que ha impulsado fuertemente este tipo de infraestructura para reducir el uso de aguas continentales.
Tecnología y sostenibilidad
Las plantas desaladoras utilizan principalmente tecnología de ósmosis inversa para convertir agua de mar en agua apta para consumo humano y uso industrial, permitiendo diversificar las fuentes hídricas en zonas áridas.
Sin embargo, estos proyectos también enfrentan desafíos ambientales, como el manejo de la salmuera y el consumo energético, aspectos que fueron evaluados durante el proceso de calificación ambiental que duró 4 años.